El Papa, enterrado en las grutas vaticanas tras un multitudinario funeral en San Pedro


El Papa Juan Pablo II fue enterrado este viernes en las grutas vaticanas, en presencia de unos pocos cardenales y al término de una multitudinaria Misa de funeral celebrada en el Sagrado de la Basílica de San Pedro, a la que asistieron cientos de miles de personas y más de 200 personalidades de todo el mundo. Como dicta la tradición, el cuerpo de Karol Wojtyla fue inhumado dentro de un ataúd de ciprés, colocado a su vez dentro de un segundo de plomo, para evitar la humedad, y un tercero de nogal. Durante los funerales, el decano del Colegio Cardenalicio, cardenal Joseph Ratzinger, afirmó en la homilía que el fallecido Pontífice "dio nueva frescura, una nueva actualidad, nuevos atractivos al anuncio del Evangelio" y "ofreció su vida a Dios en favor de su rebaño y de toda la familia humana, sobre todo en las difíciles pruebas de los últimos meses".


07/04/2005
Diariocrítico/Agencias/Roma

La Misa funeral comenzó puntualmente, a las 10:00 de la mañana, con la colocación ante el altar de los restos mortales del Pontífice en el ataúd de ciprés. El féretro fue trasladado posteriormente a hombros de los 'sediarios' hasta el Sagrado de San Pedro y colocado en el centro de la escalinata, con un ejemplar de los Evangelios encima y, en su interior, dentro de un tubo de plomo, el 'rogito', las dos hojas de pergamino que cuentan la biografía de Juan Pablo II.

Este documento, leído por el Maestro de Ceremonias Pontificias, el arzobispo Piero Marini, incluye la fecha y la hora de la muerte de Juan Pablo II --2 de abril a las 21:37--, y recuerda que "el pontificado de Juan Pablo II ha sido uno de los más largos de la historia", cubriendo un periodo durante el cual "se han producido muchos cambios, como la caída de algunos regímenes, a lo que él mismo contribuyó". También cuenta que el Papa, "con el objetivo de anunciar el Evangelio, realizó numerosos viajes a varias naciones", y concluye con la frase: "Juan Pablo II ha dejado a todos un testimonio de piedad, vida santa y paternidad universal".

La homilía

El momento más importante del acto fue la lectura de la homilía, que corrió a cargo de Ratzinger. "Hoy depositamos en la tierra, como semilla de inmortalidad", los restos de Juan Pablo II, clamó el cardenal alemán en el inicio del sermón. "El corazón está lleno de tristeza, pero también de feliz esperanza y de profunda gratitud", continuó. Son estos "los sentimientos de nuestro ánimo", prosiguió.

"El Papa ha sufrido y amado en comunión con Cristo; por ello, el mensaje de su sufrimiento y de su silencio ha sido tan elocuente y fecundo", continuó Joseph Ratzinger. "Nuestro Papa, lo sabemos todos, nunca ha querido salvar la propia vida, tenerla para sí mismo. Ha querido darse a sí mismo sin reservas hasta el último momento", aseveró Ratzinger, quien en esos momentos fue interrumpida por los aplausos de la multitud. Ratzinger recordó el pasado de Juan Pablo II como trabajador en una fábrica química, en la que, "rodeado y amenazado por el terror nazi, sintió la voz del Señor: ¡Sígueme!".

Posteriormente repasó la juventud y los estudios del Papa, y explicó cómo, en un contexto tan difícil como el de la Segunda Guerra Mundial, Wojtyla "comenzó a leer libros de filosofía, de teología, entró posteriormente en el seminario clandestino creado por el cardenal Sapieha y tras la guerra completó sus estudios en la facultad de teología de la Universidad Jagellonica de Cracovia". Entró en el sacerdocio, recordó, el 1 de noviembre de 1946.

Wojtyla "ofreció su vida a Dios en favor de su rebaño y de toda la familia humana, en una donación diaria al servicio de la Iglesia y, sobre todo, en las difíciles pruebas de los últimos meses", lo que le acerca a Cristo, "el buen pastor que ama a sus ovejas", continuó Ratzinger, quien destacó que el Papa "dio nueva frescura, una nueva actualidad, nuevos atractivos al anuncio del Evangelio". "Podemos estar seguros de que nuestro amado Papa está junto a la ventana de la Casa del Padre, que ve y bendice. ¡Así, bendícenos, Santo Padre!", concluyó la homilía, leída en italiano.

Tras la homilía y del credo, llegó la 'Plegaria Universal', que incluyó peticiones en francés, suahili, tagalo, polaco, alemán y portugués. En francés, los celebrantes pidieron por el Papa; en suahili, por la Iglesia; en tagalo, por los pueblos de todas las naciones; en polaco, por las almas de todos los pontífices; en alemán, por los difuntos y en portugués por los presentes en la ceremonia.

Las lecturas de la Misa también fueron leídas en diferentes idiomas. La chilena Alejandra Correa leyó un texto de los 'Hechos de los Apóstoles' en español, el 'Salmo responsorial' fue leído en latín por el joven brasileño Marcos Pavan y la segunda lectura, la 'Carta de San Pablo a los Filipenses', fue leída en inglés por John G. McDonald.

A lo largo de la homilía, los fieles interrumpieron hasta en 13 ocasiones con aplausos las palabras de Ratzinger, y en el momento de la súplica para que Dios acogiera el alma de Juan Pablo II, numerosos asistentes gritaron "Santo, Santo" durante varios minutos. Algunas pancartas escritas en italiano también pedían la canonización de Juan Pablo II lo antes posible.

Entierro

Terminada la Misa, a las 12:30 horas, el féretro fue llevado en procesión a través de la puerta de Santa Marta hacia las grutas vaticanas, únicamente acompañado por algunos cardenales y en medio de los sonoros aplausos de los fieles congregados en la Plaza de San Pedro. En las grutas se realizó la inhumación, en la capilla donde se encontraba enterrado Juan XXIII hasta que fue proclamado beato por el propio Juan Pablo II. A las 14:20 horas, su cuerpo recibió sepultura.

El Papa dejó escrito que quería ser enterrado en la tierra y que sobre él se colocase únicamente una lápida de mármol y no un sarcófago. La inhumación se celebró ante unos pocos cardenales y no fue transmitida por las televisiones. Como manda la tradición, el cardenal Camarlengo, Eduardo Martínez Somalo, recitó en la capilla el Canto 'Salve Regina' y se procedió a la inhumación. El último paso fue cerrar la tumba con una lápida de mármol blanco con la leyenda 'Johannes Paulus P.P. II'.

Tras el sepelio, el portavoz del Vaticano, Joaquín Navarro Valls, contó ante los periodistas, en la sala de prensa de la Santa Sede, la anécdota de que "Juan Pablo II es el único Papa enterrado entre dos mujeres", concretamente entre las reinas Cristina de Suecia y Carlota de Chipre. Asimismo, afirmó que las grutas vaticanas podrían ser abiertas al público a partir del próximo martes.

300.000 personas, diez reyes y 57 jefes de Estado

El Vaticano informó por la tarde de que 300.000 personas asistieron a los funerales de Juan Pablo II en la Basílica de San Pedro, mientras que otras decenas de miles lo siguieron por las pantallas gigantes distribuidas en varios puntos de Roma.

Según los datos de la Santa Sede, participaron en la Misa de exequias por el Santo Padre monarcas reinantes de diez países, 57 jefes de Estado, tres príncipes herederos, 17 jefes de gobierno, los líderes de tres organizaciones internacionales y representantes de otras diez, tres esposas de jefes de Estado, ocho vicepresidentes de Estado, seis viceprimeros ministros, cuatro presidentes de Parlamentos, doce ministros de Asuntos Exteriores, otros trece ministros y embajadores de 24 países.

Entre las delegaciones religiosas participaron 140 personas, entre ellas representantes de las Iglesias Ortodoxas, de las Iglesias Orientales Ortodoxas, de las Iglesias y comuniones eclesiales de Occidente, organizaciones cristianas internacionales, la Asociación Nacional de Evangélicos, representantes del Judaísmo, del Islam y delegaciones de otras religiones no cristianas.

Asismimso, al rito asistieron, entre otros, los 164 cardenales, el celebrante de los funerales Joseph Ratzinger, decano del Colegio Cardenalicio; el camarlengo de Santa Iglesia Romana, Eduardo Martínez Somalo; el anterior secretario de Estado, Angelo Sodano; el vicario para la diócesis de Roma, Camillo Ruini; el arcipreste de la Basílica Vaticana, Francesco Marchisano, y los arzobispos Stanislaw Dziwisz, secretario personal del Santo Padre, y James Harvey, prefecto de la Casa Pontificia.

Volver