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Dos testigos, Manuel Patiño Esteban
y José Luis Rodríguez Lillo, podrían
convertirse en figuras clave para
desentrañar si alguien no dijo toda
la verdad en la Comisión de Investigación
del 11-M en su primera sesión. Es
decir, sobre si la Policía conocía
desde el primer momento la existencia
de la vía islamista: o Luis Garrudo,
el portero que denunció la existencia
de la furgoneta usada por los terroristas,
o el comisario jefe de la Policía
de Alcalá de Henares, Eduardo Blanco
González, que desmintió los principales
extremos afirmados por Garrudo sobre
que en esa misma mañana del jueves
la Policía ya tenía datos sobre
sospechosos árabes y no de ETA.
La 'pista' de Patiño y de Rodríguez
Lillo la dio el portavoz socialista,
Álvaro Cuesta, lo que le valió una
seria acusación -luego retirada
del acta- del portavoz popular Jaime
Ignacio del Burgo.
M. Á. Menéndez (Diariocrítico)
El hecho citado ocurrió casi al
final de la comparecencia del comisario
Eduardo Blanco González ante
la Comisión de Investigación del
11-M. El socialista Álvaro Cuesta,
que interrogaba en ese momento al
policía, le preguntó sobre si alguna
de las dos personas cuyos nombres
le iba a facilitar en un papel había
sido interrogada en primera instancia
en Alcalá de Henares.
El papel le fue entregado con mucho
misterio a Blanco y el comisario
respondió afirmativamente en el
caso de uno de ellos, aunque no
dijo el nombre. El portavoz socialista
también se negó a revelar en voz
alta los nombres de las personas
sobre las que había elevado la consulta
a Blanco, pero, según fuentes de
la Comisión, se trataba de los dos
testigos gracias a los cuales se
confeccionaron, el 12 de marzo,
los retratos robots de los presuntos
terroristas, uno de ellos inequívocamente
árabe: Manuel Patiño Esteban
y José Luis Rodríguez Lillo.
La intención de Cuesta era evidente:
coger en un renuncio al comisario
de Alcalá de Henares, quien en su
comparecencia ante la Comisión del
11-M se mostró especialmente preocupado
por desmentir rotundamente la versión
facilitada unas horas antes por
Luis Garrudo, quien había
iniciado la ronda de comparecencias
de esta primera sesión. En síntesis,
Garrudo había insistido ante los
comisionados que hacia la una de
la tarde del 11-M la policía había
encontrado ya los detonadores y
una cinta de casette en la furgoneta
usada por los terroristas y que,
incluso, uno de los policías que
le trasladaron a la Comisaría de
Moratalaz a prestar la primera declaración,
señaló ya a esas horas que no parecía
obra de ETA.
En su declaración, Garrudo insistió
en aspectos ya conocidos de la investigación,
como que fue alrededor de las 7.30
horas cuando vio una furgoneta Renault
Kangoo que le resultó sospechosa,
ya que a su lado había dos hombres
y que otro, encapuchado, fue con
dirección a la estación del tren,
llevando una mochila. Garrudo iba
comprar la prensa y le pareció raro
que alguien llevara una especie
de capucha o de pasamontañas para
no ser descubierto. Pensó, según
su declaración, que podría tratarse
de atracadores, pero poco después,
cuando empezó a oír que había habido
un atentado, se lo comunicó al presidente
de la comunidad de vecinos. Fue
éste el que hacia las 10.30 horas
avisó a la policía, la cual llegó
pocos minutos después.
Fue hacia las 13.00 horas cuando
llevaron a Garrudo en coche policial
a declarar a la Comisaría de Moratalaz,
y ese en ese periodo de tiempo en
el que, según la versión de Garrudo,
la policía ya ha encontrado los
detonadores y la cinta en la furgoneta
y cuando el conductor del coche
patrulla que le traslada dice que
no cree que el atentado fuera obra
de ETA. Garrudo no pudo completar
la declaración porque tenía que
asistir a un entierro: realizaría
una segunda declaración en el complejo
policial de Canillas que llevó a
cabo un tal 'comisario Gil', el
cual no ha podido ser identificado
hasta el momento.
De confirmarse esos extremos, cobraría
fuerza la tesis de la "gran mentira
de Estado", ya que el presidente
del Gobierno, José María Aznar,
y el ministro del Interior, Ángel
Acebes, siguieron insistiendo
en la tesis única de ETA hasta las
20.00 horas de ese día, en que Acebes
compareció en rueda de prensa para
señalar que también se abría a partir
de entonces la 'pista árabe'. Pero
la comparecencia de Acebes se produjo
cuando ya se conocía públicamente
desde dos horas antes el descubrimiento
de los detonares y de la cinta en
árabe. Es decir, el ministro iba
por detrás de los medios de comunicación.
Un perro con el olfato atrofiado
En síntesis, ésas fueron las principales
revelaciones de Garrudo, con suficiente
contundencia para demostrar lo que
pretenden los socialistas y la mayoría
de la oposición, a excepción del
PP. De ahí, que la comparecencia,
unas horas después, del comisario
de Alcalá resultara altamente esperada.
Pero el comisario Blanco ofreció
una versión completamente contradictoria
con la ya referida por este testigo.
Las notas principales de la declaración
de Blanco son que en un principio
y hasta las 19.00 horas de ese 11
de marzo no se planteó ninguna otra
vía de investigación que no fuera
la de ETA. Negó en todo momento
que se conociera el contenido del
interior de la furgoneta de Alcalá
hasta las 16.00 horas, cuando llegó
al complejo policial de Canillas.
Y aún dijo que los 'guías caninos'
-es decir, los perros especializados
en explosivos- no detectaron -es
decir, no olieron- restos de sustancias
explosivas, lo que dio pie a jocosos
comentarios sobre la 'profesionalidad'
de los chuchos: como se sabe, en
el interior de la furgoneta había,
además de detonadores, restos de
goma dos ECO.
Blanco puso especial énfasis en
desmentir que el tedax -policía
anti-explosivos que guiaba al perro-
observara nada sospechoso cuando
penetró con el 'guía canino' al
interior de la furgoneta. La razón
es que, según Blanco, no se trataba
de inspeccionarla en ese momento
-algo realmente singular, dada la
trascendencia y crueldad del atentado-,
sino, simplemente, descartar la
presencia de explosivos. Pues, bien,
ni una cosa ni otra se hizo: no
se inspeccionó -y el tedax, al parecer,
tampoco observó nada ni los detonadores
ni la cinta en árabe- ni el perro
descubrió los restos de la comga
dos ECO. Algo inverosímil. Para
argumentar que durante toda la mañana
se siguió la pista de ETA y que,
por tanto, el Gobierno de Aznar
no mintió, Blanco González ofreció
una cronología de los hechos: la
furgoneta, que era el principal
elemento en cuestión en esta primera
ronda de interrogatorios, no fue
inspeccionada in situ; salió exactamente
a las 14.15 horas con dirección
a Canillas, donde se halla la sede
central de la Policía Científica,
donde no llega hasta las 15.50 horas
-dato que reveló luego con exactitud
uno de los interrogadores del PP,
Jaime Ignacio del Burgo-, y a él,
personalmente y en su calidad de
comisario jefe de Alcalá, no le
ordenaron hasta las 19.00 horas
que además de ETA siguiera 'otras
líneas de investigación'.
Puntos oscuros
Pero la comparecencia del comparecencia
de Eduardo Blanco ha dejado numerosos
puntos oscuros. Primero y muy importante,
que el propio Blanco se vio obligado
a reconocer que él no estuvo personalmente
en el lugar de los hechos, sino
que le fueron informando. Cuando
se abrió la furgoneta, antes del
mediodía, quienes sí estaban allí
fueron "Luis Manuel", jefe
de la Policía Científica local;
"Don Victorino", jefe de
la Brigada de Información local,
y "Francisco", jefe del Módulo
3 de Alcalá de Henares, además de
los 'guías caninos' -los perros
con el olfato 'atrofiado'- y los
policías que los guiaban, así como
agentes del cuerpo local.
Segundo punto oscuro: que, según
un informe de Pedro Díaz-Pintado
Moraleda, entonces subdirector
general Operativo de la Policía,
a las 16.00 horas ya se conoce el
contenido de la furgoneta -los detonadores,
la goma dos ECO, que no es la usada
habitualmente por ETA, y la cinta
en árabe-, y a esa hora es cuando
se pasa inmediatamente una nota
al jefe de la Brigada de Información
Interior "ante la relevancia
de lo encontrado". Es decir,
que en Canillas se encuentra en
diez minutos lo que en tres horas
los policías actuantes en Alcalá
no habían hallado. Además, aún haciendo
buena esta versión, a las cuatro
de la tarde se sabía ya que habían
sido elementos árabes, y, sin embargo,
hasta tres horas después no se comunica
a la Policía que siga 'otras vías'
de investigación.
El señuelo de los testigos 'ocultos'
Un tercer punto oscuro en la declaración
de Banco es si hasta las 19.00 horas
no se interrogó a nadie -además
del portero- que hubiera visto a
los supuestos terroristas. Y ahí
es donde el portavoz socialista,
Álvaro Cuesta, le tendió una trampa
al comisario y, en realidad, a todos
los componentes de la Comisión de
Investigación: el papel con dos
nombre secretos para que Blanco
dijera si algno de ellos había prestado
declaración inicial en Alcalá de
Henares antes de hacerlo, un día
después, en Información. Blanco
respondió afirmativamente sobre
uno de los dos nombres que le pasaron.
Resulta que, según fuentes parlamentarias,
los supuestos testigos serían -supuestamente
también- Manuel Patiño Esteban y
José Luis Rodríguez Lillo, sobre
cuya declaración se habrían efectuado
los primeros retratos robots de
los supuestos terroristas. En uno
de los retratos robot se especificaba
claramente que el supuesto terrorista
tenía rasgos árabes. Luego, si había
al menos uno que era árabe y el
testigo lo había contado el mismo
día 11 en la Comisaría de Alcalá,
la mayor parte de las tesis de Blanco
se venían abajo.
La 'trampa' de Cuesta hizo saltar
de su asiento a los representantes
del PP, uno de los cuales, Jaime
Ignacio del Burgo, exclamó cuando
le llegó su turno de preguntas que
"el señor Cuesta está utilizando
notas que están en el secreto del
sumario". Protesta consecutiva de
Cuesta y retirada de Del Burgo de
las palabras pronunciadas. Pero
ahí queda la trampa.
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