El próximo domingo, dos elecciones, en dos países muy lejanos el uno del otro y de características muy distintas, van a acaparar el interés de los analistas del Ministerio de Exteriores (y de los servicios de inteligencia), que siguen muy de cerca ambos procesos.
En Italia, Berlusconi , un hombre que tuvo tan buena sintonía con Aznar como la tiene mala con Zapatero , se juega el fin de su ya largo mandato, salpicado de incidentes y cosas sorprendentes en un líder de un país occidental.
En Perú puede pasar cualquier cosa. Incluyendo el triunfo (sería en una segunda vuelta) de Ollanta Humala , el desconcertante coronel que puede hacer pasar muy malos ratos a las empresas españolas instaladas en aquel país, como Telefónica o la propia Repsol.
Las encuestas que maneja el Gobierno español creen que la alianza para la libertad de Berlusconi perderá frente al Olivo de Prodi . Y que Humala acabaría perdiendo frente a un pacto de las demás fuerzas en la segunda vuelta, en mayo. Un triunfo de este coronel golpista, de tintes autoritarios, serviría para "desestabilizar aún más" toda una zona sobre la que el venezolano Chavez tiene mucha mayor influencia de lo que quisieran los Estados Unidos, España y la Unión Europea en general.
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