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Sí, eso: ¿por qué no comparece el
confidente Rafá Zouhier ante
la comisión investigadora del 11-M?
Pues no comparece porque el PSOE
no quiere. Porque, como dice el
fiscal general Conde Pumpido hoy
en El Mundo, "los confidentes
aportarían confusión a la comisión".
Como si la comisión necesitase de
confidentes para estar confusa.
Si se ha puesto en marcha la malhadada
comisión, que está evidenciando
la falta de disciplina de nuestros
políticos, que está arrasando no
sólo con la credibilidad de la clase
política, sino también de la policía,
los servicios secretos y el propio
Parlamento, si se ha puesto en marcha
este bodrio, hay que afrontarlo
con todas las consecuencias. Por
allí han de pasar los políticos,
los expertos y los confidentes.
Lo que Zouhier tenga que decir ante
Sus Señorías y ante las cámaras
de televisión, tiene sin duda mucho
más interés que lo que pueda declarar
el portero Garrudo o el encargado
de los perros policía. Si el PP,
aunque de manera remisa, ha accedido
a que vaya por allí Aznar
-que, por cierto, ni sabemos aún
cuándo irá-, lo menos que puede
hacer el PSOE, o el Gobierno, es
aceptar la presencia de los confidentes,
gentes que serán todo lo cuestionables
que se quiera, pero que existen.
Y, ya que estamos, los partidos
podrían ponerse de acuerdo para
que la comisión no se convierta
en un altavoz de acusaciones sin
fundamento: a este paso, algún descerebrado
acabará culpando al PP, o al PSOE,
de haber mantenido connivencias
con el atentado. Tal es el grado
de estupidez, demagogia y miseria
moral que nos anega.
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