|
El match Zapatero-Zaplana se resuelve
en un golpe contra Aznar |
Larga, pesadísima, tediosa penúltima sesión
de la Comisión de Investigación del 11-M.
El esperado 'math' entre Zapatero y Zaplana
a cuenta de la masacre de Madrid ha arrojado
un poco más de luz sobre algunos aspectos
que han planeado durante los trabajos de
la Comisión, pero ha sido contraproducente
para las tesis del PP: los populares no
han conseguido demostrar su objetivo principal,
que el PSOE y Zapatero en primera persona
manipularon a las masas en contra del PP.
Como sacados de un chistera, Zapatero, en
cambió, presentó dos informes elaborados
'ad hoc' el 4 de diciembre por la Comisaría
General de Información que demuestran categóricamente
aspectos tan importantes como que los responsables
intelectuales y los autores de la masacre
son exclusivamente islamistas radicales
y que no hay conexión entre islamistas y
ETA. El mensaje que más ha calado en este
duelo es que el Gobierno no dijo la verdad
desde la misma tarde del 11 de marzo y que
ahora insiste en la vía de ETA para legitimar
aquella actuación.
Manuel Ángel MENÉNDEZ (Madrid)
Cuatro horas y cuarto duró el interrogatorio
al que Eduardo Zaplana sometió al
presidente Rodríguez Zapatero. Todo
un récord en las comparecencias en la Comisión
del 11-M. Era el 'math' más esperado después
del interrogatorio a José María Aznar
dos semanas antes. Una comparecencia importantísima
la del presidente este lunes, ya que, de
hecho, significa el cierre de la Comisión
-a falta exclusivamente de la representante
de víctimas del terrorismo-, y es notorio
que una intervención bien llevada por Zapatero
-como así ha sido- podía dejar sentadas
una serie de conclusiones que, de hecho,
desfavorecen al anterior Gobierno del PP.
Conclusiones como las contenidas en dos
informes de la Comisaría General de Información
que Zapatero presentó a los comisionados
y que, globalmente, vienen a confirmar lo
siguiente: uno, que los responsables intelectuales
y los autores de la masacre son exclusivamente
islamistas radicales; dos, que no hay conexión
directa entre islamistas y ETA; tres, que
tampoco hay relación entre ETA y la trama
de explosivos asturiana, y cuatro, y es
palabra ya de presidente, que a partir de
la tarde del 11 de marzo el Gobierno de
Aznar hizo un "engaño masivo", porque
ya sabían que ETA no era la responsable;
es decir, que mintió descaradamente a la
ciudadanía y por eso perdió las elecciones.
Zaplana sólo consiguió colocar en un brete
a Zapatero en un par de ocasiones, de las
que el presidente se zafó alegando desconocimiento.
Para unos, un sobresaliente para Zapatero;
para otros -el PP exclusivamente-, el presidente
estuvo pésimo.
Lo cierto es que Zapatero estuvo muy firme,
arropado por una treintena de sus diputados
más fieles y con mayor peso político: desde
Pepe Blanco, Pérez-Rubalcaba
y López Garrido en las primeras filas,
hasta Rafael Estrella o Antonio
Cuevas en los asientos traseros. Era
la 'clá presidencial' que debía contrarrestar
a la 'clá zaplanista', representada en su
papeles estelares por Jorge Moragas,
Manuel Atencia, Rafael Hernando
o Celia Villalobos. Técnica parlamentaria,
ya se sabe, la de los pitos y las palmas.
Zapatero no es un político de regate corto;
lo suyo son las intervenciones largas, reflexivas,
generalmente modositas en la forma, pero
extendidas hasta el infinito en el fondo.
Dirigentes socialistas reconocían a este
diario que la intervención de Zapatero había
sido concienzudamente preparada por un "enorme
equipo" de Presidencia del Gobierno
y del partido.
En esta ocasión el equipo de Moncloa se
volcó en una estrategia de derribo del adversario
por simple aburrimiento: si Aznar contestó
en su comparecencia a lo que le daba la
gana y no a lo que se le preguntaba, Zapatero
le superó en extensión: hubo dos respuestas
que consumieron treinta minutos cada una
de ellas, que es cuando leyó los papeles
de la CGI que, sin embargo, había hecho
entregar previamente a los diputados. Podía
haberse ahorrado la lectura, pero, dado
que el debate se retransmitía en directo,
quiso que el contenido de esos documentos
quedara reflejado en el acta y que la gente
tuviera constancia directa de ello. Y Zaplana
perdió los estribos -bien, en este caso,
por la estrategia presidencial, que había
cumplido su objetivo-, viendo no ya que
Zapatero se le escapara 'vivo' del interrogatorio,
sino que quedaran grabados ante la ciudadanía
mensajes muy simples pero contundentes en
contra de Aznar y del PP.
He ahí el primer error de Zaplana: no calibrar
el alcance de su interrogatorio, de manera
que sus largas disertaciones iniciales con
las que el popular arropaba sus preguntas
en un intento de envolver al contrario daban
lugar a larguísimos preámbulos presidenciales
antes de pasar a contestar la pregunta formulada.
Y en los preámbulos presidenciales estaban
contenidos los datos contundentes con los
que Zapatero sacudía a su contrario político.
Las sucesivas quejas de Zaplana al presidente
de la Comisión, el canario Paulino Rivero,
no surtieron efecto, porque, como le recordó
Rivero, el compareciente tenía derecho a
utilizar la misma técnica usada por el portavoz
popular. Si alguien pensó en el PP que podría
proceder a un modelo de interrogatorio 'ping-pong'
-pregunta complicada'le pongo en apuros'le
cazo en la repregunta-, la estrategia les
falló en este caso.
Zapatero se presentó a esta primera parte
de su comparecencia en la Comisión del 11-M
con una montaña de documentos. Usó una estrategia
efectista, dado que el debate es retransmitido
en directo y así se podía ver a un presidente
atrincherado en una cumbre de papeles, lo
que ofrece psicológicamente una imagen de
solvencia ante lo que se está diciendo.
"Aquí tienen los papeles", repetía
a los populares, pero se trataba de una
pequeña trampa, de un truco de orador, porque
los papeles en cuestión eran documentos
internos del PSOE referidos a los días 11
a 14 de marzo y no parece que desvelen los
misterios que Zaplana quería revelar: la
supuesta implicación del PSOE en los SMS
y las manifestaciones convocadas frente
a las sedes del PP en la jornada electoral.
"Aquí están los mensajes enviados desde
la sede federal", lanzaba Zapatero a
la cara de Zaplana, argumentando que ninguno
era convocando a ninguna manifestación.
En este punto, sólo en dos ocasiones consiguió
Zaplana derrumbar mínimamente la muralla
defensiva de Zapatero: cuando el presidente
reconoció que, efectivamente, Alfredo Pérez-Rubalcaba
había pedido un informe jurídico sobre la
posibilidad legal de que el PP pudiera hacer
firmar al Rey un documento para retrasar
las elecciones, informe que resultó negativo
y "no le dimos al asunto mayor importancia".
Zaplana estuvo bien en el regate corto,
haciendo hincapié en que si lo que circulaba
por la red era un burdo rumor, la simple
petición del informe jurídico demostraba
que los dirigentes socialistas como mínimo
conocían el rumor, el bulo, y que, además,
le habían dado pábulo.
Segundo punto oscuro en las respuestas presidenciales:
si hablaron aquellos días con responsables
policiales. Zapatero dudó: él no habló personalmente,
pero tuvo que reconocer que sí lo hicieron
José Blanco y Pérez Rubalcaba, quienes
también hablaron con Rafael Vera
el día 11, que les comunicó que todo parecía
indicar al terrorismo islamista. Y como
también tuvo que reconocer Zapatero forzado
por Zaplana que habló con directores de
medios de comunicación para comentar, entre
otras cosas, la posibilidad de la existencia
de un suicida entre las víctimas de la masacre.
Tres posibles aciertos para Zaplana, que
consiguió descolocar en cierta medida a
Zapatero. Pero, en general, el presidente
machacó al popular con suma contundencia.
Quedan muchas lagunas por explicar, pero
después de la intervención de Zapatero han
cobrado aún más fuerza las versiones que
más han arraigado en el tejido social, pero
que, obviamente, son radicalmente distintas
a lo que dijo Aznar una semana antes: que
no hay "montañas ni desiertos" detrás
del 11-M, sino todo obra del islamismo radical;
que no hay conexión con ETA ni de ésta con
la trama de explosivos asturiana; que la
guerra contra Irak aumentó el riesgo de
un atentado islamista en España; que "no
es políticamente entendible que se vaya
a una guerra [Irak] a combatir el terrorismo
internacional cuando se sabía que allí no
había terrorismo internacional"; que
el Gobierno de Aznar no dijo la verdad a
la ciudadanía entre el 11 y el 14 de marzo,
porque desde que se descubrió la furgoneta
de Alcalá de Henares "sólo hubo una línea
de investigación que apuntaba al terrorismo
islamista" y "ningún indicio llevaba
a ETA"; que "no escucharon a la ciudadanía
durante la guerra de Irak y después la ciudadanía
dejó de escucharles a ustedes, dejó de confiar
en ustedes", o que el PSOE no tuvo que
ver con las movilizaciones del 13-M, sino
que fueron espontáneas.
Volver
|
|
|