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- Critica que Aznar no destruyera
los documentos del CNI cuando se
fue y se los llevara a su casa
- Confirma que ni Saddam ni ETA
tenían nada que ver con Al Qaeda
Clarificadoras explicaciones las
del ex director general del CNI,
Jorge Dezcallar, a la Comisión de
Investigación del 11-M. El ex jefe
del espionaje español ha dicho cosas
muy graves: que durante dos días
creyeron que era ETA, que entre
el 11 y el 16 de marzo el Gobierno
de Aznar dejó al CNI "fuera de
juego" y que ni siquiera le
transmitían los hallazgos que realizaba
la Policía; que el que los políticos
"se arrojen notas de los servicios
de espionaje a la cara" es "propio
de un país bananero" -clara
referencia a los papeles del CNI
que se llevó Aznar a su casa, algunos
de los cuales están siendo filtrados-;
que ni Saddam ni ETA han tenido
nada que ver con Al Qaeda; que Bin
Laden no sabía nada de la masacre
de Madrid; que el Gobierno le "pidió"
el 13 de marzo, jornada de reflexión,
que sacara una nota desmitiendo
a la Cadena SER; que en esos
días habló con Zapatero y Rubalcaba...
Ha reconocido, incluso, que él mismo,
antes del 11-M, ha hecho filtraciones
a un "periodista amigo".
Manuel Ángel Menéndez/Diariocrítico
Esperadísima comparecencia
ante la Comisión de Investigación
del 11-M de Jorge Dezcallar,
director general del CNI en el momento
de los hechos y actual embajador
ante el Vaticano. Dezcallar llegó
ante los comisionados sabiendo que
lo que él sabe puede arrojar muchísima
luz sobre los aspectos candentes
de esa Comisión. Pero llegó adviritiendo
que la Ley del CNI del 2 de mayo
de 2002 le imponía silencio sobre
todo lo que pueda ser considerado
como materia clasificada. Aún así,
y en un espíritu ampliamente colaboracionista,
el ex jefe de los espías españoles
despejó algunas dudas que dejaron
asombrados a los propios comisionados.
La primera, en la frente: que el
Gobierno de Aznar marginó
al CNI en todo lo relativo a la
investigación de la masacre de Madrid
entre el 11 y el 16 de marzo. Y
que, incluso, no les informaban
de los hallazgos que diariamente
realizaba la Policía, como el hallazgo
de la furgoneta y de su contenido,
por no hablar de la mochila, el
teléfono móvil, la Tarjeta SIM y
el seguimiento de las llamadas realizadas
desde éste. Sólo el 16 de marzo,
el presidente del Gobierno mantuvo
una reunión con Dezcallar, a la
que también acudió el ministro del
Interior, Ángel Acebes. A
partir de ahí, sí se produjeron
reuniones de coordinación con los
Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del
Estado, pero no antes.
Así, Dezcallar se vio obligado a
reconocer -los hechos son los hechos-
que en la primera nota que pasó
el CNI al Gobierno el 11 de marzo,
día de los atentados, se afirmaba,
efectivamente, que la autoría era
de ETA. "Desgraciadamente, los
datos que dimos ese día no eran
acertados", tuvo que reconocer
ante la Comisión. Pero la nota,
muy oportunamente desclasificada
por el Gobierno de Aznar el 18 de
marzo, fue pasada exactamente a
las 15.51 horas del 11-M, cuando
ya se sabía el contenido de la famosa
furgoneta de Alcalá de Henares,
con cinta coránica incluida, sin
que el CNI tuviera constancia ni
siquiera de la existencia del vehículo
usado por los terroristas. Increíble,
si no lo hubiera revelado el propio
Dezcallar ante unos asombradísimos
comisionados.
A ese respecto, Dezcallar, obligado
por el silencio que le impone la
Ley del CNI utilizó un subterfugio
para confirmar con un "es verosímil"
que el Centro remitió al Gobierno
más notas entre el 11 y el 15 de
marzo que las dos que desclasificó
Aznar para sustentar sus tesis de
que el Gobierno no mintió y que
dijo en todo momento lo que los
servicios policiales y de espionaje
españoles le transmitían. En base
a la respuesta de Dezcallar a esta
cuestión, es obvio que el CNI mandó
más notas al Gobierno esos
días en las que las tesis de ETA
no parecían ser ya tan consistentes.
¿Y quién recibió las notas? En un
lenguaje sutil, el diplomático no
dejó ninguna duda sobre que el receptor
fue el propio presidente del Gobierno;
es decir, José María Aznar; es decir,
el hombre que ha reconocido que
se llevó a su casa todas las notas
que le mandó el CNI.
En este punto, el ex jefe del espionaje
español no pudo sustraerse a la
tentación de cargar las tintas contra
los que a lo largo de los días que
dura esta Comisión de Investigación
están 'filtrando' documentos claisificados
del Centro y que, por lo que se
deduce de sus respuestas, sólo los
tenía el ex presidente Aznar. "Se
está dañando seriamente la seguridad
del estado por un juego de algunos",
avisó seriamente Dezcallar, refiriéndose
a documentos como el que hablan
del espionaje que el Centro tenía
sometido al líder abertzale
Arnaldo Otegi y la conversación
mantenida por éste con el catalanista
republicano Josep Lluís Carod-Rovira.
Su frase al respecto es muy elocuente:
"Es propio de un país bananero"
que los políticos "se arrojen
notas de los servicios de espionaje
a la cara". Para añadir que
nadie le señalé a él, o al CNI,
con el dedo, porque "la responsabilidad
es de quien va dirigida" la
nota y "el CNI no pide que le
devuelvan los documentos, sino que
se custodien con la debida garantía
y que los destruyan cuando se vayan"...
y no se los lleven a su casa.
Obligado a desmentir a la SER
Si la primera que dio Dezcallar
fue en la frente, la segunda lo
fue en la cara del Gobierno del
PP: confirmó ante los comisionados
que en la mañana del 13 de marzo,
sábado, se vio obligado a emitir
una nota de desmentido a la Cadena
SER. Una nota por la que el
CNI quedó por primera vez ante los
pies de los caballos -la segunda
vez lo pondría el Gobierno de Aznar,
desclasificando dos notas del Centro,
del día 18-. ¿La petición y autoría
de la nota en nombre de Dezcallar?:
del entonces secretario de Estado
de Comunicación, Alfredo Timmerman,
uno de los hombres de máxima confianza
de Aznar. ¿El asunto de la nota?:
desmentir una información de la
SER, según la cual el CNI
había abandonado al 99,9 por ciento
la vía de ETA y se dirigía hacia
el terrorismo islamista. La afirmación
de la Cadena, citando fuentes
del Centro, era cierta, según se
deduce de las explicaciones de Dezcallar,
que ha calificado su propia nota
no de "desmentido", sino
de "aclaración".
Hizo bien en aclarar ese extremo
Dezcallar porque es sabido que la
nota de desmentido que le pidió
Timmerman llegó en muy mal momento:
poco después de emitida, con la
firma de Dezcallar estampada en
la misma pero redactada por el propio
Timmermam, eran detenidos sesis
presuntos activistas islámicos relacionados
con el 11-M, pero sin que las detenciones
se las hubieran comunicado al CNI
cuando le pidieron que firmara la
nota. ¿La teoría? Que el Gobierno
parecía querer que se siguiera pensando
que la principal vía era la de ETA
en el día de reflexión electoral.
Ni ETA ni Osama Bin Laden
Más allá del estupor que produjo
saber que el CNI quedó marginado
de la investigación hasta el día
16 de marzo -cinco días después
de los atentados-, interesantísimas
explicaciones de Dezcallar sobre
el integrismo islamista. No en vano,
Dezcallar, diplomático de profesión,
ha pasado gran parte de su vida
profesional relacionándose con el
mundo árabe. En este punto, sus
conocimientos sobre el terrorismo
islamista quedaron patentes, pero
sus afirmaciones sobre todo lo relacionado
al 11-M fueron sorprendentes.
En tesis claramente contrarias a
lo mantenido aún hoy por el Gobierno
de Aznar, Dezcallar negó rotundamente
cualquier vinculación de Saddam
Husein con Bin Laden o
con Al Qaeda, uno de los motivos
por los que, según Aznar, era precisa
una guerra contra Irak. Recordó
Dezcallar al respecto que Saddam
había sido objeto de una "fatwa"
-orden de muerte contra Saddam-
emitida por Bin Laden.
Segundo punto, tampoco ETA ha tenido
o tiene ninguna vinculación con
grupos islamistas radicales: "No
hay contactos entre ETA y los islamistas:
son, como Saddam y Bin Laden, agua
y aceite". Luego, queda desmontada
la tesis de que ETA y Al Qaeda podrían
estar colaborando en alguna materia.
Pero hay más: para Dezcallar "los
que han realizado el atentado tienen
muy poca relación con Bin Laden",
quien "no sabía lo que iba a
pasar en Madrid el 11-M". A
este respecto, fue muy ilustrativa
su explicación del terrorismo islamista.
Según él, hay cuatro grupos: el
de Bin Laden, muy reducido y con
la fianciación muy cortada por la
acción internacional y, por tanto,
"de menor operatividad";
un grupo mundial contra cristianos
y judíos que han suscrito la "fatwa"
emitida por Bin Laden; una serie
de grupos locales y "durmientes"
que se activan espontáneamente porque
hay un líder que los anima, y, finalmente,
el individuo particular "al que
se le cruzan los cables" en
un momento determinado. Pues bien,
en España actuó, según Dezcallar,
el tercero de los grupos citados,
"el que más nos preocupaba".
Temían un atentado a los soldados
españoles
Dezcallar negó cualquier improvisación
en la lucha contra el terrorismo
islamista, al menos por lo que se
refiere al CNI, e, incluso llegó
a afirmar que sobre octubre de 2003
"los sensores los teníamos al
rojo", pero que en el CNI "no
estábamos alertados" de que
pudiera ocurrir algo como el 11-M.
Lo que sí creían es que se podría
producir un gran atentado contra
intereses españoles en el exterior
-embajadas, organismos públicos-
o sobre nuestras tropas en irak.
En eso es en lo que estaban trabajando
los siete miembros del CNI que fueron
asesinados en Irak cuando iban a
proceder a su relevo. Respecto a
su asesinato, lo refirió de la siguiente
forma: "Pasaron por el lugar
inadecuado en el momento inapropiado,
pero pudieron ser detectados como
funcionarios españoles en Irak un
par de horas antes".
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