Al
PP no parece que le basten los problemas que ya
tiene con los enfrentamientos internos en Valencia,
Madrid o Galicia -donde parece que puede perder
el poder-. Porque si no, no se entiende cómo se
mete en otros jardines más que escabrosos y llenos
de 'ortigas políticas': su "oposición pancartera"
más que discutible (utilizamos esta expresión
para parafrasear la manera en que con anterioridad
fueron calificados los socialistas cuando era
Aznar quien gobernaba), o sus peticiones
de comparecencias de personajes que han de ser
calificados como 'bastante controvertidos', como
mínimo.
Nos estamos refiriendo a la polémica -y bochornosa,
y deplorable, y homófoba...- comparecencia del
psiquiatra Aquilino Polaino sobre los homosexuales,
el lunes en el Senado. Desde el martes, en el
PP se esfuerzan, desde Rajoy, Zaplana y
Gallardón hasta el último militante -o
casi, aunque los hay que no- en subrayar que el
partido no está en absoluto de acuerdo con dichas
afirmaciones insultantes.
Nos cuentan que Rajoy ha montado en cólera con
este asunto, sobre todo después de que le hayan
reprochado, incluso desde sus propias filas, el
apoyo a la manifestación homófoba del pasado sábado,
con ultras portando banderas fascistas y franquistas
y con pancartas igualmente ofensivas. ¿Dónde ha
quedado, una vez más, el 'espíritu centrista'
que el PP dice tener, su famoso -e inexistente-
'viaje al centro'? Al líder de la oposición actitudes
como éstas no le benefician nada en absoluto.
El martes, el portavoz del PP en el Senado y presidente
de la Comisión de Justicia de la Cámara
Alta, Agustín Conde, se apresuró a distribuir
una nota en la que afirmaba rotundamente: "No
compartimos en absoluto las afirmaciones de Polaino".
Algo más de un folio de comunicado ha necesitado
el PP del Senado para desentenderse de esta comparecencia
solicitada por él, comunicado en el que llegan
a pedir perdón precisamente por haberla solicitado.
Pero lo cierto es que Conde llegó a calificar
dichas afirmaciones de Polaino como de "magníficas",
si bien en el mencionado comunicado dice ahora
que lo hizo "por pura cortesía". Una "cortesía"
que nadie observó en él -o al menos, no con tanto
entusiasmo- con otros comparecientes. Lo cierto
es que ahora es quien está pagando las
'culpas' y se pide su dimisión, aunque
quizás tendría que haber más
de una para asumir las responsabilidades.
En cualquier caso, todo esto no viene más que
a demostrar la tremenda incompetencia del PP en
la Cámara Alta. ¿Es que nadie, absolutamente nadie,
se preocupó de averiguar lo que iba a decir su
invitado? Es difícil de creer, como pretende ahora
el PP que creamos, que Polaino 'sorprendió desagradablemente'
a los populares por una sencilla razón: porque
Polaino lleva años diciendo estas cosas cada vez
que le dan la menor oportunidad, e incluso ha
escrito libros en los que ha dejado 'para la posteridad'
afirmaciones como las que ha hecho en el Senado.
No se trata, pues, de un psiquiatra del que no
se supiera nada, o al que le haya atenazado un
momento de obnubilación mental que le obligase
a decir tales cosas. No. Por tanto hay que deducir
que el PP sí conocía las opiniones de este psiquiatra
y le parecían bien; que precisamente por dichas
opiniones le invitó a hablar en el Senado y que
sólo después de la polémica levantada ha optado
por dar marcha atrás.
Para ver en comunicado íntegro, pinche
aquí.
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