Las lágrimas del inspector jefe de Avilés impresionaron a los comisionados del 11-M


Algunos lo vaticinaron. Monolón, como llaman en su tierra al inspector jefe del grupo de estupefacientes de Avilés (Asturias), Manuel García Rodríguez, no iba a aguantar la comparecencia ante la Comisión de Investigación sobre el 11-M. Quienes le conocen, que son muchos porque el inspector es un hombre muy popular en Asturias, cuentan que temía más que a un nublado que llegara el día de su declaración. No porque tuviera nada que ocultar, no, sino porque le descomponía ser objeto de tanto protagonismo, y mucho más por el desgraciado motivo.


Carmen MORAGA/Diariocrítico (Madrid)

Y quienes le aprecian, que por lo visto también son muchos, destacaban al verle salir llorando de la Comisión del 11-M su carácter 'bonachón' mientras recordaban detalles personales, como su afición al huerto, al que dedica muchas de sus horas libres, en el que cultiva sus "famosas" fabes que luego reparte entre los amigos y compañeros del cuerpo.

Un carácter 'bonachón' pero algo 'ingenuo', como él mismo dejó traslucir en su comparecencia, que le llevó a ser engañado por 'su' confidente, el ex minero Emilio Suárez Trashorras, a quien el inspector en una "tarea humanitaria" intentó rehabilitar aconsejándole "que no se metiera en más líos" ejerciendo casi como un 'padre' para él y su mujer, Carmen, a la que también ayudó a enderezar su vida consiguiéndole un trabajo de "auxiliar en una empresa", según relató ante los comisionados con frases nerviosas y en numerosas ocasiones hasta inconexas.

Nada de esto 'enterneció' al diputado del PP, Jaime Ignacio del Burgo, quien, como político que es, tuvo más presente sus declaraciones confirmando que no dio importancia a hechos relevantes como que Trashorras tenía dinamita en su casa o que le advirtió el día trece de marzo que el atentado había sido "cosa de los moros".

Pero el duro 'juicio final' al que le sometió Del Burgo en sus conclusiones, en las que le achacó la responsabilidad de haber podido evitar la masacre, provocó que el inspector se desmoronara. Pese a que el resto de los portavoces tomaron la palabra para mostrar su indignación por las "injustas" imputaciones, Manuel García Rodríguez, visiblemente afectado por lo dicho por Del Burgo - que rectificó torpemente a última hora -, pidió perdón a las víctimas por si, involuntariamente, incurrió en alguna "negligencia". Luego salió de la sala entre lágrimas arropado por varios comisionados que le daban palmaditas en la espalda para calmarle. Alguien intentó romper la tensión y le emplazó a probar sus fabes pero Manolón replicó: "Para mí se han acabado las fabes…poca gana tengo yo ya de fabes", dijo enjugándose el llanto.

Mientras tanto los diputados del PP se mantuvieron en un corrillo charlando con Del Burgo alejados de la escena.





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