El
ministro Pedro Solbes siguió en la reunión del
Consejo de Política Fiscal la misma tónica que
el presidente de Gobierno: no entregó a los consejeros
su propuesta por escrito, sino que sacó el documento
y empezó a leerlo a toda velocidad mientras los
consejeros de las comunidades autonómicas y sus
asesores sacaban bolígrafo para tomar nota de
las cuentas que presentaba el vicepresidente.
La indignación generalizada la convirtió en protesta
verbal la consejera de Hacienda de la Comunidad
de Madrid que, después de más de una hora de reunión,
interrumpió al ministro, dejó el bolígrafo con
firmeza sobre la mesa y con voz enérgica le pidió
que hiciera fotocopias.
Ningún consejero socialista puso en cuestión la
exigencia de la consejera del PP y Solbes se vio
finalmente obligado a pedir que se fotocopiara
el documento plagado de números que presentaba
a la aprobación de los asistentes.
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