| Tres
votos para el cambio |
Pasaban tres minutos de las cinco de la
tarde cuando Arnaldo Otegi despejaba la
incógnita que flotaba en la política vasca
desde que Sozialista Abertzaleak facilitara
con su abstención en comisión la remisión
del Plan Ibarretxe al pleno del Parlamento
Vasco. El portavoz independentista anunciaba
a las 17.03 que tres de los seis parlamentarios
de su grupo apoyarían la iniciativa del
tripartito (PNV-EA-EB), con lo que el lehendakari
tenía asegurada desde ese momento la mayoría
absoluta necesaria (39 de los 74 votos posibles)
para ver aprobado su plan.
Carlos Dondra/Diariocrítico (Vitoria)
El anuncio de Otegi, en una
muestra más de la capacidad de la izquierda
abertzale de centralizar la atención política
y mediática, suscitaba caras de sorpresa
y un gran revuelo que obligaba al presidente
de la Cámara, Juan María Atutxa,
a pedir silencio a los presentes. El presidente
del EBB del PNV, Josu Jon Imaz, abandonaba
casi de inmediato su butaca en la tribuna
de invitados y confesaba en los pasillos
a Diario Crítico.com que "las
cosas aún pueden cambiar mucho", y apuntaba
la posibilidad, que luego no se ha hecho
realidad, que PP y PSE apoyaran la enmienda
de totalidad de SA para forzar la devolución
del proyecto del Gobierno. "Yo, como
Santo Tomás, ver para creer", confesaba
un Imaz todavía sorprendido.
El apoyo parcial de SA a la iniciativa de
Ibarretxe, y la consiguiente aprobación
de la misma, pone de manifiesto que la mayoría
de la sociedad de Álava, Vizcaya y Guipúzcoa,
representada en la Cámara de Vitoria-Gasteiz,
respalda la puesta en marcha de un proceso,
irreversible según el lehendakari, para
la superación del marco autonómico vigente
en la Comunidad Autónoma del País Vasco.
En esta línea justifica su decisión Sozialista
Abertzaleak, que aclaraba por boca de Otegi
que sus tres votos afirmativos son un sí
a la autodeterminación y a la consulta popular
prometida por Ibarretxe. Por el contrario,
no suponen un cheque en blanco para el PNV,
al que también Otegi advertía de que tendrá
enfrente a la izquierda abertzale si trata
de gestionar esta mayoría absoluta para
sacar adelante su proyecto de Estatuto Político.
Es decir, mayoría absoluta para profundizar
en un proceso que lleve a la superación
del conflicto político y armado, pero minoría
del tripartito "para trapichear con Madrid
un nuevo estatuto", según las palabras
del portavoz de SA.
La aprobación del Plan Ibarretxe da un vuelco
a la política vasca y obliga al PNV a cambiar
sus líneas estratégicas de cara a las elecciones
de mayo, que ya no serán un plebiscito en
torno al proyecto del lehendakari. Al filo
de las 19.30 la votación definitiva venía
a confirmar el anuncio de Otegi y el Plan
quedaba aprobado, listo para su remisión
a las Cortes Generales, con 39 votos a favor.
Era la culminación de un debate que había
comenzado mucho antes, antes incluso de
las 9.30, hora de inicio de la sesión. En
los aledaños del Parlamento Vasco miembros
de Nuevas Generaciones repartían billetes
de "sabinos", la moneda imaginaria
de un no menos imaginario "Estado libre
asociado"; las Juventudes Socialistas,
en cambio, repartían "flanes Ibarretxe",
dando un toque de humor al día, "una
fecha que recordarán nuestros hijos",
según el portavoz del PNV, Joseba Egibar.
Quizá porque "éste es el debate más importante
de los últimos 25 años" en opinión de
otra diputada peneuvista, Atutxa salió a
recibir a la puerta principal al lehendakari,
un detalle protocolario reservado para las
grandes ocasiones.
Prueba de que la jornada no era una más,
Ibarretxe también ha tenido el apoyo de
su familia en una tribuna de invitados más
llena que nunca. Su esposa, su hija mayor
y, por primera vez, su padre no han querido
perderse el debate, como tampoco el delegado
del Gobierno en el País Vasco, Paulino Luesma,
flanqueado por buena parte del día por el
ex lehendakari Ardanza y el diputado general
de Guipúzcoa, también del PNV, Joxe Joan
González de Txabarri.
La alianza electoral PNV-EA también ha tenido
su reflejo a lo largo del día. Josu Jon
Imaz y Begoña Errazti, codo con codo,
han sido casi inseparables en la tribuna,
si bien el presidente del PNV también ha
tenido ocasión de compartir asiento con
su homóloga del PP, María San Gil.
La conversación, eso sí, escasa.
El debate, hasta el anuncio de Arnaldo Otegi,
ha seguido los cauces previstos, con intervenciones
que no hacían sino confirmar argumentos
de sobra conocidos, lo que ha convertido
la cafetería del Parlamento en un lugar
de encuentro recurrente, visto que nadie
se salía del guión. Pocos contemplaban otra
posibilidad que no fuera el rechazo del
Plan, aunque en los pasillos algunos temían
una sorpresa más en una semana de sobresaltos
y en la que todavía resuena la polémica
aprobación presupuestaria del pasado martes.
Incluso corrió el rumor, totalmente infundado,
de que podría aparecer el parlamentario
huído de SA Josu Urrutikoetxea. Como
es lógico, no ha hecho acto de presencia.
Física al menos, porque sus palabras sí
estuvieron presentes cuando Otegi leyó una
carta suya instando a avanzar hacia la superación
del conflicto.
Un debate en el que no han faltado las alusiones
a Cataluña, ni al anuncio que en su día
hizo Rodríguez Zapatero de que respetará
la decisión que pueda tomar el Parlamento
catalán respecto a la reforma del Estatut.
Los grupos del tripartito han situado la
pelota en el tejado del Gobierno del PSOE,
al que reclaman idéntico respeto a las decisiones
de la Cámara vasca. Tanto que hasta Rafa
Larreina, de EA, ha confundido por un
instante al popular Leopoldo Barreda
con el presidente español, lo que ha provocado
las risas de los presentes. El que difícilmente
se equivocará será Ibarretxe, que ya ha
anunciado su intención de hablar en las
próximas horas con Zapatero para comunicarle
la decisión mayoritaria del Parlamento Vasco
y para solicitarle la apertura de un proceso
de negociación.
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