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Alrededor de un millón de personas habrá visitado
los restos mortales del papa Juan Pablo II en la basílica
de San Pedro desde el lunes hasta el final de la jornada
del martes, anunció el Vaticano basándose en estimaciones
oficiales. La Santa Sede señaló que según los datos
que obtuvo del ayuntamiento de Roma, de la policía
y de los servicios de protección civil, la afluencia
fue de 400.000 personas el lunes y será de 600.OOO
al final del martes. La media de espera de
las colas para acceder al interior de la Basílica
y así poder dar la última despedida
al Pontífice alcanza las cuatro horas
05/04/2005
Diariocrítico/Agencias/Ciudad del Vaticano
Las
previsiones del Vaticano para este miércoles son de
otras 600.000 personas. Cada peregrino espera entre
diez y doce horas para despedirse durante breves segundos
del Papa. Decenas de miles de fieles, en su mayoría
jóvenes, esperaban pacientemente y en un ambiente
fraternal y festivo-religioso en una interminable
cola en esta fresca jornada primaveral para poder
rendir un último homenaje al único Papa que la mayoría
de ellos ha conocido en toda su vida.
Los restos mortales de Juan Pablo II, que falleció
el sábado, estarán expuestos en la basílica de San
Pedro hasta el jueves por la noche, tras lo cual se
llevarán a cabo los preparativos para el funeral previsto
para la mañana del viernes. Entre dos y cuatro millones
de personas de todos los orígenes así como numerosos
jefes de Estado y de Gobierno y otras personalidades,
son esperadas en Roma para los funerales más multitudinarios
de la historia.
En la misa, oficiada por el decano del colegio cardenalicio,
el alemán Joseph Ratzinger, participarán todos
los cardenales y los patriarcas de las Iglesias orientales
(vinculadas al Vaticano). Luego, Karol Wojtyla
será enterrado en la cripta, como manda la tradición,
y no en Polonia como hubieran querido muchos de sus
compatriotas, al no haber dejado "ninguna voluntad"
en otro sentido.
Posiblemente ocupe el emplazamiento que quedó vacante
tras el traslado de la tumba de Juan XXIII por su
beatificación. El fallecido Papa, el mayor fabricante
de beatos de la historia y a quien ya se venera como
un santo, podría seguir rápidamente el mismo camino
y establecer un nuevo récord de canonización.
En todo el mundo, empiezan a salir a la luz los anuncios
de los milagros que realizó Juan Pablo II en sus 104
viajes pastorales en casi 27 años de pontificado.
Como los peregrinos, cardenales del mundo entero siguen
llegando al Vaticano para participar en las reuniones
de la congregación cardenalicia.
Las autoridades italianas han puesto en marcha un
imponente dispositivo de seguridad que incluye 6.500
militares y policías y el cierre del espacio aéreo
el día de los funerales de Estado, para recibir a
la avalancha de peregrinos y a los numerosos jefes
de Estado y de gobierno que ya han empezado.
Auténtico río de personas
Los alrededores de la plaza de San Pedro se han convertido
en un verdadero hormiguero humano. Fieles, peregrinos
llegados desde todas las partes de Italia y del mundo,
religiosos y romanos invaden todos los accesos que
llegan a la Plaza de San Pedro desde todos los puntos
de la ciudad, gracias a que todas las calles han sido
cortadas para facilitar la afluencia.
La Vía de la Conciliazione y la paralela Vía de Borgo
San Angelo se han convertido en un auténtico río de
personas que serpentea por una distancia de más de
un kilómetro hasta llegar a las dos puertas por donde
se puede acceder a la Basílica. Las fuerzas del orden
indican con paciencia a los fieles que la espera puede
llegar de las cinco a las seis horas, a pesar de que
cada hora pasan ante los restos de Juan Pablo II una
media de 15.000-18.000 personas, que se pueden detener
únicamente algunos segundos, el tiempo justo para
persignarse o inclinarse ante el catafalco con los
restos del Papa.
El espacio se encuentra vigilado por la Guardia suiza,
mientras que personal de seguridad les invita a abandonar
con rapidez el templo. Muchos de ellos llevan cámaras
de vídeo y fotográficas para inmortalizar el momento,
algo que parecía imposible en otros tiempos pero no
extraño ante un Papa que hizo de los medios de comunicación
y la tecnología su instrumento para lanzar su evangelio.
Llegando desde el puente de Victor Manuel II, que
cruza el río Tiber, se puede observar a la derecha
--bajo la sombra del Castel Sant'Angelo, junto al
monumento funerario romano y residencia y refugio
papal después-- una explanada inmensa de antenas parabólicas
y caravanas de las televisiones de todo el mundo,
que transmiten todo lo que sucede.
En la Plaza de San Pedro ya se ha colocado una enorme
instalación, junto al columnado a la izquierda de
la Basílica, para que las televisiones puedan retransmitir
los funerales por el Papa Juan Pablo II, que como
se ha informado hoy durarán tres horas, mientras que
la ceremonia de la inhumación será de media hora.
Entrando en Via de la Conciliazione, la gran avenida
que une el Estado italiano con el Estado Vaticano,
se comienza a oír a todo volumen la música, coros
y salmos que son emitidos sin cesar por las altavoces
colocados en varios puntos de la calle y que están
acompañados por cuatro grandes pantallas, que muestran
también de forma continua imágenes de Karol Woytjla
durante su pontificado, intercaladas con la transmisión
de lo que ocurre en la Basílica.
Incluso en algunas ocasiones se interrumpen las lecturas
e imágenes religiosas para dar informaciones de servicio,
como el horario de cierre de la Basílica o noticias
como los resultados de las elecciones regionales de
ayer.
Jóvenes
Acompañados de los coros, la fila compuesta por decenas
de miles de personas se mueve lentamente hacia San
Pedro. La cola está formada por ancianos, extranjeros,
madres con sus hijos pequeños pero sobre todo por
jóvenes, grupos numerosísimos pertenecientes a colegios,
parroquias, movimientos religiosos e incluso boys-scout.
Son sobre todo los jóvenes los que a pesar de que
van a dar su último adiós al Papa, dan un toque de
color y de esperanza a San Pedro con sus banderas
de decenas de nacionalidades, estandartes y pancartas
en las que sobre todo se leen en todos los idiomas,
mensajes de agradecimiento a Juan Pablo II y sobre
todo la frase: "Nos has llamado. Aquí estamos".
Las delegaciones más numerosas, aparte de la italiana,
son las de peregrinos polacos y españoles, sobre todo
bien visibles por las numerosas banderas nacionales
que llevan consigo. Los españoles que guardan fila
han venido en grupos o en familias, incluso trayendo
a los más pequeños de la casa, a los que pasean en
cochecito. Los más jóvenes elegirán el área de TorVergata,
donde se han instalado tiendas de campaña con camas,
aseos y duchas, mientras que las familias han reservado
hoteles.
Por el momento, el único área que ha sido creado para
los peregrinos es TorVergata, ya que muchos de los
fieles que se acercan a ver al Papa parten inmediatamente
después a sus casa o países. Muchos llegan en autobuses
o trenes que reparten horas más tarde. Las fuerzas
del orden permiten que salten la fila y accedan a
la Basílica por un pasillo lateral a los más ancianos
o aquellos que llegan con niños pequeños y que no
podrán aguantar tantas horas de pie y bajo el sol.
Pero también han tenido este privilegio algunas autoridades
italianas y, por ejemplo, los jugadores del equipo
de fútbol del Lazio, que junto a su presidente Claudio
Lotito han acudido este martes a dar su personal
adiós al Papa.
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