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El Partido Socialista se fundó
clandestinamente en Madrid, el 2
de mayo de 1879 en torno a un núcleo
de intelectuales y obreros, fundamentalmente
tipógrafos, encabezados por Pablo
Iglesias, Jaime Vera, Antonio García
Quejido, José Mesa y otros socialistas
pertenecientes a diversas asociaciones
políticas y profesionales de ideología
marxista, que inicialmente contó
con cerca de un millar de afiliados,
distribuidos entre Madrid, Barcelona
y Guadalajara. El primer programa
del nuevo partido político fue aprobado
en una asamblea de 40 personas,
el 20 de julio de ese mismo año.
El PSOE se convierte así en uno
de los primeros partidos socialistas
que se fundan en Europa, como expresión
de los afanes e intereses de las
nuevas clases trabajadoras que surgían
con la revolución industrial. Desde
entonces, ha orientado su labor
hacia el logro de los grandes ideales
emancipatorios del socialismo, con
los cambios lógicos de estrategia
que los momentos históricos han
impuesto en cada caso y que han
decidido el conjunto de los afiliados.
DESARROLLO DE LA ORGANIZACIÓN
(1879-1921)
Desde su fundación en 1879, el PSOE
fue aumentado el número de sus militantes
y asentando su base teórica. Reconocida
legalmente en 1881, siendo jefe
del Gobierno el liberal Práxedes
Mateo Sagasta, hubo de sortear en
sus principios no pocas dificultades,
muchas de ellas como consecuencia
de la heterogénea extracción social
de sus componentes, lo que, más
de una vez, puso en peligro la vida
de la organización. La necesidad
de defender adecuadamente los derechos
de los trabajadores impulsó la creación
de una organización sindical socialista.
En 1986, siete años después de su
fundación, el PSOE contaba con veintiocho
agrupaciones de carácter local o
regional -quince de ellas en Cataluña-,
celebrando en 1888 en Barcelona
su primer Congreso Nacional, en
el que se trazó el camino a seguir
en el futuro y las bases de lo que
poco tiempo después sería la UGT,
central sindical que, para siempre,
quedaría estrechamente vinculada
al PSOE. Si bien el número de sus
afiliados fue aumentando constantemente
desde la fundación del partido,
hasta 1910, en que Pablo Iglesias
fue elegido diputado, no logró verse
representado en las Cortes, desarrollando
a partir de entonces una gran actividad
en los medios obreros, especialmente
en las grandes urbes: creación de
casas del pueblo y de centros obreros
de formación y esparcimiento, participación
en el Instituto de Reformas Sociales
y otras instituciones similares,
etcétera.
Esta progresiva implantación del
socialismo español fue permitiendo
plantear una importante crítica
social y una creciente contestación
popular a las limitaciones políticas
de la Restauración, cuyo sistema
permitía que los derechos civiles
fueran burlados y que se produjese
el reparto de poder entre los partidos
liberal y conservador y el turno
en el desempeño de las tareas de
gobierno.
La condición no beligerante de España
durante la primera guerra mundial,
iniciada en 1914, hizo posible un
cierto desarrollo económico que
permitió amasar importantes fortunas
a determinados sectores de la burguesía,
mientras que los trabajadores sufrían
las consecuencias de una tremenda
subida de precios, que disminuía
por días la capacidad de sus salarios.
El malestar ante esta situación,
junto a la creciente demanda de
libertades más efectivas planteada
por amplios sectores de la población,
crearon un ambiente de movilización
social a favor de un cambio político,
a cuyo frente se pusieron el PSOE
y la UGT, encabezando un movimiento
huelguístico que conmocionó a la
burguesía en agosto de 1917 y que
fue duramente reprimido.
Coincidente, durante algún tiempo,
al menos desde el punto de vista
estratégico, con la CNT, participó,
junto a ésta, en la huelga general
revolucionaria de 1917, a consecuencia
de lo cual fueron encarcelados Francisco
Largo Caballero, Julián Besteiro,
Daniel Anguiano y Andrés Saborit,
todos ellos dirigentes de la UGT
y del PSOE. Un año después (1918)
alcanzaba éste una de las etapas
más brillantes de su historia con
6 diputados en el parlamento, 144
concejales, más de 14.000 afiliados
y 14 órganos de expresión: el diario
El Socialista y 13 revistas semanales.
Los acontecimientos de la Revolución
Rusa de octubre de 1917 y la fundación
de la III Internacional por Lenin
introdujeron elementos de división
en el movimiento obrero internacional.
En España, el intento de "dirigismo"
de la Internacional Leninista suscitó
un vivo debate en el PSOE que dio
lugar a que los partidarios de Lenin
en este Partido lo abandonaran para
fundar el Partido Comunista de España
(PCE).
CRECIMIENTO Y PROTAGONISMO POLÍTICO
(1921-1939)
Al advenir la dictadura del general
Primo de Rivera adoptó una actitud
de cautela y, tratando de salvar
por cualquier medio la existencia
de la organización, aceptó colaborar
con el nuevo régimen, participando,
incluso, en la constitución de algunos
organismos estatales (Largo Caballero
fue nombrado miembro del Consejo
de Estado y otros socialistas formaron
parte del Consejo del Trabajo y
cooperaron en la formación de los
comités paritarios).
Tras los siete años de dictadura
militar del general Miguel Primo
de Rivera, la alternativa republicana,
apoyada por el PSOE, triunfa en
las elecciones del 14 de abril de
1931, dando lugar a la inmediata
instauración de la II República,
en un clima de entusiasmo popular.
Distanciado de los republicanos
-Besteiro y otros dirigentes del
PSOE se negaban a prestar su apoyo
a la instauración de una república
burguesa-, aceptó, no obstante,
formar parte del comité revolucionario
que se constituyó como consecuencia
de la firma del pacto de San Sebastián
que tanto coadyuvó a la caída de
la Monarquía. Con el triunfo de
la República (1931), accedió por
primera vez al poder, participando
en los gobiernos que presidieron
Niceto Alcalá-Zamora y Manuel Azaña,
en los que Francisco Largo Caballero,
Fernando de los Ríos e Indalecio
Prieto desempeñaron sendas carteras
ministeriales, y experimentando
un espectacular crecimiento.
Los candidatos socialistas en coalición
con los republicanos obtienen 115
escaños en el Parlamento. Juntos
emprenden una decidida política
de reformas impulsada por un Gobierno,
en el que están presentes tres ministros
socialistas: Largo Caballero, lndalecio
Prieto y Fernando de los Ríos. Esas
reformas, especialmente la Reforma
Agraria y la Legislación Laboral,
son contestadas con una dura oposición
por las fuerzas políticas de derechas.
La CEDA (Confederación Española
de Derechas Autónomas) obtendrá
un importante apoyo en las elecciones
de noviembre de 1933, dando lugar
al desplazamiento de las fuerzas
progresistas del poder.
Elegido Largo Caballero presidente
del partido y secretario general
de la UGT, se convirtió, en muy
poco tiempo, en el líder socialista
al que seguía mayor número de afiliados,
con los cuales constituyó el ala
más radical e izquierdista de la
organización que tenía, incluso,
un órgano propio de expresión: el
periódico Claridad, lo que acentuó
las diferencias con el sector moderado,
a cuyo frente figuraban Prieto,
De los Ríos, Jiménez de Asúa, Zugazagoitia,
etc., y el sector reformista, encabezado
por Besteiro, diferencias que pusieron
en peligro la unidad socialista
y minaron gravemente la cohesión
de la organización.
Tras el triunfo de las derechas
en 1933, tanto el Partido Socialista
como su central sindical permanecieron
en la vanguardia de las reivindicaciones
sociales, desempeñando un papel
destacadísimo en la revolución de
Asturias de octubre de 1934, siendo
muchos los historiadores que achacan
al PSOE y a sus dirigentes la total
responsabilidad por estos hechos.
El endurecimiento de las posiciones
conservadoras y el fuerte impacto
popular causado por la represión
de la revolución de Asturias, provocó
la unión de las fuerzas progresistas
republicanas en un único bloque
político: el Frente Popular, que
ganó las elecciones de 1936, lo
que permitió continuar la política
de reformas iniciada en 1931. Sin
embargo, estas expectativas se vieron
truncadas por el golpe de estado
militar que, alentado por la derecha
española, sumió al país en una cruenta
guerra civil que se prolongó desde
1936 a 1939.
Al estallar la guerra civil y constituirse
un nuevo gabinete, el PSOE -a pesar
de que las nutridas milicias socialistas
eran uno de los principales pilares
de la República en guerra- volvió
a rehusar toda participación en
el poder, hasta que, en septiembre
de 1936, Largo Caballero aceptó
la presidencia del Consejo de Ministros,
constituyendo un Gobierno en el
que, además de otros elementos socialistas,
figuraban representantes de los
principales partidos que habían
constituido el Frente Popular.
Convertido durante los primeros
meses de la guerra en un poderoso
grupo de presión, gracias, sobre
todo al soporte de la UGT, cuyo
número de militantes se contaba
por cientos de miles, compartió
con comunistas y anarquistas las
responsabilidades fácticas del poder
hasta que, a mediados de 1937, tras
la dimisión de Largo Caballero de
la jefatura del Gobierno y su sustitución
por el socialista procomunista Juan
Negrín -merced a una maniobra a
la que no fue totalmente ajeno Indalecio
Prieto-, fueran los comunistas los
que, sin dar oficialmente la cara,
asumieran la dirección de la guerra
y condujeran a la República a la
derrota final.
El apoyo del fascismo internacional
a Franco, la inhibición de los países
democráticos, la mayor disponibilidad
de recursos económicos de los sublevados
y otros factores, dieron lugar,
tras largos y duros combates, a
la derrota del Gobierno de la República.
LA CLANDESTINIDAD (1939-1977)
El desenlace de la guerra civil
abrió un periodo histórico difícil
para la sociedad española, en general,
y para los socialistas, en particular.
A pesar de ello, siguieron combatiendo
en la clandestinidad o desde el
exilio. En 1953, Tomás Centeno,
secretario General de UGT y dirigente
del PSOE, moría víctima de la represión,
en la Dirección General de Seguridad.
Dos años después, había en el penal
de Burgos más de 1.200 socialistas,
llegando a coincidir en las cárceles
franquistas un total de seis Comisiones
Ejecutivas.
Sin embargo, el PSOE durante el
franquismo desarrolló una cierta
acción opositora, participando en
las huelgas de los años 50 y 60.
Ya en los años 70, el poder del
PSOE, sus apoyos y relaciones internacionales
suponen una seria amenaza para el
declinante régimen franquista. En
1974 se celebra en Suresnes (Francia)
el XXVI Congreso del Partido, que
elige a Felipe González Secretario
General.
Cuando en 1976 -aún en la clandestinidad-,
el Partido decide celebrar en Madrid
su XXVII Congreso, el PSOE está
jugando ya un papel fundamental
en la vida política española. La
legalización del Partido Socialista
se produce en febrero de 1977.
La creación, junto con otros partidos
democráticos, de una coordinadora
común de oposición y negociación
obliga a abrir un proceso de reforma
política que desemboca en las elecciones
democráticas de 1977, en las que
triunfa la UCD, mientras el PSOE
se consolida como el primer partido
de la oposición.
CONSOLIDACIÓN Y RENOVACIÓN (1977-1982)
Tras las primeras elecciones los
partidos afrontan la tarea de elaborar
una nueva Constitución. Esta nueva
Carta Magna fue sometida a referéndum
el 6 de diciembre de 1978, siendo
aprobada por el 87'7 por ciento
de los votos.
En 1979, la UCD volvió a ganar las
elecciones, pero en esta ocasión
por un estrecho margen. El PSOE
quedó en segundo lugar con más de
cinco millones de votos y 120 diputados.
El aumento progresivo de los apoyos
al Partido Socialista hizo que en
las elecciones municipales de ese
mismo año, el PSOE ganara en 1.1
00 municipios españoles.
Especial relevancia tiene el XXVIII
Congreso Federal del PSOE, celebrado
en mayo de 1979. En él se produce
un tenso debate sobre la estrategia
y orientación ideológica marxista,
que lleva a Felipe González a no
presentar su candidatura como Secretario
General, formándose una comisión
gestora con el mandato de preparar
un Congreso Extraordinario que se
celebraría poco después.
En ese Congreso Extraordinario,
el PSOE reafirma su carácter de
partido democrático y federal, rechazando
el exclusivismo marxista y manifestándose
abierto a todas las aportaciones
que han contribuido a configurar
el socialismo. El Congreso elige
una nueva Comisión Ejecutiva encabezada
por Felipe González.
La crisis progresiva de la UCD y
el intento de golpe de Estado del
23 de febrero de 1981 agudizan en
la opinión pública la necesidad
urgente de un cambio político. Se
convocan elecciones generales para
el 28 de octubre de 1982 y el PSOE
consigue más de diez millones de
votos, obteniendo la mayoría absoluta
tanto en el Congreso (202 diputados)
como en el Senado (134 senadores,
a los que más tarde se sumarían
otros 23 designados por las comunidades
autónomas).
El 1 de diciembre de 1982, Felipe
González es investido en las Cortes
Presidente del primer Gobierno socialista
en la historia de España.
EL PSOE EN EL GOBIERNO (1982-1996)
El primer gobierno socialista, presidido
por Felipe González y con Alfonso
Guerra como Vicepresidente, desarrolló
una política orientada, por un lado,
a profundizar y asentar la democracia,
y, por otro lado, a impulsar una
importante serie de reformas, entre
las que se destacan la profesionalización
de las Fuerzas Armadas, la plena
funcionalidad del modelo de Estado
de las Autonomías, la reforma educativa,
las medidas de saneamiento económico
y el impulso a una legislación modernizadora
en temas como la despenalización
del aborto y la igualdad de la mujer.
Todo ello permitió recobrar un clima
de confianza ciudadana en las instituciones.
Otro aspecto de gran relevancia,
en esta primera etapa, es la plena
incorporación de España a las instituciones
internacionales occidentales y,
muy especialmente, la adhesión a
las Comunidades Europeas, que se
produjo el 12 de junio de 1985,
entrando en vigor el 1 de enero
de 1986. España dejó de ser un país
aislado y se convirtió en una de
las naciones más activas en los
foros internacionales.
Hasta el momento (junio 1999), a
España ya le ha correspondido dos
veces ejercer la Presidencia de
la Unión Europea. En ambas ocasiones,
la Presidencia de Felipe González
y la gestión realizada por el gabinete
socialista han sido reconocidas
nacional e internacionalmente como
brillantes.
En 1986, el PSOE obtiene nuevamente
en las elecciones generales la confianza
mayoritaria de los ciudadanos españoles.
Entre las labores más apreciables
de la "década del cambio" destacan
la ampliación de la cobertura sanitaria
a más de seis millones de personas
que, hasta entonces, estaban excluidas
del derecho a la prestación pública
asistencia¡; el incremento del número
de pensionistas en un 35%, concediendo
un total de dos millones de pensiones
nuevas a personas que hasta ese
momento no recibían ninguna contribución;
la ampliación de la cobertura de
desempleo; la garantía de educación
gratuita y obligatoria de los menores
de 16 años y el fortísimo incremento
del número de becas.
En la primera década de Gobierno
socialista se impulsó un programa
de modernización de las comunicaciones,
sin precedentes en la historia de
España, que dió como fruto la creación
de nuevas autovías, la modernización
de toda la red de carreteras, la
instalación del tren de alta velocidad
y la existencia del satélite de
comunicaciones español, entre otros
avances.
En el ámbito del Partido, el PSOE
ha realizado en este tiempo un esfuerzo
de integración y apertura que ha
facilitado la incorporación a la
organización socialista de otros
sectores de la izquierda española,
como el liderado por el ex Vicesecretario
General del PCE, Enrique Curiel
(1990), el Partido de los Trabajadores
de España (1991) y Euskadiko Ezkerra
(1993).
En 1993, el PSOE vuelve a ganar
las elecciones generales y, meses
después, celebra en Madrid su 33
Congreso Federal (marzo de 1994),
iniciando una nueva etapa de transformaciones.
EL PSOE EN LA OPOSICION (1996)
En las elecciones generales que
se celebraron el 3 de marzo de 1996,
el PP alcanzó la primera posición
en el Congreso con el 38,78% del
voto válido. El PP ganó con una
exigua diferencia de 290.412 votos
(1,16%) en el conjunto nacional,
muy lejos de sus objetivos electorales
y políticos y por debajo de su techo
relativo alcanzado en las elecciones
europeas de 1994. A principios de
mayo de 1996 el PP formó gobierno
con el apoyo parlamentario de CiU,
PNV y CC.
En estas elecciones, el PSOE obtuvo
9.419.629 votos, el 37,62% del voto
válido, la cifra más abultada después
del resultado de 1982. El partido
socialista quedó como segundo grupo
parlamentario, a muy escasa diferencia
del primero; la más corta que se
ha producido en el periodo democrático.
No es por ello abusivo definir el
resultado electoral como de empate
práctico o técnico en el número
de sufragios. Este empate práctico
no se corresponde con el número
de escaños (156, el PP y 141, el
PSOE), porque las condiciones del
sistema electoral español otorgan
ventaja al partido mejor implantado
en las circunscripciones de menor
tamaño.
Los 141 escaños ganados por el PSOE
le permitieron jugar un papel claro
en el arco parlamentario resultante
de las elecciones de 1996 como oposición
fuerte y condicionante.
LA ERA POST-FELIPISTA
Tras la renuncia (1997) de Felipe
González a presentarse a la reelección
como secretario general del PSOE,
es elegido Joaquín Almunia. Pero
José Borrell plantea su candidatura
a la Presidencia del Gobierno (1998),
lo que abre una importante crisis
de liderazgo en el PSOE. Los episodios
más significativos de esa crisis,
que estuvo a punto de desembocar
en un Congreso Extraordinario, son
los siguientes:
- 29.1.1998. El ex secretario general,
Felipe González, asegura que no
será el candidato a la presidencia
del Gobierno en las próximas elecciones
y apoya a Joaquín Almunia como su
sustituto.
- 9 de marzo. Almunia anuncia que
se pretende regular unas elecciones
primarias en las que participen
afiliados y simpatizantes.
- 21 de marzo. El Comité Federal
abre el proceso de las primarias.
- 23 de marzo. Almunia presenta
en Madrid su candidatura. Horas
antes, en Barcelona, el diputado
José Borrell anuncia también su
intención de concurrir a las primarias.
- 16 de abril. Aumenta la tensión
en la campaña. Almunia define a
Borrell como un "jacobino irredento".
Borrell afirma que ningún candidato
es "más heredero de González que
otro".
- 17 de abril. González y Javier
Solana expresan su apoyo a Almunia,
quien insinúa que dimitirá como
secretario general si pierde. Borrell
pide que no se tema su "cada vez
más probable victoria".
- 24 de abril. Borrell gana las
primarias con el 55,1 % de los votos
frente al 44,58 % de Almunia.
- 25 de abril. La Comisión Ejecutiva
Federal proclama la candidatura
de Borrell. Almunia pone su cargo
a disposición del partido, pero
sus dirigentes se manifiestan mayoritariamente
a favor de que continúe en él.
- 27 de abril. Borrell se proclama
"líder de la oposición", pide el
control del aparato electoral y
la dirección del programa e imprime
un giro a la izquierda pronunciándose
en contra del nacionalismo catalán
y la reforma del IRPF y a favor
de un pacto con IU.
- 30 de abril. Almunia y Borrell
alcanzan un principio de acuerdo
que descarta la dimisión del primero
y la convocatoria de un congreso
extraordinario. El pacto otorga
a Borrell el liderazgo parlamentario:
será el portavoz y coordinará las
tareas de oposición. La primacía
política le corresponde a Almunia,
como secretario y presidente del
grupo.
- 9 de mayo. Borrell es designado
candidato a la presidencia del Gobierno
en medio de fuertes aplausos de
los 234 miembros del Comité Federal.
- 12 a 14 de mayo. Borrell se estrena
como líder de la oposición en el
debate del estado de la Nación con
una intervención criticada por algunos
sectores del partido.
- 15 de mayo. El principio de acuerdo
entre el PSOE y Nueva Izquierda
de presentar listas conjuntas para
las elecciones municpales y autonómicas
de Madrid divide a los socialistas.
- 14 de junio. El partido abre las
primarias para elegir candidatos
en seis comunidades y 44 ayuntamientos.
El enfrentamiento entre los borrellistas
y el aparato marca los nuevos comicios.
- 30 de agosto. Almunia recomienda
a Borrell que abandone el hábito
de "hablar de todo y en cualquier
momento" y se dedique a explicar
con claridad las claves de su proyecto.
- 14 de noviembre. Borrell reivindica
su liderazgo en un mitin en Armilla
(Granada), en el que dice que Almunia,
presente, es y será su principal
colaborador.
- 16 de noviembre. El Consejo Político
Territorial del PSOE insta a Almunia
y a Borrell a resolver sus diferencias
antes del próximo día 21, cuando
se reúna en Madrid el Comité Federal,
máximo órgano entre congresos. Borrell
reconoce implícitamente que sus
últimos encuentros con Almunia no
han servido para delimitar los papeles
de cada cual en el partido.
- 18 de noviembre. Felipe González
se reúne por separado con el secretario
general, Almunia, y el candidato
presidencial, Borrell, para expresarles
su preocupación por la falta de
entendimiento entre ambos.
- 19 de noviembre. Los tres presidentes
autonómicos del PSOE y los secretarios
regionales del partido se reúnen
con Almunia para intentar poner
fin a la pugna.
- 20 de noviembre. Los barones logran
un acuerdo que zanja el reparto
de papeles entre secretario general
y el candidato ("El País, 21.11.1998).
- 1999. Borrell abandona en la carrera
como candidato socialista a la Presidencia
del Gobierno al conocerse que dos
íntimos amigos suyos, inspectores
de Hacienda, se hicieron ricos desde
la Agencia Tributaria mientras el
era ministro. Aunque Borrell no
estaba implicado, decidió abandonar
sus aspiraciones para no perjudicar
al PSOE en las elecciones autonómicas,
municipales y al Parlamento Europeo
de 1999. Desde ese momento, será
Almunia quien represente totalmente
al PSOE, así como su candidato a
la Presidencia del Gobierno en las
elecciones del 13.3.2000.
Elecciones generales del 12.3.2000.
Equipo electoral
Compuesto por doce personas. Encabezado
por Ciprià Ciscar como coordinador
general, estuvo compuesto por Alfredo
Pérez Rubalcaba (relaciones con
los medios de comunicación), Juan
Manuel Eguiagaray (programa), José
Enrique Serrano (discursos), Nacho
Varela (estrategia), Luis Pérez
(acción electoral), Rosa Conde (apoyo
a los candidatos), Ludolfo Paramio
(publicaciones), Juan Miguel Márquez
(coordinación con el candidato)
y Helga Soto, Xavier Roig y Enrique
Guerrero (en campaña permanente
con Joaquín Almunia).
- 13.3.2000. El PSOE sufre un importante
revés electoral en las elecciones
generales, en las que su oponente,
el PP de José María Aznar, consiguió
la mayoría absoluta (183 diputados)
y el PSOE perdió 16 diputados y
1,6 millones de votos. Joaquín Almunia
comunicó esa misma noche su dimisión
irrevocable de la Secretaría General
socialista, lo que suponía que la
Ejecutiva Federal dejaba de ejercer
sus funciones. Inmediatamente se
creó una gestora para convocar el
XXXV Congreso Federal para julio
del 2000.
Gestora socialista
La Gestora, presidida por el presidente
de la Junta de Andalucía, Manuel
Chaves, se reunió el 28.3.2000 por
segunda vez y decidió mantener en
sus puestos a los responsables del
Grupo Parlamentario Socialista durante
la anterior legislatura (Luis Martínez
Noval, en el Congreso, y Juan José
Laborda, en el Senado) y designó
a los dirigentes que se harían con
el control de las cuatro grandes
áreas de trabajo de la gestora y,
con ellas, de la dirección interina:
Chaves, vocal de la Ejecutiva dimitida
y presidente de la gestora, se hizo
cargo del área política, encargada
de dirigir la labor de oposición
al Gobierno; Luis Pizarro, secretario
de Organización del PSOE andaluz
y fiel a Chaves, se encargó de la
preparación del XXXV Congreso; el
diputado conquense Máximo Díaz Cano,
leal a Bono, fue el responsable
de Comunicación y nuevo portavoz
de la gestora, y Cristina Alberdi,
presidenta de la Federación Socialista
Madrileña y acólita del ex presidente
Felipe González, se responsabilizó
de coordinar la elaboración de las
ponencias que se presentaron en
el Congreso.
No se incluyó a representantes del
sector guerrista en los puestos
clave de la gestora, y para los
representantes borrellistas y de
Izquierda Socialista (IS) se reservaron
tareas de rango inferior: la eurodiputada
Elena Valenciano (borrellista) se
integró en el área política de Chaves,
y Juan Antonio Barrio, de IS, fue
uno de los encargados, junto a Pizarro,
de reconducir la crisis de los socialistas
valencianos.
Los miembros de la gestora
Bajo la presidencia de Manuel Chaves,
un grupo de quince personas dirigió
el PSOE hasta el congreso de julio.
o Manuel Chaves. El secretario general
del PSOE de Andalucía y presidente
del Gobierno regional preside además
la gestora. Sustituyó a Joaquín
Almunia al frente del Ministerio
de Trabajo y Seguridad Social.
o Elena Valenciano. Vinculada a
movimientos de mujeres (dirigió
la Fundación Mujeres) fue elegida
eurodiputada en 1999.
o Cristina Alberdi. La ex ministra
de Asuntos Sociales y diputada del
PSOE por Málaga fue la primera mujer
elegida vocal del Consejo General
del Poder Judicial. Preside la Federación
Socialista Madrileña.
o Máximo Díaz Cano. Secretario general
del PSOE de Cuenca, ha sido gobernador
civil de Cuenca, consejero de Administraciones
Públicas de Castilla-La Mancha y
senador y diputado.
o Nicolás Redondo Terreros. Ha sido
diputado en el Parlamento vasco
y candidato socialista a lehendakari.
En la actualidad es secretario general
del PSE-EE-PSOE. Amparo Valcarce.
Diputada por León, ha sido concejal
del Ayuntamiento de Fabero del Bierzo
(León) y consejera comarcal.
o Luis Pizarro.Teniente de alcalde
del Ayuntamiento de Cádiz; diputado
regional y senador, actualmente
es el secretario de Organización
del PSOE en Andalucía.
o Amparo Marzal. Concejal del Ayuntamiento
de Murcia, fue elegida diputada
por esta comunidad en las elecciones
del 12-M.
o Juan Antonio Barrio. Miembro de
la corriente Izquierda Socialista
fue diputado en la Asamblea de Madrid.
o Tomás Rodríguez Bolaños. Ex alcalde
de Valladolid y ex presidente de
la FEMP. También ha sido vicepresidente
y presidente de la Organizacion
Iberoamericana de Cooperación Internacional.
o Manuela de Madre. La alcaldesa
de Santa Coloma de Gramenet ha sido
diputada regional y nacional.
o Celestino Corbacho. Alcalde de
Hospitalet y miembro de la ejecutiva
del PSC, ha sido diputado provincial
y del Parlamento de Cataluña.
o Teresa Morales. Es diputada regional
de Canarias por tercera legislatura,
presidenta de la Comisión de Presupuestos
y Hacienda y portavoz en la Comisión
de Asuntos Sociales.
o Francisco Fernández Marugán. Diputado
por Badajoz, en la última legislatura
fue portavoz adjunto del Grupo Socialista.
o Javier Paniagua. Tres veces diputado,
su inclusión en la actual gestora
ha desatado otra crisis en el socialismo
valenciano.
XXXV CONGRESO (MADRID, 21-23.7.2000)
COMISIÓN EJECUTIVA FEDERAL
La Comisión Ejecutiva Federal fue
elegida de la siguiente forma: 964
votos emitidos; 865 votos a favor
(90,20 %); 94 en blanco (9,65 %),
y 5 nulos (0,52 %)
La votación para el Comité Federal
fue la siguiente: 950 votos emitidos;
856 a favor (90,1 %); 88 en blanco
(9,3 %), y 6 nulos (0,6 %).
Presidente: Manuel Chaves
Secretario general: José Luis Rodríguez
Zapatero
Organización y Acción Electoral:
José Blanco
Relaciones Institucionales: Nicolás
Redondo
Igualdad: Micaela Navarro
Internacional: Trinidad Jiménez
Política Económica: Jordi Sevilla
Políticas Sociales: Consuelo Rumí
Medio Ambiente y Ordenación: Cristina
Narbona
Educación, Cultura e Investigación:
Carme Chacón
Innovación y Comunicación: Enrique
Martínez
Desarrollo Autonómico: J. F. López
Aguilar
Consumidores: Isabel Pozuelo
ONG y Movimientos Sociales: Leire
Pajín
Ciudades y Política Municipal: Álvaro
Cuesta
Secretarios Ejecutivos:
Francesc Antich
José Luis Asenjo
José María Barreda
Gloria Calero
Marcelino Iglesias
José Montilla
Ramón Ortiz
Emilio Pérez Touriño
Leonor Rubial
Basilia Sanz
El vuelco que supuso la elección
de José Luis Rodríguez Zapatero
como secretario general del PSOE
tuvo como primera consecuencia una
renovación casi total de la dirección.
Sólo tres personas, además del presidente,
Manuel Chaves, estaban en la ejecutiva
que dimitió tras últimas elecciones
generales del 12.3.2000: el propio
Rodríguez Zapatero, Micaela Navarro
y Consuelo Rumí.
Buena parte de los nuevos dirigentes
eran hombres de la absoluta confianza
del nuevo líder, como el secretario
de Organización, José Blanco, su
mano derecha durante la campaña,
o Jordi Sevilla, responsable del
área económica.
La dirección se redujo con respecto
a la última ejecutiva: de los 33
miembros de entonces, se pasó a
25, entre los que, al margen del
presidente Chaves, hay 14, incluido
Zapatero, con tareas ejecutivas.
Los otros 10 son vocales, sin cartera
asignada. Este apartado se utilizó
para ajustar los equilibrios territoriales
del PSOE con la entrada en él de
varios secretarios generales de
federaciones importantes. Además
de renovarse, la dirección también
se rejuveneció: pasó de una edad
media de 44,5 años a 42,8.
La nueva Comisión Ejecutiva Federal
obtuvo el 90.2 por ciento de los
votos del XXXV Congreso y sólo los
guerristas se quedaron fuera, aunque
sí tuvieron representación en el
Comité Federal.
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