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María Teresa Fernández de la Vega es la coordinadora del Gobierno, la que más manda, la que resuelve los problemas más graves, la que coordina a los ministros, la que hace de portavoz y la que echa más horas al trabajo de despacho. Pero el presidente la 'puentea' de vez en cuando, y en decisiones que no deben sentar muy bien a la vicepresidenta.
En su momento, Zapatero nombró secretario de Estado de Comunicación a Miguel Barroso, y lo hizo sin consultar con Fernández de la Vega, aunque Barroso dependería directamente de ella, de su departamento. Y ha hecho lo mismo de nuevo al nombrar a Fernando Moraleda, con el agravante añadido de que le ofreció el cargo cuando De la Vega se encontraba de viaje oficial fuera de España.
Pero hay más: María Teresa no fue informada, días atrás, de que el presidente tenía una reunión en La Moncloa con Artur Mas para tratar de resolver el problema del Estatuto catalán. Se enteró del encuentro al día siguiente, cuando se recibió en La Moncloa la llamada de un Maragall que preguntaba si era cierto que se había producido ese encuentro. La vicepresidenta no lo sabía, y tanto a ella como al secretario general de la Presidencia se lo tuvo que confirmar la secretaria del presidente de Gobierno.
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