La Guardia Civil asturiana niega que Toro y Trashorras tuvieran explosivos en 2003


· El general Laguna ha corroborado la versión de Aldea sobre los explosivos

Más sorpresas en la Comisión del 11-M: ahora resulta que ni Antonio Toro ni José Emilio Suárez Trahorras tenían 150 kilos de explosivos en febrero de 2003, como afirmaba la UCO en un informe del 27 de febrero de ese año. La afirmación, que contradice todo lo dicho hasta el momento, la ha facilitado el teniente coronel de la Comandancia de Oviedo y jefe accidental de Asturias, Fernando Aldea Juan. El guardia civil se ha mostrado contrario, incluso, a las estimaciones del jefe de la UCO, coronel Félix Hernando, sobre la existencia de un 'mercado negro' de explosivos en Asturias. La Comisión vuelve a constatar profundas discrepancias entre los distintos comparecientes.


M. A. Menéndez/Diariocrítico

Los 150 kilos de explosivos robados que, según dos confidentes de la Guardia Civil y la propia UCO (Unidad Central Operativa) estaban enterrados en Avilés en febrero de 2003 "no estaban en Asturias, no estaban en ninguna parte. No existían. Era una manera [el chivatazo] de complicar la vida de una persona por rencillas entre ellos". Esta sorprendente afirmación ha sido realizada por el teniente coronel de la Guardia Civil Fernando Aldea Juan, jefe de la Comandancia de Oviedo y actual jefe accidental de Asturias ante los comisionados del 11-M.

Con la comparecencia de Aldea Juan se han reiniciado este viernes las comparecencias en el Congreso de los Diputados para tratar de esclarecer todos los hechos que desembocaron en la masacre de Madrid el 11 de marzo de este año. Pero las declaraciones del guardia civil, lejos de profundizar en aspectos ya conocidos o de arrojar algún tipo de luz, han ensombrecido aún más los detalles que se creían conocer. Es más, lo único que se ha profundizado es en la polémica entre la propia Benemérita entre sí -con la UCO- y de ésta con la Fiscalía de Avilés. Nada en claro, pues.

La afirmación más contundente de Aldea Juan es que simplemente "no existían", al menos en febrero de 2003, los 150 kilos de explosivos que, según la UCO y según también el confidente asturiano José Ignacio Fernández Díaz, alias "Nayo", tenía enterrados cerca de Avilés Antonio Toro Castro, cuñado del ex minero (ayudante artillero, exactamente) José Emilio Suárez Trashorras. El teniente coronel sí admitió que la UCO no aportó nada nuevo a la Comandancia de Oviedo en el informe que les remitió el 27 de febrero de 2003, porque un capitán de la Policía Judicial de esta Comandancia ya estaba sobre la pista desde el 10 de febrero.

La pista habría llegado a través del citado "Nayo", quien, permaneciendo interno en la prisión de Villabona por un delito de drogas, el 10 de febrero de ese año había pedido hablar con la Guardia Civil. En la conversación, relató a los agentes -entre ellos un capitán adscrito a la Policía Judicial- que tanto Antonio Toro como José Emilio Suárez no sólo traficaban con drogas -cocaína y hachís, fundamentalmente-, sino que
también lo hacían con explosivos y que guardaban 150 kilos de dinamita enterrados en una zona concreta de Avilés.

Paralelamente, según Fernando Aldea, pasó por Asturias un equipo de la UCO -un capitán y un alférez, a los que no pudo identificar como 'Víctor' y 'Paco', que declararon en julio ante la Comisión- que les informó que estaban siguiendo la misma pista, pero a través de otro confidente. A partir de este punto, las versiones comienzan ya a ser contradictorias por una razón evidente: ¿por qué no se persiguió entonces a unos señores si dos fuentes afirmaban que disponían de nada menos que 150 kilos de explosivos?

La no persecución sería responsabilidad del teniente coronel compareciente, así que éste ha tirado por la calle de en medio: se investigó, dijo ante los comisionados, e, incluso, el capitán de la Policía Judicial habló con el fiscal-jefe de Avilés y otros fiscales "tomando un café" en un bar próximo a la Fiscalía, pero los resultados fueron todos negativos. Respecto a los fiscales, Aldea Juan incidió en que éstos les dijeron que con los datos aportados no se podía autorizar una investigación con intervenciones telefónicas u otras medidas similares. Y respecto a los seguimientos realizados por la Guardia Civil, no dieron resultado.

Conclusión para el teniente coronel compareciente: "No existían los explosivos. No estaban en Asturias. No estaban en ninguna parte". ¿Por qué había mentido, pues, "Nayo"? Porque, según el mando de la Benemérita, éste se encontraba en prisión tras haber sido denunciado por Toro y Suárez Trashorras, así que les quiso devolver la jugada: "Era para perjudicar a quien había perjudicado al informante". Punto y final.

Y a partir de ahí, los desmentidos entre comparecientes, pero especialmente a lo declarad en el mes de julio por el coronel de la UCO Félix Hernando: en Asturias no se pudo hacer más -como, por ejemplo, seguir la otra pista, la del tráfico de drogas- porque según todas las informaciones Toro traficaba en Madrid, lo que excedía el "ámbito local" del que había hablado Hernando en su comparecencia de julio.

Segunda contradicción con Hernando: que el coronel de la UCO dijo en julio que en la Guardia Civil se sabía que en Asturias existía un auténtico "mercado negro" de explosivos. De ser así, la pregunta es evidente: ¿Por qué no investigó la Comandancia de Oviedo, o la de Gijón? Es decir, habría una responsazbilidad directa o irresponsabilidad por parte de los mandos de la benemérita en Asturias. Así que Aldea Juan rechaza lo que dice Hernando de esta forma concluyente: "Esa es la apreciación del coronel Hernando. No la comparto y yo soy el que está en el terreno".

Pero, sin embargo, los explosivos sí salieron de Asturias y concretamente de la "Mina Conchita". ¿Qué falló entonces? Pues... para Aldea Juan no fue la Guardia Civil, sino que que falló el control de explosivos en el interior de la mina y "nada más".

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