El coste anual que supondría a la Europa de
los Veintisiete -con la entrada de Bulgaria y Rumanía
a la Unión Europea- la adhesión de Turquía podría oscilar
entre los 11.000 y los 18.000 millones de euros en 2015,
según revela un estudio del Centro de Estudios Políticos
Europeos (CEPS). La mayor parte de estos fondos estarían
destinados a apoyar la agricultura turca, área en la
que se centra el informe. Aunque la Comisión Europea
ha confirmado que comenzará el próximo 3 de octubre
las negociaciones para la adhesión de Turquía, el proceso
se augura largo, difícil y con un final incierto.
De acuerdo con las previsiones manejadas por el CEPS,
entre 9.500 y 16.600 millones de euros procedentes de
los fondos estructurales y de cohesión se destinarían
cada año a soportar la agricultura turca y estimular
el desarrollo rural. Turquía contribuiría al presupuesto
comunitario con 5.400 millones de euros anuales, y recibiría
entre 11.000 y 18.000 millones.
Como consecuencia, según el documento, el presupuesto
comunitario ya no podría ser reorientado a apoyar los
sectores de la economía del conocimiento e incrementar
la competitividad, puesto que se dirigiría, principalmente,
a políticas redistributivas de apoyo a la agricultura
y al desarrollo rural. Las elevadas transferencias de
fondos comunitarios a Turquía ralentizarían el crecimiento
económico en la UE de Veintisiete, incluidas para entonces
Rumanía y Bulgaria.
Además, la entrada turca haría descender la renta media
comunitaria per cápita en cerca de 2.520 euros, lo que
reduciría el listón para las regiones beneficiarias
de fondos estructurales. En concreto, nuevas regiones
con una población total de 79 millones de habitantes
se convertirían en candidatas para las ayudas, mientras
que otras zonas de la UE de Veintisiete, con una población
que alcanzaría los 33 millones, quedarían fuera.
Actualmente, la agricultura turca supone el 12% del
Producto Interior Bruto del país, con siete millones
de empleados, cerca del mismo número que los agricultores
de los Quince juntos. Los ingresos medios por campesino
están por debajo del 40% de los que reciben los trabajadores
de otros sectores, y el Valor Agregado Bruto de la agricultura
por persona es ocho veces menor que la media de la UE,
sólo superior al de Rumanía.
Entre los riesgos de la adhesión turca, el informe expone
el alto coste del control de las fronteras exteriores
de Turquía, cuya falta de seguridad actual podría, en
el ámbito de la agricultura, hacer peligrar las normas
comunitarias sobre seguridad alimentaria, veterinaria
y fitosanitaria. Sin un control adecuado, indica el
documento, no podrá desarrollarse un mercado único en
el sector de la ganadería de manera correcta. Aunque
el informe no aborda la inmigración, recuerda que las
pobres condiciones de vida y el bajo nivel educativo
de la población turca hacen previsible un incremento
de las migraciones de trabajadores poco cualificados
desde las áreas rurales, tanto dentro del país como
a los Estados vecinos.
Oportunidades de la adhesión
Pese a los aspectos negativos de la adhesión, el informe
expone algunas oportunidades para la UE. Turquía ofrecería
a las empresas de los Veintisiete la ocasión de incrementar
las exportaciones de productos tecnológicos y de capital
a este país. En concreto, el análisis destaca el interés
del mercado turco para la industria alimentaria y las
compañías minoristas, tanto en el capítulo de las exportaciones
como en el de la inversión extranjera directa. También
subraya los beneficios de que Ankara adopte la legislación
europea de protección medioambiental en el área oriental
del Mediterráneo.
Como conclusión, el informe destaca como principales
desafíos para Turquía el refuerzo de las instituciones
necesarias para que puedan implementar el acervo comunitario,
superar el déficit educativo de gran parte de la población
y mejorar las oportunidades laborales.
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