María
Teresa Fernández de la Vega echó las campanas
al vuelo el viernes pasado cuando el Consejo
de Ministros aprobó una reforma
que significaría, según la vicepresidenta, la
dignificación de las madres solteras, que no se
verían obligadas, como hasta ahora, a buscar un
nombre ficticio con el que llenar la casilla "nombre
del padre" en los documentos de sus hijos.
Fernández de la Vega se apuntó tantos que no le
correspondían: cuando Ángel Acebes era
ministro de Justicia procedió a la modificación
de esta norma, que se remontaba a los tiempos
de Franco, en los que a petición de las
madres que ocultaban su soltería por conveniencia
social querían ampararse en la posibilidad de
pasar por viudas.
En la modificación elaborada por el equipo Acebes-Michavila-Astarloa,
que entonces dirigía el Ministerio, cabe la posibilidad
de colocar ese nombre ficticio en la casilla correspondiente
al nombre del padre, o de dejarla en blanco. Exactamente
lo que dice Fernández de la Vega que ha aprobado
el Gobierno de Zapatero, medida que considera
la vicepresidenta "un gran avance social".
Que lo es. Pero no lo ha hecho el PSOE.
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