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Existe una cierta controversia en torno a si el debate sobre
la orientación política del Gobierno de Cantabria, celebrado
ayer en el Parlamento regional, es el último de este tipo
de la legislatura, que lo es, o el primero de la precampaña
electoral. Si hacemos caso de lo dicho en sus discursos,
tanto por el presidente del Gobierno, Miguel Ángel Revilla,
como por el líder de la oposición, el 'popular' Ignacio
Diego, las elecciones no estarían a 11 meses vista,
sino a la vuelta de la esquina.
El presidente del Gobierno cántabro advirtió al líder del
PP que le iba a gustar los que tendría que oír "desde
esta misma tribuna el año que viene", dejando claro
así que no solo será candidato, que lo es ya oficialmente,
sino que piensa repetir como presidente. No es un deseo
que oculte. Miguel Ángel Revilla ha dicho que le gustaría
volver a ocupar la presidencia del Ejecutivo regional porque
todavía queda tarea. Eso si, añadiendo a renglón seguido,
en lo que parece un guiño para insuflar tranquilidad a sus
socios socialistas, que la próxima será su última y definitiva
comparecencia ante las urnas. El retiro de Revilla deja
vía libre hacia la presidencia a la socialista Lola Gorostiaga,
si no es que los ciudadanos deciden en las urnas otra cosa.
Ignacio Diego, también oficialmente candidato del PP a la
presidencia del Gobierno, no quiso quedarse fuera del toma
y daca preelectoral. El dirigente conservador remachó un
discurso catastrofista, con el que negó el pan y la sal
al Gobierno de coalición, con la afirmación rotunda de que
las cosas cambiarán cuando gobierne el PP. Primero le había
espetado a Revilla que no fuera pidiendo prórrogas de mandato,
a los que el presidente regional le contestó que nunca se
le ocurría tal cosa. "A ustedes yo no los pido ninguna
prórroga, pero a los cántabros si".
Con prórroga o sin prórroga lo cierto es que Revilla dejó
meridianamente claras cuales son sus preferencias en el
día después de que hablen las urnas. Si los resultados lo
permiten se reeditará el Gobierno de coalición, porque considera
que ha funcionado bien y que todavía queda tarea por hacer.
A los consejeros socialistas, especialmente las titulares
de Educación y Sanidad, dedicó los mayores elogios el presidente
Revilla durante su larga intervención matutina: dos horas
y 40 minutos.
El principal problema de futuro del PP es que necesitando
los votos del PRC para volver a gobernar Cantabria, sus
estrategas electorales mantienen como prioridad la necesidad
de frenar la sangría de sus votos hacia el regionalismo.
Y para ello ha recurrido a la descalificación, la brocha
gorda en la crítica y las acusaciones genéricas al líder
regionalista y presidente del Gobierno. Una estrategia que
en el pasado ya utilizó, con pésimos resultados, el PSOE,
que también pensaba que el PRC le restaba votos propios.
Pero parece obvio que a un partido de corte regionalista,
centrista y con cierto aire populista, le 'caigan' por igual
votos provenientes de la izquierda que de la derecha. Sobre
todo de aquellos electores que buscan hechos más que palabras.
Por eso quizás Revilla dedicó tan largo discurso, retransmitido
a toda Cantabria por las cadenas locales, a inventariar
lo hecho, sin florituras ni adornos oratorios. La caña,
querida y esperada entre los más files, la dejó para la
sesión de tarde, donde la intervención apocalíptica de Diego
le dio margen suficiente para devolver la pelota con crudeza,
pero pareciendo moderado ante la inmoderada agresividad
del portavoz del PP.
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