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Los ministros de Transporte de la UE alcanzaron un acuerdo
político sobre una directiva que permite imponer sanciones penales pero de manera
voluntaria a los responsables de vertidos contaminantes al mar. Aunque el texto
inicial propuesto por la vicepresidenta de la Comisión, Loyola de Palacio, imponía
las sanciones, la presión de los países con intereses navieros, encabezados por
Reino Unido, Países Bajos, Dinamarca y Grecia, obligó a suavizarlo y a hacer voluntarias
las sanciones. España, Francia, Portugal e Italia calificaron este compromiso
como un "acuerdo de mínimos" que podría haber ido mucho más lejos. Los
ecologistas consideran el acuerdo "escandaloso", porque "sucumbe a los
intereses de los lobbys del petróleo". Diariocrítico (Madrid)
La
mayoría de los Estados miembros rechazaron que la imposición de sanciones penales
sea obligatoria, como preveía el texto original, porque consideran que la UE no
tiene competencias en esta materia. Por otro lado, también hay un vacío
jurídico en la definición de las sanciones, que la tiene que decidir ahora
el Consejo de Justicia e Interior de la Unión. Para expresar su protesta,
la Comisión Europea hizo pública una declaración en la que subraya que "el
texto de compromiso del Consejo no alcanza el nivel de ambición de su propuesta
en lo que se refiere al efecto disuasivo buscado en materia de prevención y de
lucha contra la polución marina". Loyola de Palacio recordó
que en la cumbre de Bruselas de marzo de 2003, los jefes de Estado y de gobierno
de los Quince reclamaron el establecimiento de "un sistema de sanciones, incluidas
las sanciones penales". Según dijo, el acuerdo final "debilita" sus
propuestas, y podría no ser suficiente para evitar nuevas catástrofes como la
del Prestige. La ministra de Fomento española, Magdalena Álvarez,
calificó de "paso adelante" el compromiso, aunque subrayó que se trata
de un "acuerdo de mínimos". "Nuestra propuesta era más exigente, queríamos
haber ido más allá, pero a la vista del posicionamiento del resto de países, más
vale ir avanzando que salir de la reunión sin haber conseguido nada", resumió.
"Equilibrio razonable" En el mismo
sentido se expresaron los representantes de Francia, Italia y Portugal, que junto
con España, suscribieron una declaración conjunta en la que califican de "equilibrio
razonable" y "mejora" el texto final, aunque destacan que "el Consejo
podría haber ido más lejos". La directiva aprobada, subrayan los cuatro países,
"no impide la utilización por parte de los Estados miembros de todas las facultades
que los instrumentos internacionales les otorgan para la protección de las zonas
marítimas que se encuentran bajo su jurisdicción". Esta directiva
es la última de las iniciativas que se tomaron tras la catástrofe del Prestige,
junto con el aumento de inspecciones en los puertos y las sociedades clasificatorias,
y la prohibición de trasportar fuel pesado en buques monocasco. Su principal novedad
respecto a la Convención Internacional MARPOL para la prevención de la polución
causada por buques, que está en vigor, es que prevé que se castiguen no sólo las
infracciones voluntarias o fruto de la imprudencia temeraria, sino también la
negligencia. No obstante, los Veinticinco han reducido el alcance de
esta novedad, ya que según el compromiso final, sólo podrán sancionar los comportamientos
negligentes cuando se cometan dentro de las 12 millas de las aguas territoriales
de un país. En las 200 millas del área económica exclusiva, tanto el armador,
como el capitán del barco y la tripulación a su cargo quedarán exentos de responsabilidad.
Otro avance destacado es que la normativa comunitaria extiende las sanciones
a toda la cadena de responsables, incluidas las sociedades clasificadoras, y no
sólo a armador y capitán, como sucede en MARPOL. Además, la Convención no menciona
el tipo de sanciones que se debe imponer a los infractores, mientras que el texto
de la UE habla de sanciones "administrativas" o "penales", aunque
sean voluntarias. Por último, cuando existan pruebas objetivas de que
un buque que navegue en las aguas territoriales o en la zona económica exclusiva
de un país esté provocando una contaminación grave, las autoridades de ese país
estarán obligadas a tomar medidas, "incluida la detención del buque".
Efectos negativos Tras las enminedas finales introducidas
por la presidencia que suavizaban el texto, sólo Grecia y Malta y Chipre reiteraron
su oposición al compromiso, señalando que "tendrá efectos muy negativos sobre
los buques y disuadirá a los jóvenes de trabajar en el sector". Por su parte,
una vez conseguidos su objetivos, tanto Reino Unido como Dinamarca levantaron
explícitamente sus reservas e hicieron posible el acuerdo. Durante el
debate, el representante de Grecia lanzó una andanada contra España por mantener
detenido al capitán del Prestige "porque ya ha recibido garantías sobre
el proceso judicial". La ministra de Fomento respondió que "la rapidez
en juzgar a capitán no depende del gobierno español sino del poder judicial y
el gobierno no puede inmiscuirse". El director de Greenpeace España,
Juan López de Uralde, criticó la decisión de los ministros de Transporte
de la Unión Europea asegurando que "es un escándalo" y una vez más "ha
sucumbido a los intereses de los lobbys del petróleo y las navieras" porque
"no hay un cambio en el régimen de la responsabilidad y las sanciones no cubren
todos los costes" en casos como el del Prestige. Además alertó del
aumento de 'buques basura'.
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