El periódico alternativo

A ver, esa rueda de prensa de ZP
- Por Fernando Jáuregui, director de Diariocrítico.com

De acuerdo: Miguel Barroso, el mago de las comunicaciones en La Moncloa, se ha apuntado un tanto con la 'pax televisiva', a base de distribuir generosamente canales digitales entre todos los grandes operadores. Pero nos está fallando a la hora de las comparecencias presidenciales. Claro que es posible que sea el propio ZP, que sabe muy bien lo que quiere, quien esté impidiéndose a sí mismo esa rueda de prensa larga, sin límites, en la que habría de explicar qué está pasando aquí. Ni más ni menos. Y es que, entre los muchos temas pendientes que el Ejecutivo de ZP ha dejado aplazados hasta septiembre (parece) se encuentra el de contactar con la opinión pública y solventar sus muchas dudas en numerosas materias.

La primera de todas, desde luego, qué va a ocurrir con el Estatut de Cataluña. ¿Renueva ZP su compromiso de que las Cortes, mayoritariamente dominadas en la Cámara Baja por los socialistas y sus aliados, aprobarán cualquier cosa que venga del Parlament catalán? Nadie está, a estas alturas, seguro de nada. Pero, mientras, la disidencia frente a ZP en este punto crece en el seno del PSOE y del Gobierno: ya nadie puede disimularlo, y sería absurdo achacar estas informaciones a un presunto 'espíritu antigubernamental' o a una alianza con la oposición 'popular'.

¿Qué tiene que decir ZP de las posiciones de Guerra, Bono, Rodríguez Ibarra o el propio Jordi Sevilla? Seguro que se puede echar agua a este fuego que avanza, voraz. Pero el presidente no tiene la intención de hacerlo...por el momento y que se sepa. ¿O es que comparecerá él, y no María Teresa Fernández de la Vega, para explicar el contenido de su encuentro, este viernes, con Carod-Rovira? Nadie lo espera, aunque ojalá que nos equivoquemos. Y hay que conceder al presidente, eso sí, una cosa: al menos recibe a todos en La Moncloa. O a casi todos, que ya se sabe que el Foro de la Familia, esa organización opusdeísta -perfecto derecho tiene a ello, desde luego-, no ha podido lograr una audiencia.

ZP se decanta cada vez más nítidamente por la izquierda y por la buena sintonía con los nacionalistas, al extremo opuesto de Aznar, que para nada quiso mantener relaciones, en su segundo mandato, con PNV y menos aún con Esquerra. Pero ese entendimiento, que debía haber derivado en una mayor paz social, tiene un precio alto: hay que transigir con muchas exigencias que ponen los pelos de punta a la ciudadanía más o menos conservadora -incluimos, claro, a votantes y militantes del PSOE- en la mayor parte de esa España que no milita en territorios históricos. Y que piensan, quizá excesivamente alarmados, que el país se cuartea.

¿No debería, primera asignatura pendiente, salir Zapatero a la palestra a tranquilizar a esa parte, tan importante, de españoles que se sitúan en la derecha moderada, en el centro -desatendido por completo por nuestros principales partidos- o en la izquierda moderada?


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