El Papa expresa su preocupación por el laicismo, el Plan Ibarretxe y el Hidrológico

El Papa ha levantado una auténtica tormenta con la carta que ha dirigido a la Iglesia española. En ella, Juan Pablo II denuncia la tendencia "laicista" del Gobierno de Zapatero, la progresiva ignorancia de la tradición cristiana e incluso se ha metido en política. Ordena a los obispos que luchen por la unidad de España y hasta critica el Plan Hidrológico del Ejecutivo socialista.

Diariocrítico/Agencias

No ha dejado títere sin cabeza en sus críticas a la política social del Gobierno socialista. Por criticar, el Papa ha condenado hasta incluso el Plan Hidrológico Nacional. Asegura que dicho plan está llevando a la confrontación social por un recurso natural, "que es un bien común que no se puede despilfarrar ni olvidar el deber solidario de compartir su uso".

El Santo Padre se detuvo en su mensaje a Rouco Varela en la cuestión de la "unidad" de España, afirmando que "la diversidad de pueblos, con sus culturas y tradiciones, lejos de amenazar esta unidad, ha de enriquecerla desde su fe común". "Y vosotros, en cuanto sucesores de los Apóstoles, tenéis que esforzaros en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz", indicó a los obispos españoles.

Juan Pablo II expresó su preocupación por la difusión en España en el ámbito social de "una mentalidad inspirada en el laicismo" en su mensaje al presidente de la Conferencia Episcopal, Antonio Rouco Varela, en el marco de las visitas 'Ad limina' que los obispos españoles están realizando en estos días.

Según el mensaje del Papa, este laicismo se está convirtiendo en una ideología, que en España "lleva gradualmente, de forma más o menos consciente, a la restricción de la libertad religiosa hasta promover un desprecio o ignorancia de lo religioso, relegando la fe a la esfera de lo privado y oponiéndose a su expresión pública".

"Esto no forma parte de la tradición española más noble, pues la impronta que la fe católica ha dejado en la vida y la cultura de los españoles es muy profunda para que se ceda a la tentación de silenciarla. Un recto concepto de libertad religiosa no es compatible con esa ideología, que a veces se presenta como la única voz de la racionalidad. No se puede cercenar la libertad religiosa sin privar al hombre de algo fundamental", continuó el Santo Padre.

El Pontífice también hizo hincapié en la necesidad de la educación religiosa en los colegios, uno de los puntos de ruptura entre el Gobierno español y la Conferencia Episcopal. "La juventud tiene derecho, desde el inicio de su proceso formativo, a ser educada en la fe. La educación integral de los más jóvenes no puede prescindir de la enseñanza religiosa también en la escuela, cuando lo pidan los padres, con una valoración académica acorde con su importancia".

"Los poderes públicos, por su parte, tienen el deber de garantizar este derecho de los padres y asegurar las condiciones reales de su efectivo ejercicio, como está recogido en los Acuerdos Parciales entre España y la Santa Sede de 1979, actualmente en vigor", añadió.

Asimismo, el Papa mostró su preocupación ante "las nuevas generaciones de españoles, influenciadas por la indiferencia religiosa, la ignorancia de la tradición cristiana con su rico patrimonio espiritual, y expuestas a la tentación de un permisivismo moral".


Retos y dificultades

Por otra parte, Juan Pablo II se hizo eco de los informes quinquenales presentados por los obispos y donde "se evidencian la preocupación por la vitalidad de la Iglesia y los retos y dificultades a afrontar".

Según las palabras del Papa, en Aragón, Asturias, Castilla-La Mancha, Castilla-León, Madrid, Navarra y el País Vasco -las comunidades a las que pertenecen los obispos que han sido recibidos-, "han cambiado muchas cosas en el ámbito social, económico y también religioso, dando paso a veces la indiferencia religiosa y a un cierto relativismo moral, que influyen en la práctica cristiana y que afecta consiguientemente a las estructuras sociales mismas".

A continuación el Papa pasó a analizar la situación económica y social de algunas regiones donde "en algunas zonas se vive en la abundancia mientras otras tienen graves carencias". "En ocasiones, lo que fueron fuentes de riqueza en tiempos anteriores ­por ejemplo, la producción minera y siderúrgica, la construcción naval, diversas empresas- sufren un cierto declive ante el cual hace falta mantener la esperanza", añadió el papa.


Volver