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La titular del juzgado de Instrucción
número 3 de Valdemoro ha dictado
un auto por el que archiva las diligencias
abiertas por un presunto delito
de amenazas denunciado por Rafá
Zohuier, confidente de la Guardia
Civil e imputado en los atentados
del 11-M, en el centro penitenciario
Madrid-III (Valdemoro) donde se
encuentra recluido.
Diariocrítico/Agencias (Madrid)
La juez considera en su resolución
de la declaración de Zohuier
no puede deducirse que existiera
"comportamiento alguno susceptible
de encajar en el tipo penal de amenazas",
porque en ningún momento los agentes
de la Benemérita que le visitaron
en prisión "vertieron expresiones
o realizaron comportamientos que
pudieran llevar a Rafá Zohuier a
pensar que su vida o su integridad
física o psíquica se encontraban
en peligro".
Por ello, decreta el sobreseimiento
provisional y el archivo de la causa,
sin que sea necesario practicar
ninguna otra diligencia de investigación.
El pasado día 14, Zohuier declaró
ante la juez por la denuncia interpuesta
por el fiscal tras tener conocimiento
de que el interno aseguraba haber
recibido amenazas por parte de miembros
de las fuerzas de Seguridad del
Estado.
Durante su comparecencia, Zohuier,
encarcelado por orden del juez de
la Audiencia Nacional Juan del
Olmo, que investiga los atentados
ocurridos en Madrid el pasado 11
de marzo, sólo dijo que un año antes
de los sucesos puso en conocimiento
de la Guardia Civil que el ex minero
asturiano Emilio Suárez Trashorras
-también imputado en el caso-,
le había ofrecido explosivos.
A la salida del Juzgado, a preguntas
de los periodistas, aseguró que
había avisado de los atentados y
que no le hicieron caso. Pero el
confidente del instituto armado
no realizó tal afirmación ante la
magistrada de Valdemoro.
"SE IBA A COMER LOS 200 MUERTOS"
En el auto de archivo, la juez relata
que en su "farragosa" declaración
el reo manifestó que los agentes
de la Guardia Civil que le visitaron
en la cárcel de Valdemoro como parte
de la investigación de los atentados
del 11-M no le amenazaron directamente,
sólo le dijeron que no contara nada
porque si no "se iba a comer
los 200 muertos".
Sin embargo, a juicio de la instructora,
esa expresión "no puede entenderse
como una amenaza ni directa ni indirecta",
sino como "una percepción" del
recluso, puesto que, para que pudiera
incurrir en el ilícito previsto
en el artículo 169 del Código Penal,
"debe amenazarse con un mal que
pueda constituir un delito".
El confidente de la Guardia Civil
sostuvo que se sintió "abandonado
y tirado", supuestamente, según
el auto, por la Benemérita. Para
la magistrada, dicha sensación no
puede ser objeto de un procedimiento
penal, puesto que los agentes "no
amenazaron al señor Zohuier".
"La consecuencia que puede extraerse
-prosigue el auto- es que Zohuier
ha querido dejar claro, por los
motivos que sean, que él no es un
'chivato', utilizando para ello
una serie de cartas en las que podría
extraerse inicialmente que estaba
siendo amenazado, pero que , al
abundar en los detalles y aspectos
principales de los hechos (...),
puede comprobarse que son un intento
de desahogo y de justificación de
su situación personal, pero carecen
de entidad suficiente como para
continuar con un proceso penal".
Por otro lado, la juez indica en
su resolución que el único dato
que podría apuntar a la existencia
de un delito de amenazas sería una
conversación telefónica que el denunciante
mantuvo con un tal Mario,
que según el propio Zohuier era
otro supuesto confidente de la Guardia
Civil, en la que éste le dijo que
su cabeza "valía mucho".
Sin embargo, en esta ocasión la
instructora también descarta que
Zohuier fuese objeto de amenazas,
puesto que entiende que igualmente
fue una "interpretación peculiar"
de éste el sentirse coaccionado,
y más cuando continuó llamándolo
por teléfono a esa persona, por
lo que para la juez resulta "dudoso"
que el recluso se sintiera en peligro.
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