Mientras que en Europa y en todo el mundo aumenta el estado de alarma, según se van conociendo los casos mortales producidos por la gripe aviar, en España desconocemos por completo cómo actuar para evitar el contagio, o disponer de la medicina adecuada para combatirla.
Hemos sabido que al Ministerio de Sanidad y Consumo, que dirige Elena Salgado, se le ha pasado por alto hacer las previsiones necesarias para disponer de suficientes cantidades del medicamento más demandado en este momento en el mundo, que es el
Tamiflu, fabricado por los laboratorios suizos Roche. Claro, que el Tamiflu es un medicamento contra la gripe común y, según fuentes del ministerio de Salgado, en caso de pandemia "no serviría de mucho", aunque eso lo empiezan a decir ahora, ya que al comienzo de la crisis se dijo que era conveniente utilizarlo. Ha habido, pues, un cambio de actitudes en este sentido.
España sólo ha pedido del citado Tamiflu 6.000 unidades, mientras los españoles (casi 46 millones de habitantes) andan buscándolo desesperadamente por Andorra y por otros países limítrofes para estar preparados ante una eventualidad. Mientras, según las últimas informaciones procedentes de Roche, más de 40 países se han realizado pedidos de miles de toneladas de este medicamento. En la actualidad, Roche dispone de 13 centros de producción del mismo en todo el mundo. Pero está recibiendo fuertes críticas y demandas, por no ceder la licencia de producción a otros laboratorios.
El Tamiflu es un polvo amargo, blanco y azucarado de 75 miligramos, que se comprime en una cápsula blanca y amarilla de gelatina. Diez cápsulas empaquetadas componen una caja cuyo precio en Suiza es de 57,60 euros, en Alemania 35 euros y en Francia 26 euros. En España se habla de un precio de unos 30 euros. A través de Internet se puede conseguir sin receta, pero quizás no sea el método más sencillo para conseguirlo con cierta seguridad.
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