El periódico alternativo
Dos horas con Maragall en el día del Estatut

- Encuentro de Fernando Jáuregui, periodista, analista político y
director de Diariocritico
con el president catalán, Pasqual Maragall


El pasado jueves, día en el que la ponencia que redacta el nuevo Estatut de Cataluña terminaba sus trabajos, tres periodistas mantuvimos un largo desayuno con Pasqual Maragall en la sede de la Generalitat. Fue un encuentro sin límites (Maragall no es como su antecesor, que vetaba preguntas con un "eso hoy no toca"), del que salieron muchas cosas interesantes. Aquí se resumen algunas.

El ya famoso 'optimismo maragalliano', que debe sin duda de ir paralelo con el 'optimismo antropológico' de su amigo José Luis Rodríguez Zapatero, hace que el president de la Generalitat esté convencido, aunque nada haya que sacralizar, puntualiza, de que el 11 de septiembre, coincidiendo con la celebración anual de la Diada, habrá 'luz verde' en Cataluña para el polémico nuevo Estatut. Y que luego será enviado a las Cortes, y que allí será aprobado. No sin polémica, admite privadamente, para matizar algo este cuento de la lechera. De momento, falta por ver si Convergencia i Unió y el PP aprueban este texto, que hoy por hoy es que no, aunque previsiblemente ambos acaben, con remilgos, dando luz verde a este Estatut.

Si algo va a ser, previsiblemente, noticia en la semana que comienza, será el inicio del vuelo del nuevo Estatut de Cataluña, tan difícilmente alumbrado por el tripartito, y que ha concluido su paso por la ponencia redactora. Tanto la Generalitat como el Govern catalán se han lanzado a una campaña de relaciones públicas, consistente en encontrarse con pequeños grupos de periodistas 'de Madrid' para explicarles una realidad que desde las tierras catalanas piensan que se percibe equivocadamente en el resto de España. Dos horas de charla sin límites en un desayuno con Maragall, el mismo día en el que se votaba el Estatut en ponencia, dan para mucho.

Claro que otro de los frentes a cubrir, además del mediático, es el del Gobierno central, donde no todo son parabienes para el nuevo texto, en cuyo artículo 1 se dice que Cataluña en una nación, aunque matizando luego que "ejerce su autogobierno mediante instituciones propias, constituida como comunidad autónoma de acuerdo con la Constitución y el estatuto". ¿Es este texto inconstitucional? Naturalmente, Maragall y otros interlocutores del Govern, como el mismísimo 'conseller en cap', Josep Bargalló (Esquerra Republicana de Catalunya), creen que no.

Parece, en cambio, que el presidente de la comisión constitucional del Congreso, Alfonso Guerra, cree que sí. Claro que a Guerra, el ex vicepresidente y ex vicesecretario general socialista, se le sitúa comúnmente ya en posiciones irremisiblemente enfrentadas con las de Maragall, Zapatero y una parte del Gobierno central. Y se ha convertido en la 'bestia negra' del tripartito con sus anuncios de que, así, el Estatut no obtendrá la luz verde que Zapatero le prometió a Maragall que obtendría cualquier texto llegado del Parlament en Barcelona. Maragall dice que, tanto Guerra como Felipe son "magos" (y lo dice con tono peyorativo), pero que Zapatero está más en la realidad de las cosas.



Almuerzo con Sevilla

Este enfrentamiento de Guerra con las tesis de ZP, ¿afecta sólo a una parte del Gobierno, como decíamos? Efectivamente, solo a una parte. Maragall sabe que algunos ministros se pronuncian en los consejos contra el nuevo Estatut, y entre ellos está, de alguna manera, el titular de Administraciones Públicas, el valenciano Jordi Sevilla, con quien el president de la Generalitat y el 'conseller en cap' almuerzan esta semana, para limar asperezas. Y en la oposición al Estatut están Solbes, y Bono, y acaso Magdalena Álvarez, y…

En los despachos del poder catalán que este cronista ha podido visitar en los últimos días en Barcelona no existe, desde luego, el menor entusiasmo por muchos de los ministros de Zapatero. Por mucho que al titular de Industria, José Montilla, se le reconozca la cualidad de 'intermediario' entre el tripartito y el Ejecutivo central. Maragall, en cambio, habla maravillas de Zapatero, mucho más pragmático y directo, dice, que los "magos" Felipe González y Guerra, que ahora ya se sabe que están contra esta aventura estatutaria, que los dos ex mandatarios juzgan dudosamente constitucional y peligrosa para la unidad de España.

Maragall viene insistiendo, en los muchos contactos privados que está manteniendo estos días, en que él no es un separatista (como sus socios de ERC) ni un soberanista, ni siquiera un nacionalista. A él, dice, le enferma la expresión "países catalanes". Por ello recalca que vigila -ayudado, claro, por la "amable presión" del Gobierno central-, a través de sus órganos consultivos, por la pureza constitucional del texto, sujeto aún a polémica entre las fuerzas catalanas, porque el PP no acepta lo de "nación" ni Convergencia i Unió quieren saber nada que no sea un férreo "blindaje" de las competencias a dar al poder catalán, incluyendo la gestión de los impuestos en un grado no menor al cincuenta por ciento.

Pero el president de la Generalitat, ya digo que un optimista incorregible, cree que CiU se limita a mantenerse el mayor tiempo posible en una posición negociadora, para luego aprobar un Estatut del que no se puede apear. Y que el PP, con cuyo dirigente catalán, Josep Piqué, mantiene excelentes relaciones, acabará diciendo 'sí' al texto global, aunque diga 'no' específicamente al artículo primero.



Las siete provincias

Puede que no roce, como creen Maragall, Bargalló y demás miembros del Govern, la Constitución, pero el nuevo Estatut colisiona con numerosas leyes orgánicas. Y precisará la elaboración y tramitación parlamentaria de algunas nuevas, por ejemplo para admitir la nueva división de Cataluña en siete provincias, en lugar de cuatro, como hasta ahora (Barcelona se divide en dos, se crean el Ebro y el Pirineo y se mantienen Tarragona, Lleida y Girona). O la modificación de la Ley Electoral general, que, aprovechando su adecuación al futuro Estatut, podría experimentar otros cambios que la mejoren, como la introducción de las listas electorales desbloqueadas.

En cualquier caso, el paso del Estatut catalán por las Cortes españolas va a suponer un auténtico terremoto legislativo (habrá que retocar una veintena de leyes nacionales), según admiten, privadamente, tanto miembros del Govern tripartito como del Gobierno central. Y no hablemos ya de lo que dicen en la oposición, el PP.

Lo que está claro es que, a la vista de este terremoto, va a resultar muy difícil mantener para la fecha ideal -citada por Zapatero- de comienzos de septiembre la ya aplazada conferencia de presidentes autonómicos. Habrá que aplazarla de nuevo o fracasará, porque son demasiados los recelos que suscita este Estatut catalán, e incluso el Estatut valenciano, al que Alfonso Guerra también considera inconstitucional, y que, en su parte final, reclama para la Comunidad valenciana tantas atribuciones como se conceda al Estatut catalán. Una disposición que, dicho sea de paso, ha enfurecido a Pasqual Maragall y a sus socios de Esquerra.

Este clima de enfrentamientos entre los presidentes autonómicos, enfrentamientos que incluyen temas cada día más ásperos, como la gestión del agua, hace que en La Moncloa reconozcan más o menos privadamente que, por ahora, esta conferencia de presidentes podría resultar "prematura".

El president, en el momento más difícil de su mandato -y está siendo una Legislatura ciertamente complicada- se mantiene en forma. Está bromista y admite con buen talante el plan de 'relaciones públicas' con los medios de Madrid que le ha preparado su equipo de asesores, encabezado por Jordi Mercader, director de Comunicación. Un plan en el que se implican también el 'conseller en cap' Bargalló, el conseller de Economía, Antoni Castells, el de Obras Públicas, Joaquim Nadal, el secretario del Govern, Ernest Maragall, y figuras de la patronal Fomento. Una inmersión en la gobernación catalana particularmente interesante en estos momentos en los que el Estatut baila en la cuerda floja.

Un plan con ZP

El president de la Generalitat no esconde que, incluso antes de las elecciones autonómicas catalanas de noviembre de 2003, ya había trazado un plan con Zapatero. Un plan incluso antes de aquella 'cumbre', finales de agosto de 2003, en Santillana del Mar, en la que presumiblemente se trazaron las líneas maestras de la que sería la política territorial del PSOE cuando llegase al poder. Lo que ocurre es que casi nada de lo que se dijo (al menos a los periodistas) en aquella 'cumbre' se ha cumplido tal y como lo dijeron, aunque Maragall asegura que sí, que el plan estaba trazado.

No podemos olvidar que es Maragall el mentor de Zapatero, el hombre que le dio el triunfo en el congreso socialista frente a Bono. Y eso que, hasta pocos meses antes, no lo conocía: recuerda Maragall que Zapatero llegó a Barcelona acompañado de Caldera y que "en el primer encuentro, el único que habló fue Caldera". Luego, habló ZP. Vaya si habló.


Todos los temas anteriores

Volver