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- Confirma que el Gobierno esperaba
un gran atentado de ETA en la campaña
- Sostiene que sólo en la tarde
del sábado se supo de la pista integrista
- Lo que diferencia a ETA de los
integristas es que usan "explosivos
caseros"
El ex ministro del Interior, Ángel
Acebes, ha abierto las comparecencias
políticas en la Comisión de Investigación
del 11-M para azuzar desde la mesa
de comparecientes la teoría de la
gran conspiración "por arriba
y por abajo" para derribar al
Gobierno de Aznar. Toda su intervención
giró sobre dos ejes: la gran confabulación
entre ETA y el terrorismo islamista
y la gran conspiración política
que manipuló medios informativos
(citó expresamente la Cadena
SER) y opinión pública para
derribar al Gobierno del PP. En
esta línea, y en un intento de demostrar
que el Gobierno nunca mintió, Acebes
se aferró que solamente "es en
la tarde del sábado, día 13, cuando
tenemos los primeros datos objetivos
que apuntan a una determinada línea
de actuación", es decir, al
terrorismo integrista.
Manuel Ángel MENÉNDEZ/Diariocrítico
Larguísimo interrogatorio al
ex ministro del Interior, Ángel
Acebes, en la Comisión de Investigación
del 11-M, en una sesión para la
que no se fijó limitación de tiempo
y en la que se presentaron numerosos
diputados populares para arropar
con su presencia al ex ministro.
Allí se dieron cita en una silenciosa
clá desde el ex portavoz del Gobierno,
Eduardo Zaplana -quien debía
comparecer por la tarde-, hasta
el ex secretario de Estado de Seguridad,
Ignacio Astarloa, cuya comparecencia,
solicitada por el PP y reiterada
por Acebes a lo largo de toda su
comparecencia, no ha sido aceptada
por el resto de los grupos. Tras
seis horas de interrogatorio, el
presidente de la Comisión, el canario
Paulino Rivero, no aceptó
la propuesta popular de un receso
para poder almozar y la sesión se
prolongó casi indefinidamente, de
forma pesada y tremendamente redundante
que sólo adquirió ritmo cuando el
ministro se encrespó con los representantes
de ERC, Joan Puig, y de IU,
Gaspar Llamazares.
Ángel Acebes llegó a la Comisión
del 11-M con un guión escrito de
once folios en los que se contenían
las líneas por las que iba a girar
su intervención y de las que el
ex ministro no se apartó ni un ápice.
Esas línea básicas incluían la denuncia
de que el 11-M fue el resultado
una gran conspiración "por arriba
y por abajo" para derribar al
Gobierno de Aznar, una gran
conspiración en la que incluyó a
alguien de "gran credibilidad"
(se negó a citar nombres) que "intoxicó"
a los medios de comunicación y a
la Cadena SER en particular
y, a través suya, a la opinión pública:
"No encajan las piezas. No encaja
que unos delincuentes comunes, en
poco tiempo, se conviertan en terroristas
sin conexión alguna con Al Qaeda.
No encaja que en esas condiciones
sean capaces de diseñar y ejecutar
el mayor atentado de la historia
de Europa y que llevó a derribar
un Gobierno".
En consecuencia, lo que habría que
investigar, según Acebes, son otras
conexiones, colaboración e inspiraciones
que "necesariamente tuvieron
que existir": quién decidió
la fecha para incidir en las elecciones,
quién programó la "sucesión precisa
de los acontecimientos", quién
"planificó la secuencia de las
pistas", cuáles son los vínculos
externos de los ejecutores materiales
y cuál "el alcance real de la
sombra de ETA que aún planea sobre
aquellas horas". Falta, en definitiva,
el gran "autor intelectual"
de la masacre de Madrid.
Todo ello dentro de la confabulación
terrorista, pero también, dentro
de una conspiración política, investigar
el papel que representó cada quién
"sea éste confidente policial,
manifestante ante la sede del PP
o agitador deseoso de réditos políticos
derivados de la situación de incertidumbre
existente sobre la autoría del atentado".
Es decir, quiénes son los conspiradores
en sus dos grados posibles: el terrorista
homicida y el político "miserable
y mezquino".
En este punto, Acebes no entró al
trapo que le tendió el portavoz
del Grupo Popular, Jaime Ignacio
del Burgo, quien en un evidente
reparto de papeles con el compareciente,
le preguntó a bocajarro si el Partido
Socialista estaba en esa "campaña
de insidias" -informar, por
ejemplo, de la existencia de una
kamikaze en los trenes, lo cual
se ha demostrado falso- y, más concretamente,
si estaba mezclada en esa campaña
de intoxicación la "cúpula máxima
del Partido Socialista". "Yo no
tengo esa información", dijo
el ministro en tono conciliador,
pero sólo para añadir que "ése
es el trabajo de esta Comisión".
El objetivo ya estaba cumplido:
la pregunta consta en acta y la
duda ya está sembrada.
La sombra de ETA
Como era de esperar, Acebes defendió
la máxima transparencia del Gobierno
de Aznar durante los días críticos
del 11 al 14 de marzo y se aferró
a la tesis de ETA como un clavo
ardiendo. "Les recuerdo que en
la Nochevieja de 2002, ETA intentó
crear el caos con explosiones espaciadas
a lo largo de todo el día en grandes
superficies, hasta consumir muchos
kilos de explosivos", informó
el ex ministro para demostrar que
no era descabellado pensar únicamente
desde el primer momento en la pista
etarra, porque el modus operandi
coincidía en sus líneas básicas
con los antecedentes inmediatos.
Acebes confirmó a los comisionados
que el Gobierno había recibido avisos
genéricos sobre la posibilidad de
que durante las fechas electorales
se produjera un gran atentado terrorista,
teniendo en cuenta la presencia
de ETA en las elecciones y el antecedente
de la Nochevieja de 2002: "Los
operativos policiales están preparados
para reaccionar ante semejante hipótesis
y así ocurrió también esa mañana
de marzo. El tiempo ha demostrado
que no era una tesis infundada y
que la preocupación policial por
la repetición del horror tuvo confirmación
pocos días después, con el protagonismo,
eso sí, de fundamentalistas islámicos".
Sin embargo, una vez producido el
atentado, el ministro recalcó que
"en tan sólo 48 horas se hicieron
las primeras detenciones y en menos
de un mes estaba desarticulado el
grupo ejecutor", lo que evidenciaría
la buena gestión del Gobierno del
PP. Y en ese punto, nueva carga
de profundidad del ex ministro,
negando que el Gobierno ocultara
información o incluso mintiera:
"Cuando oía hablar en aquellas
horas tremendas de retraso, de ocultación
o de manipulación, cuando todavía
hoy oigo y leo semejantes cosas,
me pregunto qué habrían llegado
a decir o hacer algunos si no se
hubiese actuado con tanta rapidez
y tanta eficacia".
En todo momento Acebes insistió
en sobre su actuación se han vertido
sólo "calumnias", porque
"no sólo no provoqué ni una sola
interferencia en el trabajo policial,
sino que si en algo insistí fue
en impulsar la investigación".
Y, además, aún hoy sostiene que
"los ciudadanos tuvieron noticia
permanente de todo ello, con la
información más trasparente que
Gobierno alguno haya proporcionado
nunca ante un suceso semejante".
Ninguna intervención de ningún grupo
consiguió sacar al ex ministro de
su guión prefijado, ni cuando Jordi
Jané, de CiU, o los ya aludidos
Puig y Llamazares, con los que mantuvo
agrias polémicas, le recordaron
que policías como el ex comisario
general de Información, Jesús de
la Morena, o magistrados como Baltasar
Garzón habían señalado en esta
misma Comisión que ya en la noche
del 11-M las pistas conducían al
50 % entre ETA y Al Qaeda, pero
"tirando hacia abajo".
En respuesta esta vez a una pregunta
del peneuvista Emilio Olabarría,
Acebes desacreditó finamente a Garzón
alegando que "no es el instructor
judicial y, por lo tanto, yo lo
único que puedo respetar son sus
opiniones". Opiniones que, naturalmente,
el ex ministro no comparte, porque
-insistió hasta la saciedad- solamente
hasta las detenciones del sábado
y el hallazgo de una cinta de vídeo
revindicando el atentado no hubo
una pista clara que llevara al integrismo
radical: "Afirmo solemnemente
en esta Cámara que el Gobierno contó
a los ciudadanos en cada momento
los datos relevantes que la policía
iba poniendo en su conocimiento,
cuya reserva no fuese indispensable
para proseguir la investigación",
sostuvo en todo momento el ex ministro.
La gran manipulación
Nada nuevo, pues, en la comparecencia
más esperada de las que se han producido
hasta ahora en la Comisión del 11-M.
Acebes llegó con el guió bien aprendido
y centrado sobre sus objetivos,
uno de los cuales pasaba por denunciar
la manipulación que "alguien
de gran credibilidad" llevó
a cabo entre el 11 y el 14 de marzo
para conseguir, con la ayuda de
la Cadena SER y el Grupo
Prisa, según el ex ministro, movilizar
a los ciudadanos para echar al Gobierno
de Aznar.
Y es filtrador de "credibilidad"
fue, según la versión de Acebes,
quien manipuló día a día hasta el
14 de marzo (fecha electoral) con
falsedades como que había kamikazes
en los trenes, información que resultó
falsa pero que en esos momentos
hicieron ver a la opinión pública
que el Gobierno de Aznar estaba
mintiendo. Es la teoría del Grupo
Popular llevada por Acebes a su
más alto exponente.
Irak no tiene nada que ver
Para Acebes, el apoyo español a
la guerra de Irak no tuvo nada que
ver con el 11-M, como tampoco la
famosa foto de las Azores entre
Aznar, Bush y Blair:
"El riesgo no era mayor" después
de la foto y del apoyo a la guerra
que antes, porque, según él, el
atentado se planificó mucho antes
de esos escenarios: "Eso no es
por la guerra de Irak... Es una
amenaza contra un determinado modelo
de convivencia", respondió Acebes
a una pregunta en sal sentido de
Jordi Jané, de CiU.
Acebes negó en todo momento que
hubiera imprevisión, y, de hecho,
reconoció en sucesivas ocasiones
que sí, que "esperábamos un atentado
de ETA", razón por la que la
policía estaba movilizada al cien
por cien. De hecho, "el atentado
del 11-m es el atentado de Chamartín,
solo que cambia la estación [de
ferrocarril]", según el ministro,
quien restó valor al hecho de que
les informaran en primera instancia
que el explosivo utilizado era Titadyne
en vez de Goma 2 Eco, porque la
dinamita, de una marca u otra, es
la que utiliza ETA, que se diferencia
en este punto de los grupos integristas
en que estos últimos utilizan habitualmente
explosivos de facturación casera,
con componentes de napalm en vez
de nitroglicerina.
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