El diario e-Xclusivo

Bono, Zaplana y Gallardón: maldición de rumores


La verdad es que nadie ha podido demostrar nada contra ellos, pero eso parece importar poco. El caso es que una extraña maldición parece perseguir a tres personajes, políticos de éxito, con una muy definida representación en sus partidos: José Bono, aún recién dimitido ministro de Defensa; Eduado Zaplana, portavoz parlamentario del Partido Popular, y Alberto Ruiz-Gallardón, alcalde de Madrid.

Los tres han estado en boca de mucha gente por motivos diversos, o acaso no tan diversos. A Bono, desde que abandonó el Ministerio, le han llovido los rumores, algunos publicados: por ejemplo, el de su inminente divorcio. Rumores que ha compartido, por cierto, con Zaplana y con Ruiz Gallardón, y que parece que en ninguno de los tres casos se trata de una noticia cierta. En el caso del alcalde de Madrid, este rumor se salpimentaba con la existencia de una relación que permanecía detenida en Marbella en el curso de la 'operación Malaya'.

De todos ellos, Zaplana está siendo quien peor parado está saliendo: los ataques soterrados contra su persona han incluñido desde la publicación de rumores de que será sustituído en su cargo por el diputado Gustavo de Arístegui -que ha negado indignadamente esta especie-, de que pretende crear un partido de corte centrista en valencia, para enfrentarse a su odiado Camps y, por último, está la denuncia de dos socialistas que afirman haber recogido la versión de un constructor según el cual el entonces presidente de la Generalitat valenciana cobraba comisiones por Terra Mítica, un proyecto faraónico que, al final, costó diez veces más de lo presupuestado. Por último, tanto a Zaplana como a Bono quisieron involucrarlos en difusas relaciones con la construcción de quince mil viviendas en Seseña, en la frontera etre Toledo y Madrid, una urbanización impulsada, dentro de todas las exigencias de la legalidad, por un curioso personaje a quien se apoda 'el pocero' y de quien ya hemos hablado en otras ocasiones en esta publicación.

No están, ciertamente, muy claras las razones por las que estos tres políticos, polémicos dentro de sus partidos, aseguran que con aspìraciones de ascenso en sus respectivas formaciones -ya no es, al menos, el caso de Bono, cuyo represo a la política parece, cuando menos, difícil, una vez que él ha decidido tirar la toalla de manera definitiva-, han sido colocados en la diana. ¿Por quién? ¿Tienen alguna relación los tres casos? Nadie, excepto el presidente Zapatero, se volcó a favor de Bono cuando este decidió, parece que unilateralmente, abandonar el Ministerio de Defensa, en un movimiento que no ha sido bien comprendido por todos. Tampoco Zaplana y Gallardón han obtenido un respaldo unánime en el Partido Popular ante sus últimas tribulaciones: las acusaciones de haber cobrado comisiones por Terra Mítica (que siguen a otras de haber incurrido en irregularidades según el Tribunal de Cuentas), en el caso de Zaplana, y la revuelta originada por los intentos de remodelación futura del Paseo de Recoletos por parte de Ruiz Gallardón, que se encontró enfrente nada menos a que Tita Cervera, la baronesa von Thyssen.

Claro que no ha faltado quien haya querido ver en los ataques -siempre sin pruebas, sin papeles- a los tres políticos una raíz común: los tres sonaban como posibles recambios de su respectivo líder en caso de necesidad. Y ninguno de los tres gozaba de excesivos apoyos dentro de su partido. De Bono ya se sabe que sus relaciones con el resto del Consejo de Ministros eran cuando menos mejorables; Zaplana mantiene muy serios enfrentamientos en la cúpula del PP. Y Gallardón, también sin sólidos respaldos entre las bases, sostiene un largo pulso con la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, a quien algunos quieren ver como eventual reemplazo de Mariano Rajoy ante una derrota electoral en las próximas elecciones generales.

Lo que nadie entiende muy bien es la coincidencia en los ataques a los tres, que todos los rumores hayn sido simultáneos en el tiempo. ¿Existía algún tipo de relación o pacto político entre Bono, Zaplana y Ruiz Gallardón, más allá de las buenas relaciones personales entre los tres? No lo parece, por mucho que algunas mentes malévolas hayan querido ver conexiones de negocio o hasta políticas -un confidencial llegó a aventurar, sin mayor fundamento, que serían perfectos integrantes para un nuevo y necesario partido centrista- entre ellos. Parece, más bien, que han coincidido en ser objeto de la maledicencia de cenáculos y mentideros. Pero lo cierto es que las carreras políticas de los tres se están viendo bastante resentidas por esta proliferación de dimes y diretes. Y las casualidades, cuando son tan repetidas, difícilmente existen.

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