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Adolfo Suárez Illana, tras aparcar temporalmente su labor política, parece dado a saciar su afición taurina cada vez con más frecuencia. La última ocasión de mostrar sus aptitudes fue el pasado martes en la localidad madrileña de Chinchón.
Se le nota placeado, seguro y excesivamente frío en el ruedo. La seguridad, sin duda, se debe a la cantidad de horas invertidas en el campo. La afición, contagiada por su familia política, podría traerle algún que otro sinsabor si no toma precauciones.
Tan confiado se muestra en la cara de los novillos, que el hijo del ex-presidente resultó prendido hasta en dos ocasiones.
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