Los informes del periódico alternativo
Puntos negros de la 'trama asturiana' (IV)

- 'Vendettas' en la Benemérita

Durante la primera mitad de 2003, el capitán de la Guardia Civil Pedro Amable Marful, jefe de la Unidad Orgánica de la Policía Judicial de Oviedo, no consiguió avanzar nada en la investigación de la trama de explosivos asturiana. Un año más tarde, sus compañeros uniformados le verían llorar tras la masacre del 11-M en Madrid: "Si hubiéramos investigado más, si hubiéramos investigado más...", exclamaría Marful ante otros guardias civiles del Principado, entre ellos el jefe de la Comandancia de Oviedo, teniente coronel Fernando Aldea Juan, por esas fechas jefe accidental de la Zona de Asturias al ser ascendido a general el coronel Pedro Laguna Palacios.

Lo cierto es que no hubo ningún tipo de cooperación entre la Guardia Civil y la Policía Nacional en esta trascendental cuestión, como reconocieron ante la Comisión de Investigación del 11-M los mandos de la Benemérita Laguna Palacios y Aldea Juan, además del comisario Juan Carretero Rodríguez y del inspector-jefe de Avilés Manuel García Rodríguez "Manolón" -benefactor de José Emilio Suárez Trashorras y de la mujer de éste, Carmen Toro, hermana de Antonio Toro-.

Una falta de información recíproca y de colaboración que resulta aterradora toda vez que guardias y policías, mandados éstos por el comisario Carretero, jefe superior de Policía de Asturias, compartían confidentes y confidencias sobre grandes cantidades de dinamita robada en las minas asturianas. Además, como hemos visto en las entregas anteriores, todas las confidencias -incluida la de Rafa Zouhier a la UCO- apuntaban hacia Antonio Toro y Suárez Trashorras como las personas que querían cambiar explosivos por droga, hachís o cocaína.

Hay quien quiere ver, catorce meses después de la matanza de Madrid, que había una operación más amplia de vigilancia a Toro Castro para, en el caso de que éste facilitara explosivos a ETA, poder controlar las entregas y golpear a esta organización terrorista. Pero no hay ningún dato concreto que confirme esta tesis. Lo que sí hay es una mezcla de inoperancia y un posible asunto aún más turbio de supuestas 'vendettas' dentro de la Benemérita que se habrían iniciado con una denuncia de un capitán (entonces teniente) en el cuartel de Vegadeo por falsificación de vales de gasolina. Pero el hoy capitán Virgilio López Rico, suspendido en 2004 por un año de empleo, chocó supuestamente con un hueso muy duro de roer: un pariente lejano del general José Manuel García Varela.


La historia se inicia en el cuartel de Vegadeo

"Otro hecho que me sorprendió enormemente es la publicación en los m.c.s. la nula colaboración entre la Guardia Civil y la Policía Nacional (en cuanto a la investigación de la trama de explosivos); esto sabes tú muy bien que no se ajusta a la realidad; por los primeros meses del año 2003, meses coincidentes con tus gestiones e informaciones de la dinamita, ambos Cuerpos estaban muy bien coordinados en el asunto de los delitos contra la prostitución a los que hago referencia, un simple Fax, interesándose por una súbdita brasileña, recibido el 10.02.03, fue el detonante para que en menos de 48 horas hubiera una total coordinación entre ambos Cuerpos (lástima que no lo hubiera igual en el tema de los explosivos)".

Así se expresaba el 12 de diciembre de 2004 el capitán de la Guardia Civil Virgilio López Rico, suspendido de empleo, en una carta remitida al capitán de la Unidad Orgánica de la policía Judicial de la Guardia Civil de Oviedo, Pedro Amable Marful Amor, a la que ha tenido acceso Diariocrítico. ¿Qué tiene que ver la prostitución en Asturias, y menos aún una prostituta brasileña, con la investigación de una trama de explosivos que acabaría en la mayor masacre terrorista cometida en toda la historia de Europa?

Aparentemente, nada, pero la forma en que se desarrollaron estos hechos añaden un punto aún más de confusión sobre cómo ha funcionado la Benemérita en el Principado.

A principios del año 2001, el capitán (entonces teniente) Virgilio López Rico elevó a la superioridad las conclusiones de su informe sobre un tema aparentemente menor: la falsificación de vales de gasolina en el cuartel de la Guardia Civil de Vegadeo por valor de entre treinta y cincuenta mil pesetas mensuales. De la investigación interna de López Rico se deducía, según él, que podían estar implicados el sargento Antonio Mistal y el guardia civil Carril Conde. Eso, al menos, es lo que comunica a la cadena de mando.

El informe interno llegó a manos del jefe de la Zona de Asturias, coronel (hoy general) Pedro Laguna Palacios, quien, contra todo pronóstico, le pidió a López Rico que dejara la investigación, según reconocieron a Diariocrítico fuentes próximas al caso. El guardia civil, entonces un teniente obstinado quizá en exceso, insistió en continuar y respondió al coronel en fecha 19 de junio de 2002 que estaba dispuesto a llegar hasta la Dirección General, en Madrid. El coronel Laguna decidió entonces designar al capitán Marful para instruir las diligencias.

López Rico afirma en sus cartas, a las que ha podido acceder Diariocrítico, que "Marful falsificó documentos y ocultó otros" para tapar el asunto de Vegadeo.

¿Por qué? Cierto es que se trataba de una corruptela menor, pero era sin duda un asunto interno. El problema es que, según los documentos de López Rico y las fuentes consultadas por Diariocrítico, uno de los presuntos responsables era familiar lejano del general José Manuel García Varela, actual subdirector de Operaciones de la Guardia Civil. ¿Recibió Laguna presiones de García Varela para tapar el tema? No parece probable; más bien pudo ocurrir que Laguna pensara que una cuestión menor podría convertirse en un gran escándalo en la Benemérita, que era lo que menos le convenía al Cuerpo.

Sea como fuere, las conclusiones elevadas finalmente por el instructor del caso, el capitán Pedro Marful -el mismo que investigaría la trama de explosivos asturiana sin resultados-, sostenían que, en base a las pruebas presentadas, efectivamente se había producido una corruptela en el cuartel de Vegadeo, pero que resultaba imposible señalar a los culpables. El caso, pues, tuvo que ser necesariamente archivado.


Seguimientos y palizas

En ese punto debería haber acabado aquel asunto, pero la cosa fue más lejos, y parece que el detonante fue una filtración a la prensa a finales de 2002. "Ahí se abre la caza del hombre", afirman a Diariocrítico fuentes conocedoras del caso. El vocablo "caza" quizá parezca un tanto exagerado, pero lo cierto es que al teniente denunciante se le buscaron las vueltas y un comandante del Servicio Jurídico desplazado desde Madrid le instruyó un expediente que concluyó con la suspensión de funciones de López Rico por "conductas indignas".

En esos momentos, y de forma paralela, se creó en Luarca una "Plataforma de apoyo al teniente Rico" presidida por un ex director de sucursal bancaria, Manuel Evaristo Villamil, amigo del teniente recusado. Lo curioso es que la plataforma fue creada el 17 de enero de 2003 -cuando arreciaban, por cierto, las confidencias sobre un posible tráfico de explosivos, como vimos en capítulos anteriores- y sólo dos días después Villamil recibió una sonada paliza por dos individuos aún sin identificar, concretamente en la noche del 19 de enero.

Los hechos fueron puestos en conocimiento del Juzgado de Castropol, dirigido entonces por José Manuel Fernández Raposo, un magistrado que ha hecho correr ríos de tinta en la prensa local y que fue finalmente suspendido de empleo y sueldo por exigirle al jefe de la ITV 18.000 euros después de que la tiraran hasta tres veces en la inspección técnica de su vehículo. Existe, además, una carta de Fernández Raposo al jefe de tráfico de la Guardia Civil de Luarca que no tiene desperdicio, según la copia a la que ha tenido acceso Diariocrítico: el juez comunicaba a la Benemérita la matricula de diversos vehículos con los que solía circular por las carreteras asturianas, advirtiéndoles de que lo hacía de forma oficial. Es decir, para que no le multaran.

A este juez llegó el 20 de enero la denuncia de Villamil, y sólo tres días después, el 23, decidió su archivo. El denunciante recurrió, pero en vano: se archivó por ser la agresión obra de "autores desconocidos". Curiosamente, en esas fechas fue seguido el teniente López Rico y se hallaban en Asturias varios miembros de la UCO, supuestamente investigando la trama de explosivos de Antonio Toro y Suárez Trashorras. Hay quien intenta ver una conexión entre ambos casos, pero no existe ninguna prueba documental al respecto.


El asunto de la prostituta brasileña

Resulta estremecedoramente oscuro todo lo que sucede en la Guardia Civil asturiana durante este periodo, ya que, cuando se interrelacionan todos los acontecimientos, da lugar a interpretaciones tremendamente negativas sobre la labor de la Benemérita.

Así, mientras los rumores sobre cientos de kilos de dinamita que estarían 'rodando' por ahí a la búsqueda de un comprador se hacían más contundentes, el 10 de febrero de 2003 se recibió un fax que provocaría tal grado de coordinación entre Policía y Guardia Civil que, de haberse dado esa misma colaboración en el tema de los explosivos, quizá el 11-M no hubiera llegado a producirse. Se trataba de un fax por el que la embajada brasileña se interesaba por el destino de una ciudadana suya, Christina Araujo da Silva, la cual se vería que ejercía de forma voluntaria la prostitución en el club "El Edén", en Valdepares de Franco, en La Caridad.

Para llegar a encontrar a Araujo da Silva, Policía y Guardia Civil desplegaron un impresionante dispositivo conjunto que ha tenido la virtud de desmentir al general García Varela cuando afirmó ante la Comisión de Investigación del 11-M en Madrid que no existía colaboración ninguna entre Guardia Civil y Policía Nacional.

No existió esa colaboración, es evidente, en el caso de la dinamita, pero García Varela queda desmentido en cuanto a otras operaciones, como esta famosa redada que estamos comentando en un tema como la prostitución, que dio lugar a una operación de tres días con implicación de numerosos efectivos de ambos Cuerpos y que se saldó con la detención de ocho personas. Este caso, por cierto, se está viendo estos días en la Audiencia Provincial de Oviedo. A Cristina Araujo se la localizaría en "El Edén", donde ejercía el oficio de prostituta de una forma voluntaria. Seis meses más tarde, a la hora de tomarla nueva declaración, los agentes tuvieron que desplazarse a otro club, pero esta vez en El Ferrol. En ese oficio hay mucha movilidad.

Sostiene el capitán Virgilio López Rico en sus cartas que todo el interés de los guardias que participaron en esa macro-redada estaba centrado en saber si él había visitado los clubes. De hecho, apareció una supuesta testigo brasileña con el 'nombre de guerra' de "Bruna" que, efectivamente, ante el entonces brigada -hoy subteniente de la Guardia Civil- Ferreiro Palacios que visitó el club de 'incógnito' identificó a López Rico como 'un habitual', dijo que fue en el club donde recibió la paliza Manuel Evaristo Villamil -y no a la puerta de su casa, como éste había declarado- y que ella fue testigo. Lo curioso es que "Bruna" -que desapareció misteriosamente unos días después de aquella conversación informal- había entrado en España el 28 de enero de 2003 y la paliza la había recibido Villamil en la noche del 19 al 20 de enero. ¿Cómo se puede ser testigo, si no se está en un lugar hasta ocho días después de ocurridos los hechos? ¿Pudiera ser que "Bruna" tuviera el don de la bilocación?

En cualquier caso, para la historia que estamos narrando, lo interesante es que, al contrario de lo que declaró el general García Varela ante la Comisión del 11-M, sí había colaboración entre la Policía y la Guardia Civil de Asturias. Sólo que, por lo que se ve, de forma muy selectiva.

Mañana les ofreceremos la última entrega de este serial, con el final de la historia de la prostitución y con los destinos que ocupan hoy todos los personajes.


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