Pues no, que sepamos. Hizo apenas una alusión a que "vivimos tiempos difíciles". Pero no hubo bronca, ni podía haberla. Y fuentes cercanas a la nunciatura también desmienten que hubiese 'segundas intenciones' en la lectura del mensaje final del Papa, cuando ya estaba a punto de embarcar en el avión de vuelta, en el que comenzaba saludando a los reyes y al presidente del Gobierno, clamorosamente ausente.
Era, simplemente, el papel que le habían escrito, porque Ratzinger no domina el castellano lo suficientemente bien como andarse con ese tipo de sutilezas que le quieren atribuir algunos, nunca mejor dicho, más papistas que el Papa.
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