El diario e-Xclusivo

Gobierno - autonomías: se impone la bilateralidad


Uno de los editores de este diario e-xclusivo mantuvo el pasado viernes una conversación a solas con el vicepresidente de la Xunta gallega, Anxo Quintana, en su despacho en Santiago de Compostela. Encontró a una persona razonable, quizá algo sobrepasada por la magnitud de la tarea que a sí mismo se ha impuesto y que le impone la presión -aún no excesiva- de los suyos. De una conversación quizá excesivamente corta para la cantidad de materias a tratar extrajimos la conclusión inequívoca de que, tras lo ocurrido con Cataluña, nada va a ser igual en adelante en las relaciones entre las comunidades autónomas y el Gobierno central. Se impone, dice el líder del Bloque Nacionalista Galego, una relación de bilateralidad que relega el papel coordinador de organismos como el Consejo de Política Fiscal y Financiera (¿y el que se quiere atribuir al Senado? Ni se lo preguntamos ni nos lo dice).

Eso, por ejemplo; porque cada autonomía querrá, en el futuro, gestio nar su propio porcentaje de la gestión de los impuestos (Galicia no podría soportar gestionar tanto como un 50 por ciento del IRPF), su propia agencia tributaria, tener sus propias conversaciones financieras con el 'Estado central', es decir, con Madrid.

Y ya, del concepto de nación ni se discute. Si en Cataluña va en el preámbulo, en Galicia bien podría figurar en el articulado, va diciendo Quintana, mientras su jefe, el presidente de la Xunta Emilio Pérez Touriño calla y el jefe de la oposición, Alberto Núñez Feijoo , trata de elaborar una estrategia propia, al margen de la de los que mandan en la madrileña calle de Génova.

¿Y en Valencia, ahora que se reabre el Estatut antes pactado, ahora quién sabe si roto el acuerdo? ¿Y en Andalucía? ¿Y...?

De todo esto, claro está, ha de salir un país nuevo. Sin duda, en la voluntad de Zapatero -y de la mayoría de los nacionalistas, confiemos- una sola nación, pero sometida a esquemas de fun cionamiento totalmente inéditos. Lo dicho: una segunda transición, una nueva era, para mal o para bien. Más vale que nos vayamos acostumbrando todos, sugiere Quintana, porque el movimiento es ya irreversible.

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