Un nuevo edificio, anejo a los ya existentes en la Cuesta de las Perdices, junto a la carretera de La Coruña, en Madrid, se está levantando en los terrenos del Centro Nacional de Inteligencia (CNI), el antiguo CESID, ahora dirigido por Alberto Saiz. El edificio, que albergará a un centenar de trabajadores del centro del espionaje español, está rematado por un helipuerto.
Y es que, desde la llegada de José Bono al Ministerio de Defensa, el presupuesto para inteligencia, especialmente la exterior, ha crecido en un 30 por ciento, y las contrataciones, por consiguiente, también. En casi quinientos trabajadores de 'la Casa' ha aumentado la plantilla en los dos últimos años, la mayor parte de ellos civiles y con paridad de hombres y mujeres. Apenas hace dos días que veinticinco nuevos 'reclutas' obtuvieron sus diplomas. Muchos de ellos han sido reclutados a través de Internet.
Bajo la batuta de Saiz, las tácticas y estrategias del Centro se han ido renovando, los mismo que el organigrama (ya facilitado hace meses en esta misma publicación). Se acabaron los escándalos y comenzó una etapa de mayor discreción y menos rivalidades internas que en los tiempos de, por ejemplo, el general Javier Calderón. Tan nuevo es el talante que el Centro regala a sus invitados, incluso, unas corbatas con el perfil de un espía y, a las señoras, unos pañuelos con una máscara. El humor, eso sí, que no falte.
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