Ofrecemos hoy la segunda y
última parte del artículo de Ruth Wedgwood, titular
de la cátedra Edward B. Burling de Derecho Internacional
y Diplomacia y directora del Programa de Derecho y Organizaciones
Internacionales de la Escuela de Estudios Internacionales
Superiores de la Universidad Johns Hopkins, en Washington.
Tal como indicábamos ayer, se trata del tercer y último
artículo sobre las Naciones Unidas que han sido elaborados
por destacados expertos académicos estadounidenses,
a raíz del 60 Aniversario del organismo. El Gobierno
de EEUU no se alinea con las opiniones vertidas en este
artículo.
LA REPARACIÓN DEL SISTEMA DE PERSONAL
El sistema de personal de las Naciones Unidas está maltrecho
y puede obstaculizar el rendimiento del programa y una
organización adaptable. Hemos visto ir y venir administradores
interesados en la reforma, que se han echado las manos
a la cabeza ante la dificultad de cambiar las restricciones
en materia de personal impuestas por la Asamblea General.
Lo que aquí está en juego es algo más que los puestos
de trabajo. Es la búsqueda de lo mejor del personal
de las Naciones Unidas, encontrar a gente que valore
los propósitos de las Naciones Unidas, no sus gajes;
que se quede a trabajar después de las 5 de la tarde
y que adapte los procedimientos a la índole de la misión.
Actualmente, las Naciones Unidas funcionan con arreglo
a un sistema de contratos permanentes, pero prohíbe
que nadie tome el examen de entrada a menos que su nacionalidad
esté "insuficientemente representada" en una especialidad
determinada. La edad límite de ingreso es 32 años, de
manera que incluso un estudiante graduado, extraordinariamente
brillante, puede estar excluido por estas normas. El
mismo sistema de contratos permanentes es problemático,
ya que impide a la Organización contratar nuevo personal
con nuevos conocimientos. Las Naciones Unidas imponen
la jubilación obligatoria a los 62 años, lo que ha provocado
el comentario mordaz de un ex funcionario: "¿De qué
otra forma nos libraríamos de ellos?"
Las Naciones Unidas deberían poder contratar profesionales
de grados medios, de los sectores público y privado,
que pueden aportar prácticas y perspectivas modernas
a las Naciones Unidas. Además, el secretario general
necesita estar facultado para reasignar personal a los
programas más urgentes de la Organización, en lugar
de mantener puestos fijos y redundantes. Asimismo, un
jefe de misión debe tener alguna discreción para contratar
personal esencial y ser entonces responsable del desempeño
del equipo, en vez de tener un personal asignado al
azar. No menos importante, las Naciones Unidas deben
usar debidamente las dotes profesionales de la mujer
y sanear un ambiente que es notorio por los problemas
de acoso sexual, asignaciones poco equitativas y el
fallo en buscar candidatas idóneas para puestos de responsabilidad.
LA COMISIÓN DE CONSOLIDACIÓN DE LA PAZ
Otro fallo institucional que necesita atención es el
problema de las transiciones después de un conflicto.
Dos agencias sumamente eficaces de las Naciones Unidas:
la Oficina del Alto Comisionado de las Naciones Unidas
para los Refugiados y el Programa Mundial de Alimentos,
están equipadas para enviar ayuda de emergencia después
de una catástrofe o un conflicto. El Programa de las
Naciones Unidas para el Desarrollo puede ayudar con
planes económicos a largo plazo. Pero ninguna agencia
está encargada de salvar la inmensa brecha entre la
emergencia y el largo plazo. Se ha propuesto la posibilidad
de una Comisión de Consolidación de la Paz como locus
para coordinar la ayuda y racionalizar las contribuciones
de ONG y países donantes. Sus posiciones de liderazgo
también pueden brindar un incentivo poderoso para las
contribuciones de los países. No obstante, el establecimiento
de una Comisión se debe abordar con cautela, para asegurar
que no se convierta en otra coordinadora de coordinadores,
una más entre la infinidad de agencias de las Naciones
Unidas más interesada en la puntuación que en el rendimiento.
Es la eficacia de las Naciones Unidas en el ámbito local,
más que los coloquios en Nueva York, lo que les interesa
a los necesitados. Algunas de las principales contribuciones
de las Naciones Unidas se llevan a cabo en el terreno,
con la prestación de asistencia humanitaria en situaciones
de emergencia a través de agencias de socorro como UNICEF,
el Programa Mundial de Alimentos, la Organización Mundial
de la Salud y la Oficina del Alto Comisionado para los
Refugiados. Para los conflictos en curso, el secretario
general ha nombrado notables e innovadores "representantes
especiales" de todo el mundo, como el diplomático argelino
Lakhdar Brahimi y el diplomático peruano Álvaro de Soto,
para participar en la negociación de acuerdos de paz
en zonas de conflicto.
LA AMPLIACIÓN DEL CONSEJO DE SEGURIDAD
Es indudable que la estructura del Consejo de Seguridad
de las Naciones Unidas seguirá siendo objeto perenne
de debate e interés entre los países que ansían la prominencia
política visible. Pero sería caer en una trampa y crear
una diversión permitir que ese tema se convierta en
la condición indispensable de la reforma de las Naciones
Unidas. La ampliación del Consejo de Seguridad plantea
algunos problemas obvios. Un Consejo de Seguridad más
numeroso tardaría más en tomar decisiones, con debates
prolongados hasta altas horas de la noche. Las disputas
intrarregionales en torno a la concesión de los escaños
permanentes podría fácilmente llegar a ser una característica
perturbadora de la política de las Naciones Unidas al
desviar la atención de las crisis reales.
Además, la ampliación puede cambiar las decisiones que
puede considerar el Consejo de Seguridad. Algunos de
los Estados que aspiran a ser miembros del Consejo han
sido reacios a recurrir a la fuerza militar para cualquier
fin, mientras que otros se oponen a la intervención
en conflictos de guerras civiles por motivos de soberanía
estatal. Sin un mandato, la Organización no puede desplegar
tropas de mantenimiento de la paz y los países con frecuencia
emitirán sus votos de acuerdo con sus propios cálculos
de interés nacional.
Así pues, el retoque de la estructura del Consejo puede
caer presa de la ley de "consecuencias imprevistas"
y acabar por debilitar la capacidad de actuar de las
Naciones Unidas. Los Estados democráticos que pueden
adoptar medidas eficaces por sí mismos en situaciones
de urgencia moral o práctica, podrían sentirse menos
inclinados a someter las cuestiones a un Consejo de
Seguridad paralizado por la indecisión de opiniones
divergentes. De manera irónica, la ampliación del Consejo
podría debilitar la acción multilateral efectiva y,
por tanto, se debe evaluar con sumo cuidado.
EN RESUMEN
La mejora de las operaciones de las Naciones Unidas
puede recibir un impulso de los titulares que rodean
a la Organización. La década de 1990 mostró las trágicas
consecuencias de las ineficaces operaciones de mantenimiento
de la paz. Los ataques terroristas en Nueva York, Washington,
Estambul, Londres y Madrid, Bali y Beslan ponen de relieve
la importancia de controlar la propagación de armas
de destrucción en gran escala. La angustiosa imagen
de la pobreza en el mundo y el vínculo entre el buen
gobierno y el crecimiento económico demuestran claramente
la importancia de proteger los derechos humanos y la
democracia. La controversia en torno al programa de
petróleo por alimentos ilustra la necesidad de estrictas
normas fiduciarias para mantener la confianza y el apoyo.
Pero las organizaciones multilaterales, al igual que
otras agrupaciones sociales, funcionan en un entorno
competitivo. Como otros sexagenarios, las Naciones Unidas
deben mantenerse en forma y controlar su dieta si desean
seguir siendo primus inter pares.
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