¿Quién lo decidió, cómo surgió la idea de recoger firmas por toda España para pedir luego al presidente Zapatero que convoque un referéndum? Referéndum ¿sobre qué? Pero ¿puede legalmente celebrarse? Y, si así fuese, ¿no serviría para alejar aún más a los catalanes, que ya tienen su propia consulta sobre el Estatut prevista para septiembre, del resto de los españoles?
No es solamente el presidente del PP catalán, Josep Piqué, quien muestra reticencias ante la iniciativa de su partido de convocar un referéndum, que en principio era contra el Estatut catalán, recogiendo firmas por toda España para tratar, con ellas, de presionar a La Moncloa. En realidad, son bastante los líderes populares con los que hemos hablado que se muestran muy reticentes ante esta iniciativa, dicen que original de Angel Acebes y del propio Mariano Rajoy, que, aseguran, "sólo puede acabar mal" .
Porque, primero, ¿qué es lo que se pide a los españoles que firmen? La pregunta que iría al referéndum se refiere a que si el firmante cree que España es una nación en la que todos sus habitantes tienen igualdad de deberes y derechos. Pues claro. ¿Quién iba a firmar en contra? Ni siquiera los nacionalistas lo harían. Pero la pregunta es, lo saben todos, una salida forzada, de última hora, para no meter en ella al Estatut catalán, que ni siquiera se conoce aún tras los pactos de La Moncloa entre Zapatero y Mas, y que ahora se halla en plena tramitación parlamentaria. No existe todavía, pues, un Estatut definitivo.
Segundo: ¿cuántos han de firmar? ¿Los diez millones de votantes del PP? ¿Serían menos firmas, pongamos cuatro o incluso cinco millones, un símbolo de éxito de esta campaña del PP, o más bien un síndrome de fracaso? Cuando se escriben estas líneas, el PP asegura, en voz baja, contar ya con un millón doscientas mil firmas. Pero muchas de ellas no pueden considerarse válidas por proceder de Internet, donde todo truco, lo han demostrado variados hackers , es posible. ¿Quién certificará la validez de las firmas, qué notario se atrevería a aceptar ese encargo?
La verdad es que la idea, que rondaba desde hace meses, por los pasillos de la sede de Génova, fue una improvisación. A Rajoy se le calentó la boca en un desayuno del Foro Nueva Economía, el 24 de enero. No ha pasado ni un mes y ya son muchos los que dicen en el PP que convendría ir frenando la iniciativa -ya lo anticipábamos la semana pasada-, diciendo que al PSOE le bastaron medio millón de firmas para pedir el referéndum sobre la OTAN. La idea, en principio, no era mala: movilizar a la gente contra un lapsus del Gobierno tan grande como ese Estatut de autonomía catalán, perfectamente innecesario, que tiene de los nervios a casi todos los ciudadanos españoles no catalanes y que ha abierto, también para las otras comunidades autónomas, un melón que va a ser difícil cerrar.
Pero esa idea de Rajoy no ha sido bien ejecutada, admiten dirigentes populares varios: el propio Rajoy gafó la cosa al decir que el PP quería que el referéndum se hiciese en paralelo al catalán. Una locura: ¿qué ocurriría si realmente ambas consultas populares llegasen a celebrarse en paralelo? Pues que los resultados serían contradictorios, y Cataluña habría dado un paso más en el alejamiento de España. Luego, ese desliz, inadmisible en política para casi todos, se ha querido ir difuminando en el olvido. Pero ahí queda.
Ahora, la cosa tiene divididos a los populares. Los ortodoxos quieren seguir recogiendo firmas y oponiéndose frontalmente al Estatut . Los más abiertos, entre quienes no están ni Acebes, ni Zaplana, ni el mismísimo Rajoy, piensan que, al final, el Estatut dichoso saldrá 'constitucionalizado' de las Cortes y que no habrá nada que oponer al texto, excepto sus múltiples deficiencias técnicas. Seguir oponiéndose a algo que aún ni siquiera existe parece poco razonable, te dicen.
Añádase a ello que en la propia ponencia constitucional que está estudiando el Estatut hay recelos. No falta en el PP quien acuse a la joven Soraya Sáenz de Santamaría , responsable de las cuestiones autonómicas en la ejecutiva popular, de exceso de protagonismo, porque ella quiere ser 'la' ponente, excluyendo a otros que tienen cosas que decir en el partido. Y eso, claro, está provocando suspicacias.
Tampoco están las cosas demasiado claras en lo que se refiere a la lucha antiterrorista. Hemos escuchado a más de un dirigente popular que no se puede seguir caminando con el 'no' a cualquier negociación por bandera. Y que la barahunda montada con motivo de la decisión de los fiscales del Supremo, favorable a una acumulación de penas (exigida por la ley entonces vigente, la más favorable al reo) que hará que varios etarras especialmente sanguinarios abandonen pronto la prisión, es injustificada. También lo hizo el Gobierno Aznar, qué remedio. Decir, como algunos dirigentes del PP dicen, que el Gobierno promueve la excarcelación de etarras para facilitar la negociación con la banda terrorista es, cuando menos, temerario, advierten algunos notables populares.
Es este el marco que acoge la Convención del PP a comienzos de marzo. Claro que la controversia, estas discrepancias de fondo, no surgirá públicamente entre los oradores que intervengan en la Convención, que será inaugurada por Aznar, lo que ya da la tónica de por dónde van a ir las cosas. Pero son muchos en el PP los que piensan que el partido ha de discurrir más bien por la vía de la moderación que por la de la confrontación, y eso será palpable en los pasillos de este cónclave, del que ya nos advierten que ni van a salir nombres de recambio para los actuales dirigentes, ni una nueva línea de actuación para el partido, que se muestra "razonablemente satisfecho" (palabras que le atribuyen al asesor Pedro Arriola) de los avances que va logrando en las encuestas, y que le colocan ya a la misma altura que el PSOE.
Pero, claro, ¿qué ocurrirá cuando el PSOE haya superado esta etapa de zozobra (y de mal hacer) con el Estatut y con las negociaciones con ETA? ¿Qué, si la actual era de bonanza económica se prolonga aún unos años? Si el PP no es capaz de ofrecer alternativas positivas, creíbles, ilusionantes, los socialistas volverán a desmarcarse, porque el 'efecto Zapatero' aún no se ha diluído, ni mucho menos. Y ocho años de Zapatero son muchos años, piensan, unánimes -esta vez sí-, todos los populares...
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