No habrá cárcel para los automovilistas que corran demasiado o que se salten el Código en materias que no incluyan un exceso peligroso de alcohol, por ejemplo.
El fiscal general del Estado va a impartir órdenes a los fiscales para que no extremen su celo en el cumplimiento de lo que va a dictar la reforma del Código Penal, que efectivamente prevé la prisión para los conductores temerarios.
Y ya se sabe que entre los temerarios se incluye a quien circule a noventa kilómetros por hora en ciudad, por ejemplo. ¿Merece eso nada menos que la cárcel? Menos mal que el fiscal piensa que no.
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