Apoteosis final en el 36 Congreso Federal en el que Zapatero hace una llamada al "socialismo de los ciudadanos"


José Luis Rodríguez Zapatero clausuró el 36 Congreso Federal del PSOE igual que comenzó dos días atrás: con apoteosis final en una cumbre en la que la tensión de otros encuentros ha dado paso a la autosatisfacción y hasta a la unanimidad. Por primera vez en la historia del PSOE el congreso aprobó por aclamación la gestión de la Ejecutiva saliente, mientras que la lista de la Ejecutiva entrante alcanzó niveles casi de unanimidad: el 96,10 % de los compromisarios votaron a favor de la dirección presentada por el líder. En el acto de clausura y con falsa modestia, Zapatero arengó a los suyos con un discurso de bondad, de igualdad, de solidaridad, de 'talante', señalando que "Pablo Iglesias, desde la exigencia que tenía [ética, moral], nos daría hoy un aprobado", pero convocando para que dentro de cuatro años "nos dé un notable" desarrollando lo que denominó el "socialismo de los ciudadanos".


Manuel Ángel MENÉNDEZ/Diariocrítico

"Éste es un partido que quiere se más que nunca el partido de la inmensa mayoría de los españoles"
. La frase, rotunda, de Zapatero en el acto de clausura del 36 Congreso Federal del PSOE era casi innecesaria, porque resumía en realidad lo remansadas que estos tres días bajaron las aguas socialistas con respecto a tumultuosas convocatorias anteriores, incluso en los tiempos de Felipe González como secretario general. Esa exclamación de Zapatero, que sonó -sin serlo- como una referencia al 'partido único', era la frase que mejor ha definido a esta cumbre: tranquilidad casi antinatural, autocomplacencia, autobombo sobre lo bien que lo han hecho desde el 35 Congreso y, naturalmente, unanimidad y aclamación. "Ahora, cuatro años después, podemos decir: qué útil fue la oposición útil", recordó Zapatero a quienes años atrás le recriminaron su política pactista con el Gobierno de derechas de José María Aznar.

Previamente a la intervención final del líder, que ha salido más que reforzado endiosado, los casi mil compromisarios votaron las candidaturas a los órganos de dirección del partido. Era obvio que no iba a haber problemas, porque las escasas cuestiones de competencia territorial o entre 'baronías' se habían cerrado positivamente hacia las dos y media de la madrugada, tras entrevistarse con todos los secretarios regionales. Pero el resultado de las votaciones ha sido histórico: la Comisión Ejecutiva Federal obtuvo 887 de los 923 votos emitidos, es decir, el 96,10 %, y eso que fue el porcentaje más bajo, porque la lista al Comité Federal obtuvo el respaldo del 97,83 % de los compromisarios; la de la Comisión de Ética y Garantías, el 98,59 %, y la de la Comisión Revisora de Cuentas, otro 98,59 %.

Este 36 Congreso socialista ha puesto de manifiesto que 'díscolos', 'críticos' o 'rebeldes' ya no quedan en el PSOE. Ni siquiera los representantes de la corriente interna Izquierda Socialista (IS), cuyos representantes -sobre todo Antonio Chazarra- mantenían al filo de las dos de la madrugada una última reunión con el propio Zapatero para cerrar la inclusión de tres representantes de esta corriente en los órganos de dirección. Por primera vez, IS está representada en la CEF del PSOE, con Josefa Pellicer Grau, que ha sido elegida como secretaria ejecutiva sin área. Otros dos representantes de IS estarán en el Comité Federal en la cuota asignada al Congreso: Juan Antonio Barrio de Penagos y Andrés Perelló. Hasta los críticos, pues, están con Zapatero.

Demasiada unanimidad


Acaso por ello, el líder socialista, que ha salido realmente carismatizado de este Congreso, pronunció un discurso final llamando a sus militantes al compromiso con lo que definió un "socialismo de los ciudadanos". Es decir, con otra manera de gobernar, de no dormirse en los laureles, de oír a la sociedad, de mantener desde el partido y el Gobierno que él mismo encabeza una ambiciosa política social.

En ese punto, una seria advertencia al conjunto de la organización: "En esta casa no cabe la indolencia ni la autosatisfacción... no cabe pensar que el adversario nunca tiene razón... no cabe pensar que siempre vamos a estar en el poder... que una victoria electoral no es para siempre, es para honrar a los que han depositado la confianza, es trabajar para los intereses de España". Para Zapatero, ése es el "socialismo de los ciudadanos", una forma de trabajo pensando en todos, con talante y debate abierto... "ése es el partido que es ganador en la sociedad española". Y una autocomplacencia: "Qué útil fue la oposición útil", lanzada como un dardo contra todos aquellos que le criticaron, a veces ácidamente, por su política pactista con el anterior Gobierno del PP.

Un "socialismo de los ciudadanos" que, en definitiva, se resume en una frase: "Nos gusta no bajar la mirada ante nadie, pero no mirar a nadie por encima del hombro", y que se desarrolla, según Zapatero, en un esfuerzo para conseguir un mayor espacio de estabilidad en el empleo, en "encabezar la rebeldía contra la discriminación de las mujeres en España", en lograr la escuela laica, en romper las barreras existentes para los descapacitados, en conseguir mayores cuotas de generosidad y de libertad, de los valores desarrollados en el primer tercio del siglo por la Institución Libre de Enseñanza, que son los que, según las directrices de Zapatero, han de marcar un proyecto político "que tenga un fuerte arraigo en la ciudadanía". En definitiva, para que "se recuerde a este Congreso dentro de 20 años".

Porque lo que ha denominado "socialismo de los ciudadanos" incluye, naturalmente, al sector empresarial: "Vamos a trabajar con los empresarios", dijo, dirigiéndose a un sonriente dirigente de la CEOE Juan Jiménez Aguilar que compartía fila preeminente de invitado con los secretarios generales de UGT, Cándido Méndez, y de CC.OO., José María Fidalgo.

Un Congreso demasiado tranquilo

La balsa de aceite que ha sido este 36 Congreso del PSOE ha resultado demasiado obvia. Por ello, era obligada una referencia final del líder a como ha visto él en primera persona el desarrollo congresual: "Es un congreso que representa el compromiso, no la complacencia; el optimismo, no la autosatisfacción. Es un congreso sobre todo de futuro y que ya piensa más en lo que ha de ser que en lo que ha venido". Es decir, el Congreso de un partido "que quiere se más que nunca el partido de la inmensa mayoría de los españoles".

Para Zapatero, esta cumbre ha cerrado una etapa y ha abierto otra muy distinta. Ése fue el mensaje final para el conjunto socialista: "Hace cuatro años abríamos una etapa de cambio, ahora el partido ha tomado la velocidad de crucero". Se hace preciso un cambio "que apenas ha comenzado" y en la nueva dirección del PSOE que ha resultado este domingo elegida "están los que tienen que llevar adelante el programa electoral, pero también los que presentarán el proyecto del 2008, al cual os convoco también".

La satisfacción por el desarrollo congresual y por los resultados obtenidos era patente en el reforzadísimo secretario de Organización del PSOE, José Blanco, quien en un gesto de amabilidad se acercó a la planta -4, en la que se ubicó a los cuatrocientos cincuenta periodistas acreditados, para, amplia sonrisa en rostro, agradecerles su trabajo. La pregunta era obligada: "¿Pepe, qué tal todo, cómo lo ves?". Respuesta gráfica del auténtico número dos socialista: "Yo, como indica el dedo, que nunca se sabe lo que quiere decir". El dedo gordo de la mano derecha estaba hacia arriba, lo que significa victoria o, en tiempos de los emperadores romanos, la vida.

Y tras el largo, larguísimo discurso de clausura, el final típico cantando la Internacional. Una letra que tatareó el propio Zapatero, pero pocos, muy pocos de la nueva dirección, acompañaron con el puño en alto.





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