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Cambio
de Gobierno ordenado, con un talante
de diálogo y de humildad, pero cambio
total. Es el mensaje fundamental
que José Luis Rodríguez Zapatero
ha lanzado en su primera comparecencia
informativa tras las elecciones
generales. Un mensaje de tranquilidad
y de confianza de cara a inversores
y empresarios para asegurarles que
no habrá cataclismos, que España
no se va a romper tal, contrariamente
a lo que anunciaba Aznar. Zapatero
quiere inaugurar una nueva etapa
de Gobierno en solitario -no habrá
coalición de Gobierno, sino pactos
puntuales- con un talante cohesionador
que se iniciará con una entrevista
con el lehendakari Juan José
Ibarretxe. Bush no felicitó
a Zapatero hasta la tarde de este
lunes y las tropas españolas volverán
de Irak.
Manuel Ángel Menéndez/Diariocrítico
(Madrid)
Máxima expectación informativa ante
la primera rueda de prensa convocada
por el secretario general del PSOE,
José Luis Rodríguez Zapatero,
tras ganar las elecciones generales
a su rival del PP, Mariano Rajoy.
Hasta un total de 35 cámaras de
televisión se dieron cita en la
sala donde suele reunirse el Comité
Federal del PSOE en Madrid, habilitada
para la prensa en esta ocasión.
Abundantes medios extranjeros -impresionante
el despliegue informativo latinoamericano-
para escuchar las prioridades que
Zapatero se va a marcar en su primera
etapa de Gobierno.
Previamente, la Comisión Ejecutiva
Federal del PSOE mantuvo una breve
reunión para analizar los resultados.
Todo eran alegrías y festejos y
una petición de Zapatero a sus compañeros
de Ejecutiva: "Ahora más que
nunca hay que ser humildes".
Las felicitaciones por el triunfo
se agolpaban en el despacho del
secretario general socialista, pero
entre las felicitaciones faltaba
una: la del presidente de Estados
Unidos, George Bush, que
parecía no haber digerido
la derrota de su 'socio' José
María Aznar. Zapatero no quiso
confirmar directamente en la conferencia
de prensa que no le había llamado
Bush: "No quiero equivocarme,
tengo que repasar la lista",
respondió con elegancia a una pregunta
al efecto. Sin embargo, un par de
horas después de la rueda
de prensa, Zapatero recibió
la llamada de Bush, según
informó el portavoz de la Casa Blanca,
Scott McClellan. "Ambos
líderes dijeron que esperaban poder
trabajar juntos particularmente
para luchar contra el terrorismo",
dijo McClellan, y añadió
que Bush también telefoneó al presidente
del Gobierno saliente, José María
Aznar, "para agradecerle su apoyo
y su amistad".
Cambio radical, pero con diálogo
Ya metidos en harina, Zapatero ha
anunciado que a partir de ahora
se abre una etapa de cambio total
en la política española: "Van
a cambiar muchas cosas", dijo,
pero desde un talante basado en
la negociación y de respeto a las
decisiones opuestas, todo lo contrario
de lo que ha sido habitual en esta
última legislatura del PP. Consciente
de que sus votos son en gran medida
'prestados' -del PP, por un lado,
pero también de IU, que ha sufrido
las consecuencias del llamado 'voto
útil'-, Zapatero prometió "hacer
un gobierno para todos los españoles".
Un cambio también en el talante
que traerá consecuencias inmediatas
en la estructura territorial de
España: el líder socialista habló
en la misma noche electoral con
el lehendakari vasco, Juan
José Ibarretxe, a quien ha emplazado
para una reunión institucional nada
más proceder al cambio de inquilino
en la Moncloa. La de Ibarretxe será,
probablemente, la primera entrevista
que mantenga Zapatero al frente
del Gobierno con presidentes autonómicos.
Se va a reunir con los 17 responsables
de las Autonomías y, después,
va a convocar una Conferencia autonómica
para repasar los problemas y tensiones
existentes en la vertebración de
España.
En el fondo de la propuesta subyace,
obviamente, el 'plan Ibarretxe',
pero también las peticiones de reforma
de estatutos planteadas por Andalucía
y Cataluña. Pero que nadie se engañe:
Zapatero convocará esas reuniones
con talante abierto, con espíritu
dialogante, sí, pero con firmeza
en cuanto a la estabilidad y la
cohesión interterritorial. Es decir,
que ha tenido mucho cuidado en anunciar,
aún sin decirlo, que España no se
va a romper.
Gobierno monocolor con apoyos
puntuales
El presidente entrante se ha fijado
dos prioridades nada más llegar
a la Moncloa: colaborar con el Gobierno
de funciones en la lucha antiterrorista,
punto en el que ha pedido a Aznar
que convoque inmediatamente a todas
las fuerzas políticas para asumir
un pacto de Estado contra los mensajeros
del terror, y, segundo, formar un
gobierno monocolor "eficaz, solvente,
austero, dialogante y tolerante".
Es decir, nada de sueños repetitivos
sobre 'tripartitos' a la catalana.
Fue un clarísimo mensaje a la IU
de Gaspar Llamazares y a la ERC
de Carod-Rovira. En todo
caso, Zapatero pactará puntualmente
con unos y con otros, y sin descartar,
por cierto, al PP para las grandes
cuestiones de Estado.
En la lucha antiterrorista, Zapatero
ya ha anunciado un giro sustancias
respecto a la política de su predecesor
Aznar: se acabaron las veleidades
pronorteamericanas y España va a
volver a mirar a la 'vieja Europa'.
N disgusto, sin duda, para la Estados
Unidos de George Bush, pero un alivio
para el eje París-Berlín. El nuevo
Gobierno intentará reforzar la unidad
con Europa, incluyendo la antiterrorista
a través de cooperación política,
policial y de los servicios de inteligencia.
Sólo bajo estas premisas tendría
cabida un acercamiento a Estados
Unidos: "Unidad política internacional,
sí, pero no decisiones unilaterales,
no guerras unilaterales".
Y, en ese punto, Zapatero piensa
retirar las tropas españolas de
Irak antes del 30 de junio, fecha
en la que expira, en principio,
su permanencia, si no hay un acuerdo
previo de las Naciones Unidas. Pero
no hay aún fecha fija; se establecerá
después de mantener reuniones con
el resto de las fuerzas políticas.
Política europeísta,
aunque no norteamericana
Despejadas sus ideas respecto a
una España vertebrada, Zapatero
lanzó otro mensaje dirigido al mundo
empresarial e inversor, es decir,
al sector económico en general:
"Mi Gobierno será un Gobierno
que no intervendrá en el mundo económico.
Hay que ganar cuotas de libertad
en este país". Y respecto a
la inmigración, pretende un reordenamiento
de la misma, pero a través de un
gran pacto con Comunidades Autónomas,
partidos políticos, empresarios
y sindicatos. Ello porque sus prioridades
en política exterior van a ser Europa,
Latinoamérica y el Mediterráneo.
A lo alrgo de la comparecencia
resultó evidente que líder
socialista está realmente
orgulloso de su victoria electoral,
entre otras cosas porque, según
insinuó, fue él quizá
el único que confiaba en
ganar. Por ello, no pudo menos que
fruncir el ceño cuando una
informadora le preguntó si
con estos resultados, con ese vuelco
tan espectacular, los terroristas
no habrían determinado el
voto en las elecciones generales.
"Lo único que hay
que hacer con el resultado de unas
elecciones es respetarlo",
dijo, en tono serio, para añadir
lo que duele en el PP: "En
España había ganas
de cambio porque había un
Gobierno que había hecho
cosas mal".
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