No es nada nuevo que el presidente del Congreso, Manuel Marín , está más que harto de tener que echar la regañina a sus señorías en los plenos por las escenitas que a menudo montan como si fueran colegiales.
Algunas broncas han sido tan sonadas como la que protagonizó hace poco el diputado del PP, Vicente Martínez-Pujalte , que terminó con su expulsión del hemiciclo por orden de Marín, en un hecho sin precedentes en la historia parlamentaria de nuestra democracia.
En las actas que pasan los taquígrafos de los debates para el Diario de Sesiones, hasta ahora ha sido habitual leer entre paréntesis las palabrotas e insultos y los comentarios ofensivos o jocosos que se dedicaban a lanzar sus señorías desde una bancada a otra en el fragor de la batalla. A veces el taquígrafo/a identificaba a su autor y lo añadía, y otras lo dejaba en el anonimato limitándose a transcribir lo escuchado con un impersonal “un diputado exclama….” . Palabrotas, algunas muy gruesas, que no hace falta repetir porque se oyen a menudo en las riñas callejeras.
Pues bien, desde hace unos meses ya no se escuchan con nitidez estos improperios, a no ser que el diputado los haga a voz en grito (que también ocurre, claro). ¿Por qué?. Pues, simplemente porque cuando se ‘modernizó' la Cámara, Marín ordenó eliminar los micrófonos de ambiente. Las broncas quedan reflejadas en las actas, pero sin entrar en detalles.
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