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El mundo entero está pendiente
de las que se perfilan como las últimas
horas de vida de Juan Pablo II. Los
creyentes no dejan de rezar por el Sumo
Pontífice, quién, consciente de su estado,
ha solicitado que le sean leídos algunos
fragmentos de las Sagradas Escrituras.
30/03/2005
A. MARTÍN LARIOS
A
pesar de su delicado estado, el Sumo
Pontífice ha rehusado ser internado
nuevamente en el Policlínico Gemelli
de la capital italiana, donde ha sido
internado en dos ocasiones durante este
año. Entre las razones de la negativa
se encuentra el temor del Papa a que
se repitan las polémicas fotografías
realizadas en un centro hospitalario
de un Pio XII agonizante y difundidas
a su muerte.
Karol Wojtyla ha solicitado que le sean
leídos ciertos fragmentos de las Sagradas
Escrituras que, con constantes referencias
a la vida eterna y a la resurrección,
demuestran su clara conciencia de la
situación que atraviesa. Éstos son algunos
de ellos:
Oh, Dios, ven a salvarme.
Señor, ven pronto en mi ayuda
Gloria al Padre y al Hijo Y al Espíritu
Santo.
Come era al inicio, y ahora y siempre,
Por los siglos de los siglos. Amen.
Aleluya.
Oh, Spíritu Santo, uno con el Padre
y el Hijo,
desciende hacia nosotros
en la intimidad de los corazones.
Voz y mente se ponen de acuerdo
al ritmo de la alabanza,
que tu fuego se una en un alma sola.
Oh, luz de sabiduría revélanos el misterio
de Dios,
fuente eterna de Amor. Amén.
Cristo ha resurgido entre los muertos
y vive la vida eterna. Aleluya.
IV (Daleth) 118, 25-32
Mi alma está pegada al polvo:
reanímame con tus palabras;
te expliqué mi camino, y me escuchaste:
enséñame tus leyes;
instrúyeme en el camino de tus decretos,
y meditaré tus maravillas.
Mi alma llora de tristeza,
consuélame con tus promesas;
apártame del camino falso,
y dame la gracia de tu voluntad;
escogí el camino verdadero,
deseé tus mandamientos.
Me apegué a tus preceptos,
Señor, no me defraudes;
correré por el camino de tus mandatos
cuando me ensanches el corazón.
Salmo 75, 2-13 I (2-7)
Dios se manifesta en Judá,
su fama es grande en Israel;
su tabernáculo está en Jerusalén,
su morada en Sión:
allí quebró los relámpagos del arco,
el escudo, la espada y la guerra.
Tú eres deslumbrante, magnífico,
con montones de botín conquistados.
Los valientes duermen su sueño,
y a los guerreros no les responden sus
brazos.
Con un bramido, oh Dios de Jacob,
inmovilizaste carros y caballos.
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