Los
informes del periódico alternativo
La declaración del Windsor, llena de incongruencias
Ahora que ya casi está desmontada la mitad de su póstumo esqueleto de acero y vigas de hormigón, extractamos las declaraciones que sobre el incendio del edificio Windsor, en Madrid, han venido prestando ante el juez tanto los que tenían que estar alerta del cuidado del edificio, como los bomberos que asistieron para apagar el fuego.
El pasado 9 de mayo de 2005 compareció en los juzgados de Plaza de Castilla declaró
Fausto Palomares
, bombero que asistió a sofocar el fuego y se introdujo en el edificio. Llegó a las once y no encontró nada reseñable; entró al edificio y, tras tomar el ascensor, subió hasta la planta 18, ya sabiendo que el humo salía de la 21. Allí se encontró con una persona que le espera en la escalera, pero que no tenía uniforme de vigilante.
El bombero explicó cómo él y su equipo, al ver que los derrumbamientos eran cada vez más frecuentes, no pudieron comprobar el funcionamiento del servicio de extinción automático, porque no lo encontraron. Intentaron utilizar columnas secas, pero no lo lograron.
Recalcó este declarante ante el juez que, cuando llegaron, el fuego llevaba tiempo inciado pero sólo afectaba a la planta 21 y que las columnas secas por falta de mantenimiento no funcionaban. Hizo hincapié en que las tenían que haber revisado.
Ni llamas, ni fuego
Los vigilantes que había en el hall les dijeron que había humo, pero que no se veían ni llamas ni fuego.
Una vez que localizaron el fuego, buscaron al operario de mantenimiento para que les informase sobre la planta, pero éste no estaba. Mientras, pidieron material y alguien que conociera la planta. Como no encuentraron los planos, decidieron ir a la planta 20 para hacerse una idea de cómo era la que se estaba quemando, aunque indicó que podía haberse propagado por el falso techo e ir hacia abajo. Al volver, no sabía si funcionarían aún los ascensores.
La declaración de otro compañero,
José Antonio Gómez Milara
, jefe del grupo 193 es bastante parecida. Explica que tardan sólo tres o cuatro minutos en llegar y que se les indica que hay fuego en la planta 21, hacia donde se dirigen en ascensor. Añade que la temperatura es muy alta y sus compañeros les avisan que el fuego ya ha roto la fachada y que las llamas se está propagando por el falso techo. Al igual que su compañero, certifica que la presión para extinguir el fuego es insuficiente.
A partir de aquí y con el paso del tiempo, comienzan las dificultades. Este bombero entra en la planta junto con el jefe de seguridad, que sí conoce la planta, y a su paso cae un tabique del edificio, por lo que requieren la ayuda de un compañero para salir antes que siga cediendo el falso techo. Pocos minutos después sale para ser asistido por el SAMUR durante veinte minutos por inhalación de humos. Después vuelve entre las plantas 13 y 21 para ayudar a sus compañeros y ya sí que les obligan a desalojar el inmueble.
A tientas
En su declaración, añade que todas las puertas de la planta eran iguales y estaban sin indicativo por lo que iban a tientas para saber cuáles eran puertas de acceso o escaleras de emergencia. También destaca que cuando entraron en el edificio por primera vez no había signo externo de fuego y que los vigilantes parecían tranquilos y no se dieron cuenta de la magnitud del incendio hasta las 21h.
El último bombero en declarar fue
Juan Carlos Yunquera Bratos
, conductor de la unidad desplazada al lugar, que relató cómo sucedió. Según su testimonio, a las 23:19 sonó la alarma en el parque de Sante Engracia y partieron hacia el edificio. Al llegar allí, por fuera aún no veían nada, una vez seguido el protocolo habitual tratando de usar las columnas secas y los puntos de abastecimiento. Mientras realizaban esta tarea, un policía nacional les informó que el fuego ya había roto la fachada.
Piden dos bombas y montan las instalaciones, pero no saben bien dónde ir por falta de señalización. Minutos después, el vigilante les dice que no sabe lo que es una columna seca. En esta misma conversación, alguien vestido de paisano les hace saber que no funcionan por las obras, a lo que matiza que es lo que él había oído.
Este mismo señor hace que todas comiencen a funcionar aunque, al no poder discernir, se pierde agua y presión.
Contradicciones en los responsables de Prosegur
Pocos días antes habían desfilado por los juzgados los responsables de seguridad del edificio, el 25 de abril.
Roberto Gil
explicaba cómo fue su noche del 12 de febrero, quien estaba de servicio desde las siete de la tarde hasta las siete de la mañana. Asegura escuchar la alarma de incendio a la que no obedece porque con frecuencia suena sin motivo aparente. Después un compañero le avisa del incendio en la planta 21 a través de un walkie talkie. Llaman al personal de mantenimiento. Este mismo jefe de mantenimiento,
Rafael Díaz
, explica en su declaración esto mismo, que las alarmas de humo suelen saltar sin demasiado motivo, porque detectan el humo, no el calor. Añade que, por algún error, unas noches antes la alarma de incendio estuvo desactivada y dice algo que el resto no había mencionado, que en uno de los despachos de la planta 21, que estaba cerrado con llave salía abundante humo del aparato de aire acondicionado.
Roberto Gil subió con los bomberos a la planta. Allí, cuando le mandan bajar, se percatan que el fuego se está expandiendo hacia abajo y no hacia arriba como sería lo natural. Los bomberos le pidieron los planos del edificio pero no supo dárselos, ni sabía si existían. Sin embargo, un compañero suyo que se llama Javier se los entregó. Explica que vio salir "una rubia" cuyo nombre desconoce pero que sabe que trabaja en la planta 9.
Errores
Este mismo miembro de Prosegur, que dice no tener el graduado escolar ni el título de vigilante expedido por el Ministerio del Interior porque suspendió el examen práctico, encontró algo también sospechoso pero no prestó la atención requerida. Como acompañar alguien a la planta 17 porque se había dejado la tarjeta de salida y dejar su puesto -la recepción- vacía. Otro hecho que refleja su falta de atención fue que encontró un coche saliendo marcha atrás del parking por la calle Agustín de Betancourt, paró el coche, pero el conductor distrajo su atención diciendo que había oído un par de explosiones.
El último de los errores cometidos por este miembro de seguridad es que tarda quince minutos en avisar que suena la alarma. Recuerda la hora en que llamó a los bomberos pero no la hora en que comenzó a sonar la alarma.
Ante estos hechos,
Miguel Ángel Corzo
, jefe de seguridad de Prosegur, no puede más que tratar de tapar la labor de su empresa. Según él, aunque dos de los operarios allí desplazados no tienen la documentación y formación necesaria, el número de vigilantes es suficiente pero no sabe cuándo hicieron el último curso de formación y reciclaje. Añade que estos operarios conocían el plan de seguridad -aunque con los bomberos quedó claro que no sabía ni dónde estaba cada cosa- pero no sabe quién es el responsable del mismo.
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