Los informes del diario e-Xclusivo
No es 'light' todo lo que reluce

Cada vez más hay más personas que, más por presiones sociales que por su propia salud, se suben al carro de los alimentos bajos en calorías para intentar controlar su peso, convencidos de sus bondades más por las grandes campañas publicitarias que por conocimiento expreso de las mismas. Pero, ¿de verdad es “ light” todo lo que compramos?

Actualmente, en nuestro país no existe una regulación específica sobre los alimentos light o ligeros. La única referencia es un acuerdo tomado en el seno de la Comisión Interministerial para la Ordenación Alimentaria en el que se determinan los requisitos que debe cumplir un alimento para ser calificado como tal.

Siguiendo las bases de ese acuerdo, aunque no es vinculante, podemos determinar que para que un alimento se pueda calificar como “ light ” debe tener un equivalente de referencia en el mercado, debe presentar una reducción de, al menos, un 30% de calorías frente a aquel y debe incluir en su etiquetado energético una referencia a las calorías reducidas, al valor energético de 100 gramos de producto y a la existencia de ese alimento de referencia.

De un reciente estudio de la Unión de Consumidores de Exgtremadura se deduce que, "a pesar de que todos los alimentos incluidos en él cumplen el requisito de reducir más de un 30% las calorías, algunos siguen siendo demasiado calóricos como para formar parte de nuestra dieta habitual, a pesar de que el término “light” pueda inducirnos a pensar que no engorda o que, incluso, adelgazan" .

La reducción de calorías de estos alimentos “ light ” conlleva pagar un sobreprecio de hasta el 25% con respecto al producto normal.

Cada vez son más las personas que incluyen en su cesta de la compra variantes “ light ” de algunos alimentos pensando que así no engordarán o que, incluso, les pueden ayudar a adelgazar. Pero, ¿es realmente eficaz esta práctica? Es cierto que los alimentos “ light ” aportan un menor número de calorías a nuestro organismo que aquellos que no lo son. Pero esa disminución de calorías suele conseguirse reduciendo los aportes de hidratos de carbono y de grasas, recortándolos o sustituyéndolos por edulcorantes y sustitutivos de grasas, que, aunque menos que los originales a los que sustituyen, también engordan.

Muchos consumidores, al leer los anuncios y las etiquetas, creen que estos alimentos no tienen repercusión alguno en su peso y en su metabolismo y los comen sin preocuparse de la cantidad o conveniencia de los mismos, lo que puede producir efectos perjudiciales para la salud e, incluso, sobrepeso.

Uno de los problemas que nos encontramos es que no existe una regulación específica en nuestro país que determine cuándo un alimento puede ser calificado como “ light ”, aunque ya se está preparando una normativa europea que abordará este asunto. Lo único que puede servirnos como guía es el contenido de un acuerdo de 1990 elaborado en el seno de la Comisión Interministerial para la Ordenación Alimentaria en el que se determinan los requisitos que debe cumplir un alimento para ser calificado como tal. Esos requisitos son:

- Debe existir un alimento de referencia en el mercado, es decir, que, por ejemplo, si queremos introducir unos yogures “light”, deben tener su equivalente en “no light”.

- Debe presentar una reducción de, al menos, un 30% en el número de calorías.

- Debe incluir en su etiquetado nutricional, al menos, el porcentaje de reducción de calorías, el valor energético por 100 gramos y la existencia de ese alimento de referencia. Además, se podrá introducir el valor energético por ración.

Lo que sí está regulado desde hace tiempo es la forma en la que estos alimentos deben publicitarse. La legislación publicitaria española define muy claramente qué es la publicidad engañosa. Por eso, todo mensaje en el etiquetado o en la publicidad de un alimento, que pueda inducir a error en el consumidor, será calificado como tal y dará lugar a la reacción de los poderes públicos que sancionarán esa práctica.

Para comprobar si la ligereza prometida por los alimentos “light” es tanta como prometen hemos estudiado seis productos de algunos de los grupos de alimentos más representativos: leches, yogures, bollería, batidos de leche, refrescos y salsas son, sin duda, algunos de los artículos que más tiempo llevan ofreciendo variantes bajas en calorías, además de ser de los más demandados. Pero esta demanda, en ocasiones, parte de una premisa equivocada. Muchos pensamos que los alimentos “light” adelgazan y no es así ni mucho menos. Es más, el creer sin fisuras esa afirmación puede dar lugar a importantes desequilibrios nutricionales e incluso, paradójicamente, a aumentar nuestro peso. Leyendas como “bajo en grasas”, “sin azúcar” y otras parecidas pueden dar la sensación al consumidor poco informado de que podemos comer cuanto queramos de ese producto, pues su aporte calórico será tan bajo que no lo notaremos en la báscula.

La primera conclusión es esperanzadora: todos los productos analizados pueden ser considerados “light” frente al de referencia, pues todos reducen en más del 30% su aporte calórico. Pero, como hemos dicho antes, esta afirmación debe ser profundamente matizada pues, a pesar de esa reducción, hay muchos alimentos que siguen siendo tremendamente energéticos y, por tanto, nunca debemos pensar que no engordan. Por ejemplo, la bollería “light” consigue reducir en un 70% el aporte calórico de su equivalente normal, pero, con un valor energético de 280 calorías por cada 100 gramos, sigue siendo un alimento extremadamente calórico. Lo mismo ocurre con la mayonesa: reducir de 726 calorías de la normal a las 351 de la “light” es muy meritorio, pero debemos evitar creer que debido a esa reducción la mayonesa ligera no engorda, pues lo hace y mucho.

Tan increíbles logros en la disminución del número de calorías y del porcentaje de grasas en los alimentos light no obedecen a un milagro. En realidad, y aunque los resultados finales responden a muchos años de investigación alimentaria, el proceso es tan simple como sustituir aquellos componentes que más engordan por otros que lo hacen mucho menos. Sobre todo, se cambian los azúcares por edulcorantes y las grasas por sustitutivos químicos que, aunque no pueden imitar el sabor de aquellos, reducen considerablemente su aporte energético para nuestro organismo. Esto implica que debemos leer detenidamente el etiquetado de estos productos para saber si alguno de esos componentes puede dar lugar a una reacción adversa en nuestro cuerpo, por ejemplo, alérgica. Además, en algunos casos se incluye “fenilalanina”, un compuesto que, en determinadas dosis, puede tener efectos laxantes. En concreto, tres de los productos analizados incluyen este edulcorante. Pero sólo uno de ellos, hace referencia a esos posibles efectos adversos.

También debemos tener en cuenta lo que pagaremos de más por tomar estos alimentos: hasta un 25% más en los productos incluidos en el estudio pagaremos por las versiones “ light ” frente a las normales.

Por tanto, debemos concluir que el hecho de que un alimento se apellide “light” no implica necesariamente que “no engorde” . Es más, existen determinados alimentos, como la bollería industrial o las mayonesas que, aún en sus versiones ligeras, son tan calóricas que deben tomarse muy esporádicamente y, si los destinatarios son niños o personas que sigan una dieta, incluso evitarlos.

En cualquier caso, los alimentos “ light ” no son imprescindibles en un régimen de adelgazamiento, y lo ideal para conseguir una rebaja en nuestro peso y después mantenerlo es seguir una dieta equilibrada y hacer ejercicio suficiente.


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