La buena fe de Zapatero


"Yo acepto su buena fe, espero que acepte usted la mía". Con esta frase Zapatero concluyó su intervención que respondía a la inicial del lehendakari Ibarretxe presentando su plan en una histórica sesión del Congreso de los Diputados. La clave de la intervención, mesurada pero firme, del presidente del gobierno estuvo en la frases finales: "Me opongo a una propuesta que no es de todos ni para todos. Este 'no' es un 'sí' a una realidad nueva, mas integradora".

Fernando JÁUREGUI (Madrid)

Este fue el tono de un Zapatero que se movió en el terreno de los grandes principios y con la mesura de que no quería dar un portazo ni ofender al visitante, es decir, a Ibarretxe, indudable protagonista de la jornada. "Las aspiraciones vascas a las mas altas cotas de autogobierno son posibles. Y vamos a hacerlo juntos. Que todos y todas las libertades convivan". Este fue el papel que para sí mismo propuso en un discurso importante el presidente Zapatero. Vino a dar a entender que los cambios son posibles, pero no de la manera como Ibarretxe lo propone y fuera del conjunto de España. No hay necesidad, dijo el presidente, de conflictos y de fronteras: "Eso es posible ahora en Europa, donde se resuelven los conflictos nacionales antes irresolubles".

Sin embargo, Zapatero no profundizó mas en esta propuesta, mas bien una sugerencia, de integración y solución del conflicto vasco dentro de Europa. Cosa que, por cierto, le reprochó luego veladamente Mariano Rajoy, quien insistió en que lo que hay que hacer es cumplir la legalidad actual. Pero, frente al pasado de conflicto histórico vasco invocado por Ibarretxe y al presente de la legalidad invocado por Mariano Rajoy, Zapatero propuso pensar en 2007, "año de la primera Constitución Europea", es decir, pensar en el futuro. Eso sí, no lo especificó mas, dijo que la votación de este pleno cierra el debate, pero no lo resuelve: "Asistimos al nacimiento de un proyecto nuevo para Europa y para Euskadi, consistente en respetar las aspiraciones nacionales dentro de un gran proyecto de convivencia, en una España orgullosa de su pluralidad".

Lo dicho: Zapatero se movió, de nuevo, en el terreno de las buenas y bellas palabras, pronunciadas en un tono firme y seguro. Y hasta aquí, solamente hasta aquí podemos opinar. Lo demás es incógnita de futuro.

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