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Las pretensiones, ya contadas en este diario, del ex secretario de Estado de Comunicación, Miguel Barroso, por hacerse con la presidencia de la Casa de América, pretensiones en las que es tenazmente apoyado por Zapatero, chocan con algunas dificultades: su carácter de no diplomático -sería la primera vez que alguien ajeno a la carrera ocupase el cargo- y también las declaraciones que hizo al abandonar La Moncloa, un paso que justificó por su deseo de volver a la vida privada y a escribir una novela.
Vamos, que Barroso no gusta a los diplomáticos, que sí apoyan, como el propio ministro de Defensa, José Bono, al embajador Leopoldo Stampa, otro nombre que ya en su día dimos en este diario e-xclusivo. Stampa ocupa en estos momentos una dirección general en el Ministerio de Defensa, encargada de las relaciones institucionales, un puesto clave que Bono quisiera poner en manos de una persona que le sea muy cercana.
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