Ibarretxe hace del victimismo el eje del doble fracaso de su plan escisionista


Juan José Ibarretxe no concitó expectación -todo el mundo sabía lo que iba a decir-, pero sí respeto: un silencio absoluto de sus señorías, como pocas veces se ha visto en el hemiciclo, acompañó la intervención del lehendakari vasco defendiendo ante el Pleno del Congreso de los Diputados su Plan "de libre asociación" entre Euskadi y el Estado español. No ha habido novedades en su intervención, ni tampoco claves ocultas ni elevados razonamientos políticos y jurídicos; quizá porque no era ni el lugar ni el hombre adecuado para ello. Moderado en el tono y en las formas, Ibarretxe acudió finalmente al victimismo como su gran recurso dialéctico ante lo que sabía que es el rechazo democrático de las Cortes a su Plan. Así las cosas, y pesando sobre el rechazo del Constitucional a sus tesis, se decidió por la moderación en las formas, por palabras tiernas sobre "brazos tendidos", pero de hechos consumados, y con un trasfondo tan amenazador que hace prever los peores augurios para el conjunto nacional.

Manuel Ángel Menéndez (Madrid)

El lehendakari vasco llegó a Madrid poco antes de la hora de inicio del Pleno, fijada para las cuatro de la tarde. Llegó en coche desde Vitoria y almorzó por el camino. No pudo iniciar el viaje unas horas antes por tareas propias de su cargo y no se reunió, por tanto, con los diputados nacionales y autonómicos del PNV que almorzaron fraternalmente en el Hotel Palace, próximo al Congreso.

La representación vasca llegaba a Madrid con una buena dosis de pesimismo debido al fallo del Tribunal Constitucional rechazando los recursos planteados por los nacionalistas y pro IU contra la forma en que el Congreso iba a 'despachar' el Plan de Ibarretxe. Tal acontecimiento jurídico se reflejó, naturalmente, en el discurso del lehendakari, que, aunque ya redactado con suficiente anterioridad y medido hasta en el último segundo -su intervención inicial ante el Pleno duró exactamente 30 minutos, el tiempo fijado para explicar su Plan- se desarrolló con un extraordinario tono de victimismo, pero conteniendo algunas afirmaciones terribles, como la velada amenaza ante el plenario de que convocará un referéndum en el País Vasco aunque no tenga validez jurídica.

Para animar al lehendakari se concentraron en la Tribuna de Invitados no sólo parlamentarios autonómicos del PNV y de EA, como el vicepresidente del Parlamento vasco, Gorka Knörr, además del propio presidente, Juan María Atutxa, sino senadores como Iñaki Anasagasti. Además, y en un gesto de distinción o de 'solidaridad nacionalista', se sentaron juntos los líderes de las tres formaciones que apoyan el plan secesionista de Ibarretxe: Josep Lluís Carod-Rovira, de ERC, Begoña Errazti, de EA, y Josu Jon Imaz, del PNV. Los invitados, al igual que los diputados, expresaron su máximo respeto con su silencio y ausencia de gestos al lehendakari durante toda su intervención, en la que sólo fue aplaudido por los suyos. Al propio Ibarretxe se le colocó en el lateral derecho del hemiciclo, en el escaño que habitualmente ocupa Soraya Sáenz de Santamaría, responsable de Política Autonómica del PP, justo encima de una de las tribunas desde las cuales trabajan los fotógrafos dentro del hemiciclo.

Entrando ya directamente en la intervención inicial del lehendakari -que saludó primero en euskera y luego en castellano-, Ibarretxe no expresó nada nuevo que no haya dicho hasta ahora. Una intervención que inició con su "he venido a defender el derecho del pueblo vasco a defender su futuro" y en la que se incluyeron todos los tópicos ya repetidos desde septiembre de 2003, cuando presentó en el Parlamento autónomo su propuesta soberanista. En realidad, Ibarretxe, conocedor de que su plan iba a ser rechazado por más de trescientos diputados que representaban a más de veinte millones de votos, venía realmente a Madrid a quejarse, a reclamar supuestos derechos históricos perdidos hace más de dos siglos aunque luego recuperados y reivindicar para 'los vascos y las vascas' el 'corralito' que menos de la mitad de la población -el 48 % actual, según el propio lehendakari- quiere montarse en frente de la otra mitad de la sociedad vasca.

He aquí algunas de las claves del discurso de Ibarretxe, denominadas por el propio lehendakari como 'mensajes' a las Cortes Generales:

Primero, que no quiere la ruptura total con España:"No vengo a hablar de pasado, sino de futuro (.) apostamos por un futuro que dice sí al pacto con España (.) ¿Por qué tienen miedo, por qué tenemos miedo a que se abra un proceso negociador?".

Segundo, que el pueblo vasco es mayor de edad y quiere decidir por sí mismo: "El autogobierno ha sido y es en Euskadi sinónimo de bienestar (.) No van ustedes [por Zapatero y Rajoy] a sustituir la voluntad de los vascos [y las vascas] (.) Somos los vascos los que decidiremos nuestro futuro".

Tercero, que es "una propuesta para convivir, no para romper": "Hoy ni siquiera tus hijos viven contigo si no comparten tu proyecto".

Cuarto, especial interés en que su propuesta es "legal" [cumple los requisitos], legítima [la formula quien puede hacerlo] y "democrática" [la apoya, al menos, la mitad más uno del Parlamento vasco].

Quinto 'mensaje', que estamos en un momento histórico para resolver un problema secular: "La propuesta no es un problema, es una oportunidad".

Unos mensajes que Ibarretxe dijo lanzar para el optimismo, contra el pacto Zapatero-Rajoy (es decir, el 80 % del Parlamento español), a la Unión Europea, a la sociedad española en su conjunto y a los vascos específicamente.

Al lehendakari le sobraron, por tanto, argumentos personalistas, oportunistas y victimistas, y en su discurso hubo tremendas carencias y tratamientos oportunistas. Habló mucho de la 'legitimidad' de la propuesta, ya que al menos la mayoría del Parlamento vasco la aprobó, pero quitó legitimidad al hecho de que más del 80 % de las Cortes Generales la rechace, algo que desde el PNV se ha insistido que es 'inconstitucional' porque no se abre un proceso de diálogo.

En cualquier caso, tras la intervención de Ibarretxe ha quedado claro que un sector nacionalista no está dispuesto a aceptar de ninguna de las maneras lo que salga del Parlamento nacional: "El camino no tiene vuelta atrás", ha advertido el lehendakari, y ese no tener vuelta atrás se va a sustanciar con una consulta a la sociedad vasca -"que yo espero, además, que sea jurídicamente válida"- que hoy por hoy sería ilegal. La pelota pasaría entonces al Gobierno 'español'.

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