La cumbre hispano marroquí que se celebra en Sevilla y Córdoba ha estado absolutamente “envenenada” por los acontecimientos de Ceuta y Melilla, de forma que el problema de la inmigración, que generalmente llevan los ministros de Justicia e Interior, y los secretarios de Estado correspondientes, han visto cómo los jefes de Gobierno se vieron obligados a analizar ese asunto, que desde luego protagonizó la rueda de prensa de Rodríguez Zapatero y que se convirtió en monotema de toda la primera jornada de Trabajo, pasando muy a segundo plano cuestiones como las inversiones, la potenciación de la cultura y la lengua española y el siempre problemático conflicto del Sahara.
Tras la reunión, ambas delegaciones no han parado de resaltar la "mutua colaboración" y el "buen entendimiento" entre los dos gobiernos. Pero tanta exaltación de, digamos, 'lo positivo' --lo es, sin duda-- es sólo una parte de la verdad. La otra cara de la moneda --la cruz, y nunca mejor dicho...-- es que ambos países se responsabilizan mutuamente de los trágicos acontecimientos sucedidos en el 'asalto' de la valla fronteriza de Ceuta. Mientras que en España se decía que la policía marroquí había disparado contra los inmigrantes que pretendían saltar la valla, en Marruecos se sostiene que fueron los agentes españoles quienes dispararon con balas de caucho, causando la muerte de dos de los citados inmigrantes.
Por lo demás, en Ceuta y Melilla, sin embargo, la población estaba asombrosamente tranquila, habituada ya a los conflictos que les provoca el hecho de ser la única frontera territorial de Europa con el continente africano. Se han volcado con los inmigrantes, centenares de personas se han acercado a los sobresaturados centros de refugiados a ofrecer alimentos, ropa, medicinas y mantas, y hasta acogían sin asombro las primeras noticias, que apuntaban a que al menos los dos inmigrantes muertos en la parte española habían recibido disparos de los gendarmes marroquíes.
La falta de asombro se debía a que en las dos ciudades españolas conocen muy bien qué ocurre en el otro lado de la frontera: centenares de subsaharianos llegan después de cruzar durante dos años el continente a pie, muchas mujeres embarazadas paren sus hijos en el camino, otras deben pagar peaje sexual para atravesar fronteras y, una vez en las poblaciones cercanas a Ceuta y Melilla caen en manos de redes que organizan su entrada en España. Algunas de esas redes se presentan bajo el disfraz de supuestas organizaciones no gubernamentales que instrumentalizan a los inmigrantes y los utilizan para sus propios intereses.
La llegada de la Legión impedirá nuevos asaltos masivos, pero sólo el Gobierno marroquí podrá tomar medidas efectivas para terminar con una situación que esta última semana ha alcanzado sus cotas más dramáticas.
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