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Tras la muerte de un Papa en
el Vaticano se llevan a cabo toda una
serie de actos protocolarios, algunos
de ellos dictados por la tradición religiosa,
pero otros muchos resultado de las normas
establecidas por los propios Pontífices
a lo largo de la historia de la Iglesia
católica.
01/04/2005
Diariocrítico
Nada
más recibir la noticia del fallecimiento,
el camarlengo deberá confirmarla oficialmente
con un viejo rito que consiste en golpear
tres veces la frente del Pontífice con
un martillo de plata, que figura en
el escudo de armas pontificio, mientras
llama al difunto por su nombre de pila.
El acto debe realizarse en presencia
del maestro de celebraciones litúrgicas
y del secretario y canciller de la Cámara
Apostólica. Este último, es el encargado
de rellenar el acta de defunción del
Pontífice. A continuación, el camarlengo
deberá cerrar con llame la habitación
del Papa y su estudio. Estos aposentos
no podrán abrirse hasta que no se elija
un nuevo Papa.
Hecho esto, el camarlengo, en esta ocasión
el español Eduardo Martínez
Somalo, notificará la muerte del
Santo Padre al vicario de Roma, quien
transmitirá a su vez la noticia al pueblo
de Roma. En ese momento, se abrirá a
medias la puerta de bronce del Vaticano
y las campañas de la Basílica de San
Pedro comenzarán a sonar.
Por otra parte, tras el anuncio oficial,
comienzan los preparativos del cuerpo
del Pontífice, quien tras ser preparado
por los médicos, será vestido con los
símbolos pontificios: la mitra blanca
en la cabeza, la 'casulla', es decir,
el manto que utiliza cuando celebra
misa de color rojo, que es el color
de luto de los Papas, y el palio, una
faja de lana blanca con cruces negras,
símbolo de dignidad.
Una vez concluídos estos preparativos,
el cuerpo se expondrá para que los fieles
puedan rendirle un último homenaje durante
tres días en la Basílica de San Pedro.
En cuanto a la capilla ardiente las
normas son muy estrictas y aunque se
podrá ver al Pontífice no se podrán
tomar fotografías si no se cuenta con
la autorización expresa del camarlengo,
quien no obstante podrá autorizar fotografiar
el cuerpo con fines de documentación.
Los solemnes funerales del Papa se celebran,
por norma general, tres días después
de la muerte. En ese periodo, el colegio
cardenalicio, que debe dirigir la Iglesia
mientras se designa a un sucesor, debe
decidir el momento en el que se retira
el 'anillo del pescador', que representa
al Apóstol San Pedro, y el sello de
plomo con el que se expiden las cartas
apostólicas.
Hasta el momento de los funerales, los
forenses del Instituto de Medicina Legal
de la Universidad de Roma serán los
encargados de velar por la buena conservación
del cuerpo del Pontífice. Antiguamente,
para su mejor conservación se retiraban
los órganos internos que se introducían
en ánforas especiales que se depositaban
en las iglesias de los Santos Anastasio
y Vincenzo, en la Fontana de Trevi.
Todavía hoy se conservan las ánforas
de 22 Papas entre 1390 y 1903, pero
el Papa Pio X abolió esta tradición.
Misa
La "Missa poenitentialis", es decir,
el funeral, se celebrará en San Pedro
y a él se espera que acudan delegaciones
de todo el mundo. Corresponde a la Santa
Sede fijar el nivel de las delegaciones
que acudirán a los actos. Terminada
la misa, los restos mortales son introducidos
en una triple caja --una de ciprés,
otra de plomo y una de nogal--, y sepultado
en las grutas vaticanas. En cuanto al
modo en el que se les da sepultura,
son los propios Pontífices los que eligen
cómo quieren que se les entierre.
No obstante, han sido muchos los Papas
que han sido enterrados fuera del Vaticano,
algunos de ellos porque murieron lejos
de allí. El último de ellos fue León
XIII, Inocenzo Gioacchino dei
conti Pecci, fallecido en 1903 y
sepultado en la Basílica de San Juan
in Laterano.
Por otra parte, si el Sumo Pontífice
difunto ha hecho testamento de sus cosas,
dejando cartas o documentos privados,
y ha designado un ejecutor testamentario,
corresponde a éste establecer y ejecutar,
según el mandato recibido del testador,
lo que concierne a los bienes privados
y a los escritos del difunto Pontífice.
Dicho ejecutor dará cuenta de su labor
únicamente al nuevo Papa.
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