El pulso entre los maragallistas y los montillistas apenas acaba de empezar dentro del partido. Recordemos que el jueves La Vanguardia abría su edición con una entrevista con el ministro de Industria, en la que éste decía que meditaba presentarse candidato a la Generalitat de Cataluña. Pues bien, cabe preguntarse cuáles son sus fuerzas. Quienes se atreven a vaticinar a estas alturas que José Montilla será el próximo candidato a la Generalitat , en lugar de Pasqual Maragall, sólo tienen en cuenta el balance del hasta ahora inquilino de la Casa dels Canoges a lo largo de estos dos años y medio. Se fijan, sobre todo, en el deterioro que la imagen de Cataluña ha sufrido en el resto de España, la inestabilidad creada en el seno del Gobierno
tripartito y el empeoramiento de las relaciones entre el PSOE y el Partit dels Socialistes de Catalunya (PSC), en especial después de la entrada de Zapatero a La Moncloa.
Sin embargo, los augurios de la sustitución de un Maragall otoñal por un Montilla emergente sólo se fijan en el pasado, no en el futuro. La pregunta que quizá deberían formularse antes de cualquier pronóstico los partidarios del relevo debería ser: ¿Tiene más opciones de hacerse con la presidencia de la Generalitat el mejor Montilla que el peor Maragall? ¿Es capaz de cosechar más aplausos y votos el frío, racionalista y desconfiado ministro de Industria que el carismático, simpático, ocurrente y caótico Maragall?
Otra pregunta para los aficionados a la cábalas: ¿Estará dispuesto Maragall, antes conocido como “la gota malaya” por su pertinaz tozudez, a ceder el testigo en contra de su voluntad si logra una participación del 55% en el referéndum y un 60% de síes ? En la ejecutiva nacional del PSC, Pasqual Maragall siempre ha contado con dos personas de su absoluta confianza, su hermano Ernest y Antoni Castells , que fue responsable de Economía del partido y catedrático de Hacienda Pública de la Universidad de Barcelona antes de ser nombrado consejero de Economía y Finanzas. Pero este último ya ha dicho que prefiere que Maragall no repita.
Los apoyos de Maragall
Montserrat Tura, consejera de Interior, y Joaquim Nadal , consejero de Obras Públicas y portavoz del Gobierno desde la instauración del tripartito, son dos pesos pesados del Ejecutivo catalán que cuentan con amplia confianza de Maragall.
Un caso aparte constituye Josep Maria Vallès , consejero de Justicia. Ex jesuita, con fama de envolver su puño de hierro con guante de seda, fundó Ciutadans pel Canvi (Ciudadanos por el Cambio), una plataforma política que ha presidido hasta hace dos semanas, con la intención de apoyar electoralmente las campañas de Maragall en pos de la presidencia de la Generalitat . Ciutadans pel Canvi forman grupo parlamentario con el Partit dels Socialistes en la cámara autonómica, pero son vistos por el aparato del PSC con parecido resquemor al que deben sentir los cuadros medios convergentes hacia sus homólogos de Unió Democràtica.
Dentro y fuera del PSC, los intelectuales y profesionales liberales maragallistas de Ciutadans pel Canvi son descritos peyorativamente como Ciutadans pel Càrrec (Ciudadanos por el Cargo). Un modo nada ambiguo de acusarlos de aprovecharse del trabajo de organización y de la engrasada maquinaria socialistas para medrar en la estimulante vida política catalana. En cualquier caso, CpC es un colectivo minoritario, ajeno al partido socialista y, por tanto, sin ninguna posibilidad de decidir sobre el futuro candidato a la presidencia de la Generalitat , aunque como ya hemos informado en este diario ha llegado a amenazar con romper su alianza con el PSC si Maragall no es finalmente el candidato del partido.
Los apoyos de Montilla
Las máquinas y la cocina electoral del PSC están controlada por hombres afines al primer secretario Montilla. Desde Miquel Iceta , viceprimer secretario y portavoz del partido y del grupo socialista en el Parlament , que fue el primero en apuntar en público a su jefe de filas como probable alternativa al hasta entonces intocable Maragall. Hasta Joan Ferran , primer secretario de la Federación de Barcelona del PSC, opuesto a la decisión de Maragall de ceder la alcaldía de Barcelona a Joan Clos . Pasando por José Zaragoza , secretario de organización del PSC y alumno aventajado de Josep María Sala , secretario de formación y que ha optado por una discreta aunque productiva tercera fila en el partido, desde que fue condenado e indultado por el caso Filesa, el escándalo sobre financiación ilegal que golpeó a los socialistas a mediados de los noventa.
Todos ellos canalizan las inquietudes de los denominados capitanes. La mayoría de los capitanes ocupan alcaldías o concejalías de localidades grandes y medianas de Cataluña, los pilares sobre los
que se ha construido el PSC. Generales más que capitanes son el influyente Celestino Corbacho , presidente de la diputación de Barcelona y alcalde de L'Hospitalet de Llobregat, la ciudad no capital
de provincia más poblada de España, o la popular Manuela de Madre , ex alcaldesa de Santa Coloma de Gramenet, que ha conseguido encandilar tanto a Alfonso Guerra como a Felipe González , así a Zapatero como a Maragall, de quien es vicepresidenta en el PSC. Buena parte de ellos nacieron fuera de Cataluña o son hijos de emigrantes (los “charnegos” Montilla, De Madre, Corbacho) y representan en el partido al sector menos catalanista. Enfrente, pero siempre por delante, se han encontrado siempre con descendientes de la burguesía ilustrada y liberal de Barcelona: Joan Reventós, Narcís Serra, Raimon Obiols, Pasqual Maragall, Isidre Molas, Anna Balletbó...
Unos aportaban el trabajo de campo en los cinturones industriales y coordinaban a los militantes. Y los
otros presidían los mítines, cultivaban las relaciones con los poderes fácticos de dentro y fuera de Cataluña y ocupaban los escaños y todas las presidencias posibles en las instituciones catalanas, españolas y europeas. Obreros y burgueses, en campos muy delimitados, dentro de un partido de innegable vocación progresista.
La decadencia de Pasqual Maragall hace albergar esperanzas a los eternos aspirantes a que se cambien algún día las tornas en un partido que se siente y proclama de izquierdas.
|