Felipe González no desperdicia ocasión de expresar en privado su discrepancia con la política de Rodríguez Zapatero, e incluso en algunas ocasiones también lo dice en público. Aunque sabe muy bien que las afirmaciones que hace en privado llegan finalmente al público y, por tanto, a oídos del presidente del Gobierno, como sucedió con la cena en casa de Jesús Polanco.
En esta ocasión, la cena fue en la embajada de Marruecos, y entre otras personalidades se encontraban los embajadores de Francia y de Arabia Saudita, aparte de personalidades españolas.
Empezaron hablando sobre el terrorismo islamista agudizado por la publicación de caricaturas de Mahoma y de ahí saltaron a la lucha contra ETA. El ex presidente expresó su desconfianza hacia la política de Zapatero respecto a la banda terrorista; dijo que no creía en la buena voluntad de un anuncio de tregua -él mismo se ha definido hace poco, y públicamente, como "un optimista escarmentado" -y advirtió que ETA siempre había engañado a sus interlocutores, sin haberse movido ni un milímetro de sus exigencias de autodeterminación y de crear la gran Euskal Herría, con Navarra dentro. Y, siempre insistiendo en su desconfianza al proceso iniciado por Zapatero, dijo que se sentía pesimista respecto a cualquier tipo de diálogo, entre otras razones porque “ellos son los de siempre, y con las exigencias y la estrategia de siempre, y en cambio los nuestros son novatos en este tipo de negociar con ETA”.
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