Todo parece indicar que hay desavenencias entre Durán y Mas, a pesar de su desmentido. Y que sus desencuentros en temas capitales o el hecho de que Mas negocie directamente con Madrid sin contar con él acaban de colmar la paciencia de Duran.
El caso es que en Barcelona cada día cobra más cuerpo el rumor -del que ya nos hemos hecho eco en este diario- de la retirada de Duran Lleida de la vida política. El secretario general de CiU, presidente de Unió Democràtica y jefe de filas nacionalista en el Congreso de los Diputados, puede arrojar la toalla ante la evidencia de que Artur Mas está consolidándose como el verdadero líder de CiU.
Hombre forjado en la intriga, el líder democratacristiano acariciaba la idea de sustituir a Mas como jefe de filas de la formación si éste se pegaba un batacazo electoral, cosa que no ocurrió hace dos años cuando ganó las primeras elecciones catalanas sin Pujol, o si no digería bien su condición de líder de la oposición. La estrategia utilizada por Mas en el debate del Estatut ha consolidado su condición de “hombre de Estado”, en clara rivalidad con el papel moderado que ejercía Duran Lleida.
La salida de Duran no sería traumática en ningún caso. Aunque sopesa alguna otra alternativa, la más apetecible parece ser la de representar desde Londres los intereses en Europa del Aga Khan, cliente del bufete de abogados de su suegro. Otra salida que se baraja en ambientes políticos es un alto cargo institucional en La Vanguardia, diario en el que por cierto publicó recientemente un artículo de opinión.
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