Zaptero arremete contra la derecha y anuncia que hará otro cambio tranquilo

· Autocomplacencia en la apertura del XXXVI Congreso del PSOE, en el que la única incógnita es la composición de la Ejecutiva

Apoteosis en la apertura que augura un final por aclamación al final. El 36 Congreso Federal del PSOE se ha iniciado con autobombo y autocomplacencia y crítica mordaz a la derecha derrotada el 14 de marzo. Tras la inauguración rotunda a cargo del presidente del partido, Manuel Chaves, en la sesión matinal, la intervención política del secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, fue un apoteósico recordatorio de cómo se cerró la crisis socialista en el XXV Congreso y a dónde se ha llegado cuatro años después con su política de 'oposición útil'. Ante casi un millar de delegados, Zapatero arremetió contra la derecha -a la que acusó de no haber aceptado "con elegancia" la derrota del 14-M-, defendió el envío de tropas a Afganistán y Haití y la ley antimaltrato, arengó a sus militantes a que cierren filas y recordó a los delegados que la suya será una dirección paritaria con el mismo número de hombres y mujeres.

M. Á. Menéndez/C. Moraga

En realidad, entraba dentro de lo previsto: el inicio del XXXVI Congreso Federal del PSOE, más que una balsa de aceite, fue un ejercicio de autobombo y de autopublicidad, algo lógico al fin y al cabo. Algo muy distinto al XXXV Congreso, cuatro años atrás, cuando se presentaron cuatro candidaturas para la Secretaría General y en el que la proclamación de José Luis Rodríguez Zapatero frente a su actual ministro de Defensa y entonces rival, José Bono, por escasos votos de diferencia auguraba un futuro imperfecto para el PSOE. Pero no ha sido así, y en la presentación de la memoria política ante el plenario, Zapatero, deslumbrante y triunfal, no ahorró palabras para explicar los logros de su equipo en estos cuatro años, ni tampoco dardos a la derecha derrotada el 14-M, a cuyo líder, Mariano Rajoy, acusó de tener "muy poca elegancia" en la asunción del resultado electoral.

En esa sesión de la tarde -era el inicio realmente político del Congreso-, Zapatero alternó su papel de secretario general socialista con el de presidente del Gobierno. En un discurso largo y en gran medida plano, Zapatero, sin embargo, más que una memoria de gestión de la Ejecutiva saliente realizó ante los suyos toda una declaración de intenciones pasadas, presentes y, sobre todo, futuras. Mucho aviso a navegantes -"éste es el Gobierno de todos los españoles, de los que nos han votado y de los que no", dijo- en cuestiones como la ley integral contra la violencia de género, un punto en el que no piensa ceder: no habrá marcha atrás por muchas críticas que provengan desde el poder judicial o sectores conservadores o aún progresistas. Y así, advirtió muy claro a los compromisarios que la nueva Ejecutiva Federal será paritaria: igual número de hombres y de mujeres.

El Congreso se inició pasado el mediodía, después de que la Ejecutiva saliente, con Zapatero al frente, se hiciera la típica 'foto de familia' ante las puertas de entrada al Plenario, en el Palacio Municipal de Congresos de Madrid. Inmediatamente después, los compromisarios eligieron la Mesa del Congreso, que quedó formada por aclamación -fue la única que se presentó- por Patxi López, de Euskadi, como presidente; Marisa Bustinduy, de Andalucía, como vicepresidenta primera; Joan Rangel, de Cataluña, y Nuria Espí, del País Valenciano, como secretarios de actas, y Trinidad Rollán, de Madrid, como secretaria de notas. No había paridad en esta mesa, ya que las mujeres -tres- superaban a los hombres -dos-, pero los congresistas debieron entender que el que la Presidencia la ostentara un varón rompía la desigualdad.

Un nuevo talante

Quizá como muestra del 'nuevo talante' que predica Zapatero, Patxi López inició su discurso de bienvenida con un saludo en los cuatro idiomas: euskera, gallego, catalán y castellano, por ese orden. Una intervención corta en la que el dirigente vasco enumeró los cuatro 'malos' años del último gobierno de Aznar: Prestige, guerra contra Irak, "rebeldía democrática" frente al mal tratamiento del Gobierno respecto a la masacre del 11-M... que habrían contribuido a "tres victorias socialistas consecutivas".

La escenografía también ha cambiado: han desaparecido por completo los colores fríos que en otras ocasiones se alternaban con los cálidos. Ahora el escenario lo conformó una gama de rosados a rojos suaves, con siglas y letras en blanco. El escenario quedó diferenciado, pero no dividido, en tres partes circulares: una primera más amplia de izquierda a centro para la Ejecutiva saliente; una plataforma circular a la derecha para la Mesa del Congreso, y otra plataforma también circular para la tribuna de oradores sobre la que se asentaba un funcional y estilizado atril en metacrilato.

Luego, la intervención de Chaves como presidente del PSOE, un cargo, por cierto, para que el que secretario general, Rodríguez Zapatero, ya le no ha vuelto a nominar en su intervención vespertina. Largo discurso de Chaves, en el que se refirió profusamente a los "125 años de luces y de sombras" que celebra el PSOE, un partido que "siempre hemos estado en el mismo lado". Un recordatorio histórico para llegar a la etapa de Zapatero, como heredero de la historia socialista, sí, pero sobre todo como aglutinador en un momento de crisis socialista hasta llegar a lo que el PSOE sería hoy, según su presidente: un partido "unido y cohesionado" y con una dirección "reforzada y con credibilidad".

Leyendo entre línea el discurso de Chaves puede adivinarse, sin embargo, una sutil advertencia al presidente del Gobierno: la política "es también talante" -la palabra mágica de Zapatero-, pero los problemas no se resuelven "sólo con talante": es preciso diálogo desde el Gobierno y un huir permanentemente del nivel de enfrentamiento alcanzado por José María Aznar.

Un Congreso al que asisten casi mil compromisarios y cientos de invitados, tales como representantes de 65 partidos políticos de otros tantos países, 54 de ellos pertenecientes a la Internacional Socialista. Curiosamente -o no tanto, dadas las circunstancias- por Irak asistieron sólo representantes del Partido Democrático del Kurdistán (PDK).

Zapatero superstar

El plato fuerte de la sesión inaugural del Congreso correspondió al informe de gestión que el secretario general, José Luis Rodríguez Zapatero, presentó ante el plenario en la sesión de la tarde, iniciada pasadas las 16.30 horas. Había cierta expectación por este discurso político, pero fue largo -quizá en exceso- y probablemente más orientado hacia los futuros planes del Gobierno que a un informe de gestión al uso.

Así, Zapatero advirtió claramente a ETA que los terroristas "nunca van a conseguir ningún objetivo con la violencia", reconfirmando el Pacto por las libertades y contra el terrorismo que él mismo cerró con el Gobierno de Aznar, y anunció que en 1995 habrá matrimonios entre homosexuales y que también ese año entrará en vigor una ley de apoyo a las personas dependientes, con ayudas públicas, entre otras muchas medidas, como el anuncio de un acuerdo global sobre la inmigración, que pusieron nervioso al ministro de Economía, Pedro Solbes, presente en el Congreso. Y, desde luego, no habrá marcha desde el Gobierno a ley integral a favor de las mujeres por muy discriminatoria que sea. Una ley, por cierto, cuya paternidad se le atribuye a un "ex" de Felipe González y actual alter ego de Zapatero en La Moncloa, José Enrique Serrano.

Todo ello -'logros' por venir- fue después de la arenga política propiamente dicha: "Pertenecéis a un partido fuerte y poderoso", espetó Zapatero a los suyos, porque "representamos a los más débiles y a la gente que no tiene de todo", para añadir triunfal que "puedo proclamar hoy alto y fuerte: sintámonos orgullosos para llamarnos socialistas". Hoy quiere decir cuatro años después del 35 Congreso Federal, del que Zapatero recordó que ya había dicho entonces que "había razones para el éxito". Y en un gesto de escenificación hábilmente planteado, Zapatero mostró al plenario la tarjeta con la que él mismo votó en el 35 Congreso y que había guardado como recuerdo: "Con mil tarjetas como ésta, hace cuatro años cambiamos el destino del partido, el destino del país", dijo, en un planeado golpe de revival.

Escondidos en la pancarta

En su estructura de discurso era obligada la referencia ideológica -"soy de izquierdas porque tengo una profunda fe en la democracia", diría, levantando aplausos-, referencia previa a la crítica contra la derecha que representó Aznar y la oposición dura que realiza ahora Mariano Rajoy: "La derecha creía que ya no había ciudadanos en este país, creía que sólo había telespectadores. No han entendido que esta sociedad es adulta democráticamente, que no se la engaña, que quiere la verdad de quien ejerce el poder, que quiere respeto, que quiere ser escuchada... Espero que la derecha empice ya a entenderlo".

Pero esa esperanza era sólo una fórmula retórica, naturalmente, porque Zapatero sólo tenía voz para la crítica, dolido como estaba de determinados insultos y desprecios que él mismo recibió de Aznar y de su sucesor Rajoy, entre otros asuntos por ir con la pancarta con el líder de IU, Gaspar Llamazares: "Después de tanto hablar de la pancarta, no han empezado a hacer oposición y han metido ya las pancartas en el Parlamento, lo cual no está mal para empezar", dijo burlonamente, para añadir que "cuando vuelvan al Gobierno, que se acuerden de lo que han hecho estos días en el Parlamento y que respeten a la gente cuando se manifieste".

En definitiva, había, pues, razones para el triunfo socialista, pero no sólo por un mal gobierno del PP, sino por la esperanza con la que se clausuró el 35 Congreso: "Me siento orgulloso que el agua transparente, limpia y moderada haya sido capaz de horadar esa roca dura que era el PP ganándole el 14 de marzo".

Y ahora es el tiempo para que este 36 Congreso -"que va a ser un Congreso tranquilo", se vio obligado a reconocer- diseñe un partido vivo, dinámico, abierto a la sociedad y tendente a "un cambio continuo", al que definió como remover obstáculos, mejorando la vida de la gente.



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