Los informes del periódico alternativo
Puntos negros de la 'trama asturiana' (III)

- La Guardia Civil sabía del tráfico de explosivos desde 2000

Para los deseos del capitán Pedro Amable Marful, la llegada, el 27 de febrero de 2003, de la nota de la Unidad Central Operativa (UCO) a la Jefatura de Zona de Asturias no significó un avance en las investigaciones. Más bien lo contrario: con el tiempo le iba a traer más sinsabores que reconocimientos de la labor de la Guardia Civil asturiana en su conjunto, al menos en lo que se refiere al control de explosivos.

No obstante, el disgusto del capitán Marful no era exclusivo. También mostraban visiblemente su malestar el brigada Camero y el subteniente Fernando, de la Intervención de Armas, porque, a pesar de tener la responsabilidad exclusiva en esta cuestión, nadie se había molestado en informarles de algo: ni la Policía Nacional -ya vimos que el CNP ni siquiera informó a la Guardia Civil de que a Antonio Toro le habían requisado 16 cartuchos de dinamita y casi un centenar de detonadores en la 'Operación Pipol'- ni siquiera sus compañeros de Información que habían montado la 'Operación Serpiente'.

En ese ambiente llegó la nota de la UCO, y lo hizo por conducto reglamentario al coronel Pedro Laguna Palacios, pero éste prácticamente la archivó en un cajón de su despacho. Al parecer, el hoy flamante general no estaba entusiasmado con unas investigaciones que no avanzaban nada. De hecho, según reconocería ante la Comisión de Investigación del 11-M, por no enterarse Laguna ni se enteró de los pormenores de la 'Operación Serpiente' -ver número de ayer-: "En la reunión aquella, el capitán (entonces teniente) Montero me hizo una somera información de lo que fue la 'Operación Serpiente'. Entonces, yo cogí esos datos. Yo no he sabido lo que es la 'Operación Serpiente' en realidad hasta abril de 2004, en que pedí un informe de todas las actuaciones de la Comandancia de Gijón y Oviedo".

Es decir, que el jefe de la Zona de Asturias no fue informado a fondo de todas las actuaciones de la Guardia Civil de su Zona sino hasta un mes después de los 192 asesinatos de Madrid. Ni siquiera -según él- conoció en su día la grabación del guardia Campillo al confidente "Lavandero".

"Yo no sé los entresijos de la operación. Ya le he dicho que yo me entero de la cinta el 11 de noviembre del 2004 y que ni el teniente coronel (José Antonio Rodríguez Bolinaga) ni el comandante ni nadie me ha puesto en contacto ni en detalle ni informado ni nada de nada. Qué mas quisiera yo que darle contestación. Repito, y perdone usted", diría Laguna Palacios el 22 de noviembre de 2004 ante la Comisión de Investigación del 11-M en respuesta al cuestionario del diputado del PP Jaime Ignacio del Burgo. Un cuestionario, por cierto, preparado para exculpar de cualquier omisión a la entonces delegada del Gobierno, su correligionaria Mercedes Fernández.

Pregunta de Del Burgo: "¿Informó a su superior jerárquico de algún asunto relacionado con lo que ahora llamamos la trama asturiana, concretamente de la 'Operación Serpiente', de la investigación de la OCU, de las llevadas a cabo por su propia iniciativa?".
Respuesta del ya general Laguna: "No".
Pregunta: "¿Y a la delegada del Gobierno en Asturias?"
Respuesta: "Tampoco".

Quedaban así exculpados de cualquier responsabilidad, por un lado, la delegada del Gobierno, Mercedes Fernández, y por otro, el subdirector general Operativo, general Faustino Pellicer. Pero las preguntas de Del Burgo iban tiradas, porque al exculpar a Pellicer, realmente lo que hacía era exculpar por elevación al siguiente mando en la cadena, el director general Santiago López Valdivielso, y por más elevación al secretario de Estado de Seguridad, Ignacio Astarloa, y por último, al máximo responsable político, el ministro del Interior, Ángel Acebes.

Ahora bien, el 'marrón' tampoco se lo iba a comer Laguna Palacios, porque el flamante general mantuvo en la Comisión del 11-M, como hemos visto, que a él no le contaron los pormenores de ninguna operación al respecto y que la cinta de "Lavandero" 'se paró' en un eslabón de la cadena de mando, en el jefe de la Comandancia de Gijón, teniente coronel José Antonio Rodríguez Bolinaga, quien sí fue cesado. En la Guardia Civil no existen mayordomos, afortunadamente, para el mayordomo.


La UCO entra en escena con Rafa Zouhier

La nota de la UCO, llegó, como hemos dicho, el 27 de febrero de 2003, después de que el capitán Marful 'intercambiara' impresiones con sus colegas de la Unidad Central. En la misma se señalaba que "a través de fuente A-1", es decir, del delincuente-confidente Rafa Zouhier, la Unidad -el capitán "Paco" y el alférez "Víctor"- había tenido de que Antonio Toro Castro poseía 150 kilos de explosivos y traficaba con drogas. Dos agentes, al menos, de la UCO se desplazaron a Asturias y hablaron con el capitán Marful. Pero no encontraron nada y noticias sin confirmar señalan que, probablemente, se dedicaron a otros menesteres de seguimiento, como veremos en su momento.

En cualquier caso, un año después, cuando se han producido ya los atentados de Madrid, el coronel Laguna ha sido ascendido a general y ha dejado interinamente al mando de la Zona de Asturias al teniente coronel Fernando Aldea, éste encarga a sus subordinados un informe sobre las investigaciones realizadas tras la actuación de la UCO.

En el informe -evidentemente exculpatorio- se señala que tras retirarse la UCO se hicieron reconocimientos de zona en el entorno de los domicilios de José Emilio Suárez Trashorras, de Antonio Toro Castro y de un tercer objetivo de Avilés, "no observando actividades ilícitas".

Señala el informe: "En vista de los datos obtenidos y circunstancias descritas anteriormente el Capitán de la Unidad Orgánica de Policía Judicial de la Comandancia de Oviedo (Pedro Amable Marful) se entrevista con los Fiscales de Avilés, informando de la investigación y solicitando asesoramiento sobre la forma de judicializarla para obtener intervenciones telefónicas y, en su caso, registros domiciliarios y de las fincas".

"Los Fiscales -dice el informe- afirman que con lo obtenido hasta el momento no era posible fundamentar un mandamiento de entrada y registro o de intervención telefónica ya que de las actividades realizadas e información de las fuentes que querían permanecer anónimas era de muy difícil consecución".

Así, la Guardia Civil 'reorienta la investigación en mayo de 2003 hacia la trama del tráfico de drogas, "sobre la que es mas fácil obtener indicios racionales. y que además parece ser la principal actividad ilícita de los investigados". Pero la investigación no progresaba ni en este punto, y consideraron que, ya que la 'fuente' de la UCO, el delincuente Rafa Zouhier -quien había conocido a Toro y Suárez Trashorras en la cárcel de Villabona, en Asturias- "parecía muy próxima a los investigados", se acordó con dicha Unidad que si averiguaban alguna fecha de algún posible viaje de los investigados a Asturias con drogas, lo comunicasen al objeto de esperarlos en el Peaje de Campomanes y una vez detenidos solicitar los preceptivos mandamientos de entrada y registro para buscar más drogas y, de esa manera, "comprobar si existían armas o explosivos o en su defecto obtener pruebas o evidencias de su existencia; pasando varias semanas sin novedades porque, al parecer, el confidente de la UCO había dejado de informar sobre dicho asunto".

En junio de 2003 el Área de Investigación de Piedras Blancas, mandada por un teniente, pudo detener a Antonio Toro, pero por un delito contra la salud pública y tráfico de drogas lo que llevó al registro autorizado de sus propiedades, "con resultado negativo" en cuanto a explosivos. La Intervención de Armas, que ya sí había sido informada, efectuó inspecciones documentales en la mina de Caolines de Merilles, pero sólo de forma documental -libro diario de entradas y salidas de materias y libro auxiliar- y "no se encontró anomalía alguna". Tampoco hubo novedad en una "inspección inesperada sobre el terreno" el 21 de julio de 2003 sobre los depósitos auxiliares de distribución (minipoles) para ver si contenían las materias reglamentadas en su interior (detonadores y explosivos), si las cerraduras eran de seguridad, así como "si las llaves de los mismos estaban o bien en la caja fuerte o en poder de persona autorizada".

Pese a todo, el capitán Marful continuó con la investigación hasta septiembre-octubre de 2003, "no aportando datos de interés para el asunto que nos ocupa quedando, para dinamizarla, a la espera de nuevas actividades que pudieran encaminarla hacia la vía judicial", según el refleja el escueto informe.


El "otro asunto" que habló Marful con los fiscales

Claro que, en el informe ordenado por el teniente coronel Fernando Aldea no figura un punto que puede ser como mínimo curioso en todo este oscuro asunto. Como adelantamos en nuestra entrega de ayer, efectivamente, el capitán Marful, jefe de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de Oviedo, fue a ver a los fiscales de Avilés Jesús Villanueva, Belicia y Gorostiza, con los que se entrevistó en el avilesino Mesón Ágora, una curiosa forma de abordar las cuestiones judiciales.

Es verdad que Marful contó a los fiscales sus cuitas con los explosivos. Y es verdad que los fiscales -que no vieron la nota de la UCO, porque no se les entregó- dijeron que con los datos aportados por Marful en esa conversación de café no se podía judicializar el asunto. Pero había 'otro asunto' en ese encuentro que no trascendió ni siquiera cuando el ahora fiscal-jefe de Asturias, Gerardo Herrero Montes, compareció ante la Comisión del 11-M, porque no se acordaba.

Ese 'otro asunto' tenía que ver con un amplio despliegue conjunto de Guardia Civil y Policía Nacional que se iba a iniciar en esas fechas para localizar a una prostituta brasileña, Christian Araujo da Silva, por la que se había interesado la embajada brasileña en España. Para este asunto sí se contó, como veremos en la próxima entrega, con una amplísima cooperación y coordinación entre Guardia Civil y Policía Nacional. ¿Por qué no fue posible la misma cooperación entre Cuerpos para el asunto del tráfico de explosivos?


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