¿Sabía
usted que cerca de dos mil despachos van a cambiar
de inquilino en Galicia? Pues sí. Y es algo que
tiene sumamente inquietos a algunos de esos inquilinos
salientes (y a los entrantes).
Lo cierto es que la Administración Fraga había
creado un vasto entramado de funcionarios, asesores,
colaboradores, clientes y hasta parientes sin
más; quince años en la Xunta, con mayoría absoluta,
dan para mucho. La movida va a ser de aúpa: ríase
usted de lo que ocurrió en Cataluña.
No resulta extraño, por tanto, el rostro desanimado
de algunos colaboradores de Fraga en la presentación
del libro "Galicia, sexta provincia", del
periodista Enrique Beotas, en el Rectorado
de Santiago de Compostela, el lunes por la noche.
El periodista Alfonso Cavaleiro, que ha
actuado de leal director de Comunicación con Fraga
en los dos últimos años (y ha sido maltratado
públicamente por el genio endemoniado de don Manuel)
parecía uno de los más afectados porque la balanza
se inclinase 'del otro lado'.
Sube la temperatura política en Galicia
La temperatura física, curiosamente, bajó en Galicia
al día siguiente de que se conociera que Fraga
perdió el poder, pero la política no ha hecho
más que empezar a romper el termómetro. Anxo
Quintana y sus fontaneros, no se sabe si escasos
de reflejos o acuciados por la necesidad de prudencia,
estuvieron 'missing in action' durante
el escrutinio de infarto del voto emigrante. Emilio
Pérez Touriño, por el contrario, supo bailar
la comparsita que le tocó el embajador Cortizo.
Quizá la consecuencia es que ahora, mientras que
Quintana sólo habla de Galicia le cueste cara
a España y que en la reforma del Estatuto no se
olvide del significado de nación, la plana mayor
de Touriño ya está colocando fichas en el organigrama.
"Al Bloque le ofrecemos Cultura y Medio Ambiente
para que se entretengan. Si quieren, bien. Y,
si no, que se abstengan en la investidura".
Tan terrible frase está siendo ya puesta en la
boca de un dirigente socialista, que no oculta
su intención de "ningunear" todo lo que
se pueda a los nacionalistas durante la era gallega
que está a punto de comenzar.
Claro que por el otro lado tampoco escasean los
maximalistas. Con trece diputados, contra 25 en
el PSOE, algún dirigente del BNG expresó su voluntad
de exigir nada menos que Obras Públicas y Ordenación
del Territorio, Sanidad y una única vicepresidencia
bien dotada de competencias, y, si caía de paso,
la presidencia de la Radiotelevisión Gallega.
"O lo toman o lo dejan", debió pensar para
no ser menos que Carod-Rovira con Maragall.
Lo de la RTVG empieza a ser que no. El
equipo de Touriño podría tener ya en mente el
nombre de Pedro de Revaldería para dirigirla.
Formado en la casa en los tiempos de José Luis
Barreiro, padre de la criatura, Revaldería
acabó triunfando en las televisiones de Madrid,
particularmente en Tele 5, cadena en la
que ahora podría andar por la cuerda floja. Algún
socialista también pensó en José Luis Gómez,
pero acabó descartándolo cuando le explicaron
las veleidades que había mantenido con el BNG
el actual director de la revista Capital.
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